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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

LA DISCIPLINA EN LA EDUCACIÓN

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Uno de los significados de la palabra disciplina es la de instrumento que sirve para azotar. Lamentablemente, éste es el significado que prevaleció en gran parte de la historia de la educación. Todo parece indicar que, a medida que avanza el proceso de institucionalización de la enseñanza ésta se identifica más con una operación de castigo o, si se quiere, de represión. 

El autor Foucault señala, que la disciplina en el siglo XVIII se orientó principalmente a conseguir la humildad de los cuerpos. Esta educación represiva era habitual en los colegios desde los primeros años. Por fortuna, parece que se ha suprimido por completo. En la actualidad, los castigos corporales se han suprimido en el ámbito escolar. Para algunos especialistas ciertas formas de castigo, siempre con carácter extraordinario y educativo, pueden ser eficaces para inhibir o suscitar conductas. Entre los aspectos negativos, hay que tener en cuenta que a veces se prestan a múltiples abusos. 

Algunas investigaciones ponen de manifiesto que los castigos, más que eliminar un comportamiento, lo ocultan. Además, pueden tener efectos colaterales muy perjudiciales y no deseados. 

Hay una amplia gama de sanciones, cuyas repercusiones dependen de aspectos tan variados como: tipo de punición, intensidad, duración, tiempo que tarda en aplicarse desde la aparición de la acción que se desea eliminar, experiencia anterior y percepción de la persona en relación a dicho castigo, propósito de quien lo administra, entre otros. En general, en el ámbito escolar personalizado es preferible fortalecer las conductas adecuadas que castigar las inapropiadas. 

También resulta conveniente que el estudiante tenga un buen modelo de aprendizaje y, por supuesto, se debe favorecer la reflexión y la comunicación como vías para conocer el motivo y el alcance de la falta, al tiempo que se orienta al educando sobre cuál ha de ser la acción correcta. 

Evidentemente, la disciplina es necesaria, en modo alguno ha de apoyarse en el miedo del educando. Por disciplina entendemos el conjunto de estrategias que se establecen en el aula de clases para el adecuado funcionamiento del grupo. Se pretende que los estudiantes, a través de las normas y convenientemente dirigidos por el profesor, alcancen los objetivos de formación previstos. 

El autor Plaza, tras estudiar diversos trabajos, estima que las diversas concepciones sobre la disciplina se pueden agrupar en varias categorías, según se acentúen unos aspectos u otros: 

  1. La disciplina como vínculo de necesidades individuales y sociales. 
  2. La disciplina como fenómeno dependiente de factores sociales, económicos e ideológicos. 
  3. La disciplina como medio para lograr otros fines educativos y sociales.
  4. La disciplina como gestión y control del aula. 
  5. La disciplina como autogobierno y autocontrol. 
  6. La disciplina como elemento posibilitador del proceso de enseñanza-aprendizaje. 
  7. La disciplina como equilibrio de poder y autoridad.
  8. La disciplina como proceso socializador. 

En síntesis, podemos decir que la disciplina no se debe confundir con el autoritarismo, aunque tampoco hay que caer en la permisividad. Si las normas se quebrantan reiteradamente la actividad educativa se torna fantasía. Por esta razón, la solución de la indisciplina ha de basarse en el análisis exhaustivo de la situación, en la reflexión, el diálogo y en técnicas que capaciten a los estudiantes para autocontrolarse y responsabilizarse de su conducta. 

El modelo de disciplina del desarrollo personal y social es el más apropiado desde el punto de vista pedagógico, pues se brinda ayuda al educando para que recapacite y se le muestra la relación entre el comportamiento y sus consecuencias.


LA INDISCIPLINA EN EL AULA DE CLASES

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La indisciplina es uno de los mayores retos a los que los docentes enfrentan diariamente cuando lleva a cabo su labor. Cuando el docente se siente preparado para impartir su clase, parece ser malo el resultado en los estudiantes. La indisciplina en el aula parece ser la mayor causante de este efecto contrario a toda lógica que, además de los malos resultados académicos, trae consigo otras consecuencias desfavorables tales como el estrés, la pérdida de la vocación docente, depresión, entre otros. 

Pero, ¿Qué es la indisciplina? Esencialmente, es una desorganización de la conducta. Existen dos tipos principales: activa y pasiva. 
  1. El mal comportamiento activo es aquel que conlleva interrupciones verbales, distracción de los compañeros, moverse de un lado a otro en el aula sin cesar, dirigirse al docente o a los compañeros de manera irrespetuosa, e incluso puede derivar en agresiones físicas. 
  2. El pasivo es aquel que conlleva la falta de atención, soñar despierto, no realizar las tareas, o el denominado síndrome de “no hay deberes”. 

Regularmente, nos referimos a la indisciplina como al mal comportamiento activo porque es disruptivo. No obstante, solemos ignorar el pasivo pues no molesta, aunque los resultados son igualmente negativos. 

No existe una regla de oro, que ayude al docente a acabar con la indisciplina, sin embargo, se pueden encontrar cientos de ideas y de expertos que les pueden ayudar a la hora de decidir cómo actuar. De acuerdo con el autor Ogilvy , hay tres factores fundamentales: 
  1. Aquellos que afectan el comportamiento desde dentro del estudiante (se refiere al aprendizaje cognitivo). 
  2. Aquellos que afectan desde el hogar y la sociedad (un ambiente estable, un sistema de reglas y de control). 
  3. Aquellos que afectan desde el centro educativo (una enseñanza interesante y significativa, un control del aula positivo y efectivo, una política y una directiva de centro que apoye al docente). 

Es pertinente señalar que existen algunas ideas básicas de cómo los docentes pueden manejar la indisciplina. Para ello, se debe seguir los consejos del autor Cowley, que es un simple razonamiento común: 
  1. Tener determinación: “Sé lo que deseo”. 
  2. Estar alerta: “Sé qué pasará si no consigo lo que deseo”.
  3. Mantener la calma: “Siempre ser justo y amable contigo mismo”. 
  4. Dar estructura: “Sé hacia dónde nos dirigimos”. 
  5. Mantener el positivismo: “Lo estás haciendo bien”. 
  6. Mantener el interés: “Son personas además de estudiantes”. 
  7. Tener flexibilidad: “Sé cuándo doblarme antes que romperme”. 
  8. Ser persistente: “Me niego a abandonar”. 

En síntesis, podemos señalar que todos los aspectos de la comunicación positiva derivan de la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones. En otras palabras, el docente debe considerar las cinco aptitudes emocionales, clasificadas a su vez en dos grandes grupos: aptitud personal (autoconocimiento, autoregulación y motivación) y actitud social (empatía y habilidades sociales), para poder superar la indisciplina en el aula de clases.

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La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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