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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

EL LIDERAZGO Y LA DISCIPLINA EN EL AULA DE CLASES

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La disciplina es un tema alarmante para muchos docentes en la actualidad, es la disciplina que se debe verificar para determinar armonía en las aulas y centros educativos, pero, lo más interesante es que desconocen que la clave para la existencia de esa disciplina depende del liderazgo de ellos, sobre su grupo de estudiantes para mejorar esa conducta. Ser un líder implica, distinguir las inquietudes de los educandos y responder a las demandas de la sociedad para brindar un servicio educativo de calidad.

A continuación, le presentamos una lista de estrategias que como líder educativo usted podría poner en practicar en su aula de clases:

1. Establece objetivos de interés, motivadores y realistas para los estudiantes y participantes del proceso educativo.

2. Logra conocer a los estudiantes en el aula de clases, para lograr descubrir las razones que hay detrás de sus actos. 

3. Locus de control y autodirección. 

4. Pronosticar los probables problemas de control, decide las estrategias para su resolución y aplícalas con rapidez y de modo consecuente.

5. Mantener una buena predisposición hacia los estudiantes. 

6. Ayudar a los educandos a desarrollar un autoconcepto positivo, orientado hacia el éxito. 

7. Cambiar de actividades dentro del aula de clases, para evitar que los educandos caigan en el aburrimiento y la desmotivación. 

8. Haz el entorno del aula lo más agradable, animado y estimulante posible. 

9. Evitar intimidaciones innecesarias o poco prácticas. 

10. Establecer normas y procedimientos claros. 

11. Tratar de colocarse en el lugar del educando.

12. Autopresentación.

13. Puntualidad. 

14. Buena preparación de la clase. 

15. Insistir en la colaboración de toda la clase. 

16. Utilizar la palabra con expresividad, con tono agradable y que no produzca cansancio o tensión. 

17. Mantenerse alerta ante las incidencias de la clase. 

18. Estrategias claras y bien comprendidas para enfrentarse a situaciones de crisis. 

19. Distribución clara y equitativa de la atención del docente. 

20. Evitar comparaciones.

21. Hacer un buen uso de las preguntas. 

22. Garantizar oportunidades adecuadas de actividades prácticas.

23. Organizar las clases de forma eficaz.


LA CONDUCTA EN EL AULA DE CLASES

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La indisciplina en el aula de clases y la pérdida de autoridad sobre los estudiantes, son los mayores retos a los que los docentes nos desafiados diariamente cuando llevan a cabo la labor de enseñar. Es cuanto menos incomprensible que, cuando mejor preparado este el docente para impartir la clase, peor se cree ser el resultado del comportamiento de los estudiantes. La indisciplina en el aula se considera el mayor causante de este efecto contrario a toda lógica que, además de los malos resultados académicos, trae consigo entre otras consecuencias adversas tales como el estrés, la pérdida de la vocación docente, depresión, entre otros. 

Básicamente, la indisciplina es un desorden de la conducta y existen dos tipos principales: activa y pasiva:

  1. El mal comportamiento activo, es aquel que conlleva interrupciones verbales, distracción de los compañeros, moverse de un lado a otro en el aula sin cesar, dirigirse al docente o a los compañeros de manera irrespetuosa, e incluso puede derivar en agresiones físicas. 
  2. El pasivo es aquel que conlleva la falta de atención, soñar despierto, no realizar las asignaciones, o el denominado síndrome de “no hay deberes”. 

Normalmente, los docentes se refieren a la indisciplina como al mal comportamiento activo porque es disruptivo. Sin embargo, ignora el pasivo ya que no molesta, aunque los resultados son igualmente negativos. No existe una regla, que les ayude a acabar con la indisciplina, sin embargo, pueden encontrar cientos de ideas y de expertos que faciliten el cómo actuar.

La labor docente, consiste en seguir buscando ayuda y aplicar lo que por sentido común mejora los resultados, según la situación particular que estemos viviendo.

De acuerdo con el autor Ogilvy, existen tres elementos fundamentales: 
  1. Los que afectan el comportamiento desde dentro del estudiante (se refiere al aprendizaje cognitivo). 
  2. Los que afectan desde el hogar y la sociedad (un ambiente estable, un sistema de reglas y de control). 
  3. Los que afectan desde el centro educativo (una enseñanza interesante y significativa, un control del aula positivo y efectivo, una política y una directiva de centro que apoye al docente). 

Es responsabilidad de los docentes, reflexionar sobre la actividad diaria en el aula. Es fácil, que incluso los buenos estudiantes tengan un mal comportamiento si la lección es aburrida. Por ello, se debe preparar eficazmente las clases, nombraremos algunos breves consejos que parten del sentido común: 
  1. La dimensión de las instrucciones debe estar bien estructurado para mantener a los estudiantes atentos. 
  2. Es importante proporcionar guías de estudios, de lo que van a hacer y por qué. 
  3. También es conveniente que las asignaciones no sean extensas para que todos puedan realizarlas sin perder la concentración. 
  4. Usar gran variedad de quehaceres, para que puedan servirles a mantener la atención de todo tipo de estudiantes.
  5. Al concluir de la clase, debe dar a conocer cuánto han conseguido, para así crear una sensación positiva de logro. 
  6. El contenido de las lecciones ha de ser lo más atractivo posible.
  7. Si se logra añadir algo de humor o algún tema que les interese directamente, será más fácil que se enganchen a la lección.
  8. Comunicar pasión por lo que se enseña, puede ser un gran estímulo para motivar al estudiante más reticente.
  9. Alguna breve pausa tras una dificultoso trabajo, o antes de volver a centrarse en otra actividad similar puede ser conveniente para mantener la atención.

LA INDISCIPLINA EN EL AULA DE CLASES

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La indisciplina es uno de los mayores retos a los que los docentes enfrentan diariamente cuando lleva a cabo su labor. Cuando el docente se siente preparado para impartir su clase, parece ser malo el resultado en los estudiantes. La indisciplina en el aula parece ser la mayor causante de este efecto contrario a toda lógica que, además de los malos resultados académicos, trae consigo otras consecuencias desfavorables tales como el estrés, la pérdida de la vocación docente, depresión, entre otros. 

Pero, ¿Qué es la indisciplina? Esencialmente, es una desorganización de la conducta. Existen dos tipos principales: activa y pasiva. 
  1. El mal comportamiento activo es aquel que conlleva interrupciones verbales, distracción de los compañeros, moverse de un lado a otro en el aula sin cesar, dirigirse al docente o a los compañeros de manera irrespetuosa, e incluso puede derivar en agresiones físicas. 
  2. El pasivo es aquel que conlleva la falta de atención, soñar despierto, no realizar las tareas, o el denominado síndrome de “no hay deberes”. 

Regularmente, nos referimos a la indisciplina como al mal comportamiento activo porque es disruptivo. No obstante, solemos ignorar el pasivo pues no molesta, aunque los resultados son igualmente negativos. 

No existe una regla de oro, que ayude al docente a acabar con la indisciplina, sin embargo, se pueden encontrar cientos de ideas y de expertos que les pueden ayudar a la hora de decidir cómo actuar. De acuerdo con el autor Ogilvy , hay tres factores fundamentales: 
  1. Aquellos que afectan el comportamiento desde dentro del estudiante (se refiere al aprendizaje cognitivo). 
  2. Aquellos que afectan desde el hogar y la sociedad (un ambiente estable, un sistema de reglas y de control). 
  3. Aquellos que afectan desde el centro educativo (una enseñanza interesante y significativa, un control del aula positivo y efectivo, una política y una directiva de centro que apoye al docente). 

Es pertinente señalar que existen algunas ideas básicas de cómo los docentes pueden manejar la indisciplina. Para ello, se debe seguir los consejos del autor Cowley, que es un simple razonamiento común: 
  1. Tener determinación: “Sé lo que deseo”. 
  2. Estar alerta: “Sé qué pasará si no consigo lo que deseo”.
  3. Mantener la calma: “Siempre ser justo y amable contigo mismo”. 
  4. Dar estructura: “Sé hacia dónde nos dirigimos”. 
  5. Mantener el positivismo: “Lo estás haciendo bien”. 
  6. Mantener el interés: “Son personas además de estudiantes”. 
  7. Tener flexibilidad: “Sé cuándo doblarme antes que romperme”. 
  8. Ser persistente: “Me niego a abandonar”. 

En síntesis, podemos señalar que todos los aspectos de la comunicación positiva derivan de la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones. En otras palabras, el docente debe considerar las cinco aptitudes emocionales, clasificadas a su vez en dos grandes grupos: aptitud personal (autoconocimiento, autoregulación y motivación) y actitud social (empatía y habilidades sociales), para poder superar la indisciplina en el aula de clases.

LOS DOCENTES VIAJEROS.

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Los sofistas fueron los genuinos docentes viajeros que iban de una ciudad a otra, tratando de interpretar la realidad educativa y social. Los sofistas se aseguraron un porvenir en el destino de los pueblos, divulgando experiencias ajenas, cuya base es la especulación. Pero esta divulgación permitió definir claramente el raciocinio, la libertad mental que necesitan el hombre y la mujer para alcanzar el desarrollo político y social de las sociedades griegas. 

Los sofistas, cuya comprensión se determinó en base a su sabiduría, emprendieron la búsqueda para hacer sabios a otros y, en este sentido, quedaba demostrado en carácter reproduccioncita de la educación. Tanta fue la orientación de los sofistas que lograron incidir en la sociedades griegas, que la convicción definida, se enmarcaba en la habilidad de persuadir con base a la palabra. Se trata pues, de una exigencia, en la que el “aprendizaje oratorio” se convierte en el método de culminación del acto de educar. Durante el siglo V, el conferenciante se exigía a sí mismo con la única intención que el lenguaje planteado tuviera eco en los discípulos. Naturalmente la cultura era el producto de aprendizaje y adquiría, desde esta óptica, la ambición política en la que el maestro caracterizaba su acción. 

En la preparación de los jóvenes, los sofistas se convirtieron en negociantes de la educación, ya que dicha preparación tenía alto costo y, por ende, determinaba la calidad de su enseñanza. Una de las premisas del desarrollo educacional de los sofistas consiste en “una actitud radical y crítica que no se detiene ante la autoridad de ninguna tradición, pretendiendo liberar a los hombres de todo prejuicio”. Este planteamiento es principal al momento de evidenciar que los sofistas y su Atenas coincidieron en ubicar a la tradición y la ilustración como premisas clave dentro su filosofía. La tradición es sinónimo de cultura y la ilustración consistía en examinar y criticar a la luz de la pura razón humana, los mitos, las creencias y sobre todo las instituciones políticas y sociales. La ilustración es, por tanto, el método de crítica, ubicando a la persona y la sociedad y sus diversos problemas como objetos de estudio y determinaciones en el acto de educar. La elocuencia y el humanismo son, en detalle, correlaciones en las que se evidencia el carácter educativo de los sofistas y, a partir de ellas concretaron el abordaje de la realidad. 

Los sofistas fueron un movimiento cultural especializado, más que en proporcionar filosofía en todas sus dimensiones, en un análisis de las sociedades griegas y, su recreación, estuvo ubicada en la relación entre individuo y Estado. Visiblemente, su principal objetivo era la venta de artículos educativos, en el que se expresa la propiedad privada, y el saber cómo elementos indisolubles. Sus principales representantes, Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontini; Hipias de Elis. 

Además, se puede identificar a los sofistas como los creadores de la educación liberal; tal fue la trayectoria obtenida que influyó en la concepción del mundo tal como es entendido en la actualidad por los países de Occidente. Generalmente, es cierto que esta concepción llegó a las especificaciones del currículo educativo de las disciplinas que más adelante se denominaron las siete artes liberales, divididas en el trivio (gramática, dialéctica y retórica) y el cuadrivio (aritmética, geometría, astronomía y música). 

En los grandes Sofistas como Hipias y el Ateniense Antifón esta contradicción dio como resultado la consideración de que todos los hombres son por naturaleza iguales: sólo por convención artificial se dividen en griegos y bárbaros, libres y esclavos, nobles y plebeyos. Esta forma de enmascarar la igualdad desencadenó el criterio del liberalismo, el cual, libera a las personas desde la óptica de la individualidad o del esfuerzo particular.


LA RELACIÓN DE LOS PADRES, LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA Y LOS DOCENTES.

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La educación es un paso muy largo que emprende su entregada por la familia y luego la institución educativa, y se requiere de ambas partes para conseguir un pleno desarrollo educativo y personal del estudiante.

Es por esta razón, que la institución educativa debe aceptar el valor de la participación y la colaboración de los padres en la educación de los estudiantes y la necesidad de una relación cordial entre docente y padres, para que los docentes puedan ejecutar su función de manera efectiva y completa.

La institución educativa debe tener la destreza de reunir a los padres mediante proyectos originales, atrayentes donde ellos se sientan parte de la educación escolar de sus hijos, y no verlos como un empieza y termina cuando tocan el timbre porque el estudiante es un ser que tiene vida fuera de la institución educativa por la que se ve muy influenciado; es por eso, que el institución educativa en su conjunto debe luchar por conseguir la integración de las familias y hacerlos participes de la educación de sus hijos; permitiéndoles elegir la educación que quieren para sus hijos y hacer este proceso tan complejo más efectivo y duradero.

La institución educativa y la familia han de compartir inquietudes, intercambiar informaciones y pensamientos sobre la educación, los hijos…Y deben ayudar a establecer compromisos y acuerdos sobre ciertas actuaciones hacia el estudiante. La familia tiene que aplicar los acuerdos tomados e intentar traspasar los conocimientos escolares a la vida diaria. Y la institución educativa debe alcanzar en cada estudiante los objetivos acordados o propuestos y traspasar, y aplicar los conocimientos familiares y cotidianos a la vida escolar de manera que se consiga esta interrelación y unión entre la educación formal y no formal y ese apoyo y eficacia esperada.

El punto de encuentro entre los docentes y los padres es evidente que son los estudiantes. Es por ello que se necesita entender la institución educativa en su conjunto, en su totalidad: como formador de personas sociables, cultas, activas y participativas en la sociedad.

La clave para generar este punto de encuentro entre docentes y padres es la de hacer ver la importancia de que la familia participe en la educación escolar de sus hijos y que sin dicha colaboración se está afectando de manera notable al desarrollo global del estudiante. La institución educativa debe estimular el interés de los padres en conocer el Proyecto Educativo de la institución educativa para entender los valores que prevalecen en la institución y como se lleva a cabo la práctica a lo largo de la vida diaria.

Para que este punto de encuentro sea real en la práctica es necesario movimientos por parte de la institución educativa, que debe ser capaz de conseguir relaciones de participación, cooperación y formación con respecto al estudiante y las familias. Y el movimiento por parte de los padres para percibir de manera global su influencia en los procesos de aprendizaje, en la transmisión de valores y en las relaciones humanas.

Numerosos autores destacan la importancia de que la educación e instrucción sean procesos de colaboración entre la institución educativa y las familias y además señalan gran cantidad de efectos positivos sobre los estudiantes, los padres, los docentes, la institución educativa y sobre todo para la comunidad en general.

A lo largo de la historia, la educación ha sufrido reformas al igual que la sociedad, la política, la economía y la familia. La familia ha pasado de ser patriarcal o matriarcal formados por abuelos, matrimonios, tíos, hijos, nietos y donde la mujer no trabajaba si no era la encargada del hogar, la educación y cuidado de los hijos y los padres eran lo que trabajaban y enseñaban la profesión a sus hijos; a una familia nuclear totalmente industrializada, que vive en la ciudad y compuesta por un matrimonio o parejas ya sea del mismo sexo o diferentes sexos y no tantos hijos como antes y demás la mujer trabaja fuera de casa y los abuelos no suelen vivir con la familia; y algo importan es la institución educativa la encargada de la educación de los hijos junto con la educación dada en casa por los padres.

De la misma manera, en la que se han producido estos cambios en la familia también se han producido en la institución educativa y en la educación, pasando de ser una institución que se encargaba de proporcionar un contexto social más amplio a la vez que trasmitía las pautas culturales propias del entorno social del estudiante; a una institución educativa se le pide que adquiera más roles y donde la educación es obligatoria para todos hasta los dieciséis años. Pero, a pesar de todos estos cambios sociales las familias sigue siendo un núcleo de personas en el que se dan relaciones, se comparten vivencias e interacciones personales.

A principios del siglo XX comenzó el cambio: los nuevos patrones de relaciones entre familia y institución educativa totalmente alejadas. Y es que la labor del docente, de la enseñanza de materias y métodos usados, se desviaron totalmente de las experiencias de los padres, que no tenían ni voz ni voto en la institución educativa y en la enseñanza de sus hijos. Y por tanto se entabló la separación de las responsabilidades de la institución educativa y la familia. Esta perspectiva ha ido desapareciendo en estos últimos años por la idea de que las responsabilidades son compartidas.

Poco a poco, se ha podido estimar la necesidad de las familias, la educación y los propios estudiantes de compartir las responsabilidades y que sean deberes tanto de los padres como de la institución educativa y de todos sus docentes, dando lugar de esta manera a que sea una tarea más fructífera y eficaz, así como más fácil de llevar a cabo y cuyos resultados sean los mejores.

LAS CUALIDADES INDISPENSABLES DE LOS DOCENTES PROGRESISTAS.

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“DE LAS CUALIDADES INDISPENSABLES PARA EL MEJOR DESEMPEÑO DE LAS MAESTRAS Y LOS MAESTROS PROGRESISTAS”.

Un docente debe contar con cualidades fundamentales para poder tener un buen desempeño.

Un buen docente no solo lo es por el hecho de haber obtenido un título o por que domina ciertas estrategias de enseñanza y aprendizaje, o bien porque tiene dominio de contenidos temáticos. Un buen docente, tiene que ser humilde, amoroso, valiente, tolerante, con capacidad de decisión, seguridad, sentido de justicia y con parsimonia verbal.

Entendiendo a cada una de esas cualidades como:
  1. Humildad. Entender que nadie lo sabe todo y que los docentes también son seres humanos que podemos cometer errores o que tenemos debilidades. Aceptar las sugerencias tanto de compañeros maestros, como de sus propios alumnos con fines de mejora.
  2. Amorosidad. Tener amor a su trabajo y hacerlo con entrega y dedicación. 
  3. Valentía. Tener el valor de hacer cosas que muchos no se atreven por temor al cambio o a las críticas que hacen otros compañeros por prejuicios. No se refiere a que es malo tener miedo, sino al no enfrentarlo.
  4. Tolerancia. Virtud que nos enseña a convivir con lo que es diferente, a aprender con lo diferente, a respetar lo diferente dentro de un ambiente democrático y responsable.
  5. Capacidad de decisión. Ser capaz de tomar decisiones pero sin caer en el autoritarismo. Que los estudiantes reflexionen sobre el por qué el profesor tomó una determinada decisión o bien que ellos mismos lleguen a ella.
  6. Seguridad. El docente debe tener una claridad plena de lo que hace, para qué y el por qué decidió hacerlo de tal forma. De los contrario, es conveniente darle a conocer a los alumnos que problemas existen, con humildad. Nunca debe caer en cinismo o en la invención de cosas.
  7. Paciencia e impaciencia. La paciencia en exceso nos puede llevar la espontaneidad, a la inacción. Y por otra parte, la impaciencia, por si sola, nos puede llevar a actuar sin pensar. Debe existir un equilibrio entre ambas.
  8. Parsimonia verbal. Controlar nuestra habla. Identificar cuándo es necesario hablar y cuánto.
  9. Alegría de vivir. Tener las ganas de superar los obstáculos y debilidades que se tienen. No tenerle miedo al riesgo de hacer las acosas diferente con fin de mejora.


Misión y Visión de Docentes 2.0



La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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