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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

COMO CAMBIAR LAS ACTITUDES EN EL AULA DE CLASES

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Una pieza clave en el aula de clases, es que las actitudes se educan, y por lo tanto se pueden educar en un ambiente escolar. En el momento, en que el docente se plantee esto como un objetivo, el estudiantado cambiara sus actitudes negativas hacia las actividades, compañeros y hacia el educar, desde luego, trabajando diariamente determinados aspectos. 

Es pertinente recordar, que el docente de observar muy bien sus aulas de clases, ya que, ninguna clase es igual a otra, aunque usualmente en todas ellas, se pueden encontrar con tres áreas:

  1. En función de su actitud ante el trabajo y la convivencia.
  2. Grupo que trabaja y se esfuerza, que convive armoniosamente al que hay que seguir motivando y valorando sus logros prestándole la atención correspondiente. 
  3. Una actitud intermedia donde se instalan la mayoría y que pasan de una zona actitudinal a otra dependiendo en gran medida de la capacidad del docente para controlar y motivar al aula. 

Realmente, este grupo es el que marca el clima general del aula de clases, por lo que exige de empatía para acercarlo al polo más positivo. Los estudiantes renuentes a la tarea escolar y con actitudes obstruccionistas, al que hay que ir ganando para la zona intermedia con acercamiento personal y afectivo, pero también marcando las normas claramente. Y cuando su número es muy elevado en la clase, se debe intermediar mecanismos de actuación colectiva del centro, así como replantearse los criterios de agrupamientos. 

La clase se instala, como una mecedora en la que hay que atraer hacia el polo positivo al grupo de la zona intermedia a fuerza de motivación, control y relaciones de empatía, valorando el esfuerzo del grupo positivo para aumentar su autoestima. Es necesario introducir diariamente mensajes de valoración hacia el esfuerzo y la tarea bien hecha, dedicando más tiempo de la clase a esta labor que a la de reprimir al grupo que no la hace.



Además, se debe incitar a que el estudiante tome interés por la tarea a través de un currículo funcional que dé valor a otros aprendizajes que se adquieren en otros contextos y que otorgue protagonismo del educando para adquirirlos. Y, por último, el docente al implementar una metodología variada y motivadora, podrá contemplar desde el trabajo individual, por parejas, en grupos colaborativos, grupos interactivos, educando ayudante, y un amplio abanico de posibilidades. Sabemos por experiencia que, si el estudiante encuentra utilidad e interés en los que se les propone y rentabilidad en el esfuerzo realizado, su actitud cambiará notablemente. 

En síntesis, el docente debe introducir elementos de evaluación diversificados que vaya desde el trabajo individual al colectivo.


LA ACTITUD DEL DOCENTE EN EL AULA

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La actitud y conducta del docente, sus creencias y expectativas sobre la capacidad y logros del educando, influyen de una manera determinante en la creación de un concepto académico positivo o negativo del estudiante. En el docente convergen expectativas y representaciones de él mismo y de los estudiantes. No es, neutro en el plano cultural. Su propio recorrido profesional, así como, sus medios socioculturales condicionan mucho las expectativas y representaciones que tiene del estudiante ideal. 

El docente valorará a los estudiantes que se acercan más a su mundo mientras que subestimará a los que se alejan del mismo en actitudes verbales, del gesto y escritas interiorizadas rápidamente. La subestimación alcanza al individuo interiormente en la imagen que tiene de sí mismo. Esta observación desarrolla el tema llamado "Pigmalión" y subraya hasta qué punto las previsiones de los docentes pueden condicionar el comportamiento escolar de los estudiantes. 

De acuerdo con los autores Rosenthal y Jacobson, este fenómeno se refiere al proceso por el cual las creencias y expectativas de una persona afectan de tal manera a su conducta que ésta provoca en los demás una respuesta que confirma esas expectativas. Los estudios realizados por Jordán ilustran claramente la tendencia del docente a catalogar e identificar a cada escolar por su cultura de referencia. La visión determinista del docente sobre los comportamientos y actitudes de un grupo social encasilla las conductas de los estudiantes, dificulta el aprendizaje escolar y la integración en el grupo de iguales e imposibilita que se establezcan relaciones de comunicación y relaciones positivas. 

Finalmente, esta conducta pone trabas a la capacidad de transformación y enriquecimiento de la personalidad al que todo ser humano tiende a lo largo de la vida. Entre la ignorancia de la cultura de referencia y el encasillamiento hay que establecer, como respalda Marina Lovelace, una posición analítica que incorpore a la lectura las variables individuales: “No se puede crear el sentido de comunidad interracial sin el respeto a la individualidad y no se pueden desarrollar actitudes antirracistas sin entender otras culturas y establecer relaciones entre los diferentes grupos humanos e individuos que constituyen la sociedad. En definitiva, la comunidad interracial solo puede sustentarse sobre el desarrollo de la individualidad en su más amplio sentido”. 

El docente juega un papel protagonista en cualquier cruzada contra el fracaso y abandono escolares. Lo cierto es que el hecho de que los estudiantes sean cada vez más heterogéneos por la presencia en las aulas de escolares de diferentes culturas, clases sociales, capacidades y motivación, hace mucho más difícil la tarea de enseñar. Por tanto, el esfuerzo del docente es mucho mayor que en el pasado, por ello es imprescindible fortalecer su trabajo e impulsar iniciativas en tres ámbitos principales: su formación, sus condiciones de trabajo y su desarrollo profesional.

LA ACTITUD EN EL DOCENTE.

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De acuerdo a Floyd Allport: “La actitud es una disposición mental y neurológica, que se organiza a partir de la experiencia que ejerce una influencia directriz o dinámica sobre las reacciones del individuo respecto de todos los objetos y a todas las situaciones que les corresponden”.

La actitud es la forma de actuar de una persona, el comportamiento que emplea un individuo para hacer las cosas. En este sentido, puede considerarse como cierta forma de motivación social de carácter secundario, frente a la motivación biológica, de tipo primario que impulsa y orienta la acción hacia determinados objetivos y metas. Eiser define la actitud como: “predisposición aprendida a responder de un modo consistente a un objeto social.”

La teoría de la actitud 

1. Teoría del aprendizaje: Según esta teoría, el individuo aprende actitudes del mismo modo en que aprende todo lo demás. Al aprender una información nueva, se aprende los sentimientos, los pensamientos y las acciones que están en relación con ella. En la medida en que sean recompensados (reforzados) por ellas, el aprendizaje perdurará.

Actitudes en el docente

Los docentes delante de un grupo muestran diferentes actitudes, todas ellas claras para sus estudiantes. Es así como en las aulas, se identifica con facilidad al docente arrogante, intimidante, autoritario, paternalista (sobreprotector), permisivo, democrático, voluble (inconsistente), juez, paranoico y equilibrado.
  1. Arrogante: Se siente superior a sus estudiantes, se considera inalcanzable, sin errores. Tiene grandes dificultades para escuchar las opiniones de sus estudiantes y de sus compañeros, incluso de sus directivos. No reconoce errores.
  2. Intimidante: la amenaza lo acompaña en todo momento, de tal forma que al menor intento de algún estudiante por cambiar la clase, se puede hacer acreedor a disminución de calificación, reportes escritos de conducta o aprovechamiento, cita para los padres de familia, trabajos extras o canalización con alguna autoridad escolar. Su herramienta no es la estrategia, sino la amenaza y el castigo.
  3. Autoritario: Tiene dificultad para escuchar y permitir sugerencias. Lo que él dice se debe hacer sin titubeos. Lo que indique, aunque no tenga la razón, se debe obedecer porque él es el maestro y manda. No reconoce la crítica, se violenta ante la misma.
  4. Paternalista: Es sobreprotector, su trato hacia los estudiantes es excesivamente cariñoso, con frecuencia repite a los estudiantes el afecto que siente por ellos. Defiende a sus estudiantes en todos los casos, ya sea frente a los directivos, asesores, psicólogos, orientadores e incluso, de los padres de familia. El vínculo afectivo que establece con sus estudiantes (en ocasiones), impide que se cumplan las normas de conducta y trabajo en el aula.
  5. Permisivo: En la mayoría de los casos, evita el esfuerzo de lograr que los estudiantes trabajen o se desarrollen bajo normas establecidas, y por lo mismo, permite que la actividad sea libre y la atención se disperse. Evita conflictos con los estudiantes dejando que ellos hagan lo que prefieran en clase. Tiene graves problemas de control de grupo.
  6. Democrático: Este docente guía su didáctica de acuerdo a lo que digan las mayorías. Pide tarea si la mayoría lo desea, salen a trabajo de campo si la mayoría del grupo tiene interés, trata en clase un tema nuevo si a la mayoría le parece importante, incluso, en ocasiones cambia sus criterios de evaluación de acuerdo a la escala que la mayoría proponga. En este caso, la guía de la clase no es el maestro, sino las mayorías.
  7. Voluble: Es inconsistente, puede presentarse a una clase con buen ánimo, entusiasta y motivador, y a la siguiente con temperamento colérico, exigiendo trabajos complicados e innecesarios. Un día puede ser el apoyo del grupo y al otro, su acusador. Este maestro cambia sus criterios con facilidad, lo cual desconcierta a sus estudiantes.
  8. Juez: Este docente cree saber en todas las situaciones, qué es lo que sucede. Se atreve a juzgar sin fundamento, de tal forma que rechaza tareas porque asegura que el estudiante no la hizo, anula presentaciones por creer que el estudiante no las diseñó, “adivina” quién hizo alguna avería y le castiga, hasta impide la entrada a su clase de algún estudiante porque según su criterio, no llegará a nada. Hace un juicio de todas las situaciones de clase.
  9. Paranoico: Se siente perseguido por sus estudiantes y piensa que todo lo que hacen o dejan de hacer, es con la intención de perjudicarle. Es así como se encuentran docentes que le dicen a sus estudiantes “no hicieron la tarea para hacerme enojar”, o “reprobaron para que el promedio de aprovechamiento de mi clase sea bajo, porque quieren perjudicarme con los directivos”. Este docente, lejos de entender las debilidades de los estudiantes, cree que todo acto es premeditado y va contra su persona.
  10. Equilibrado y/o asertivo: Mantiene un adecuado control de emociones, ideas, juicios y didáctica en clase. Es firme en los principios de conducta y de trabajo, sin llegar al autoritarismo de un dictador. Establece vínculos que favorecen el proceso de enseñanza – aprendizaje, sin llegar a sobreproteger a sus estudiantes. Escucha con atención y reconoce sus errores. Enseña al estudiante a aprender del error. Permite lo necesario y prohíbe lo que daña al proceso y a la persona. No se muestra exageradamente sentimental, pero a la vez, no es frío y rígido. Busca el equilibrio, la justicia, el crecimiento del estudiante y la razón.

Quien se desempeña como docente tiene la responsabilidad de cuidar su aspecto actitudinal, y es importante señalar que el tener mucho conocimiento no hace mejores a las personas, sino la calidad de trato al interactuar con sus estudiantes. Lo elemental es tener la actitud de servicio, para enseñar a quien lo necesite o solicite. Cuando un estudiante ve a su profesor como modelo a seguir, y sólo entonces, es cuando un docente puede llamarse justamente "Docente", es decir, una persona que sabe enseñar y que aprende al enseñar.

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