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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

EL CUENTO Y EL LENGUAJE

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Numerosos docentes del nivel preescolar han empleado en el aula de clase una metodología tradicional más lúdica y recreativa que en la educación básica y media, pero, finalmente, basada en la transmisión de conocimientos que para los adultos son importantes dentro de un currículo organizado y establecido. 

Los estudiantes de este nivel de estudio aprenden rápidamente que al entrar al aula de clases deben olvidarse de todo lo que constituye su centro de interés y responder a las indicaciones de los educadores, de esta manera encuentran que el mundo escolar les exige apartarse de sus motivaciones para alcanzar los logros propuestos. Los docentes se han preocupado más por los contenidos que deben transmitir a los estudiantes, que por la aplicabilidad que los mismos tengan en la vida cotidiana, como lo sustenta el autor Pozo “reducir el aprendizaje a un proceso repetitivo o reproductivo de conocimientos precocinados listos para el consumo”.

Los educandos desde que descubren su capacidad de expresión oral y encuentran que pueden hacerse entender a través del lenguaje, utilizan diversas estrategias comunicativas para mantener diálogos con sus compañeros o con los adultos que les rodean, disfrutan relatando sus propias experiencias e inventan historias y hacen el papel de intérpretes de los diferentes roles que observan en su contexto inmediato. Mediante ese intercambio comunicativo, van aprendiendo las diferentes formas de usar el lenguaje, esta adquisición requiere de un contexto social oportuno, de una estimulación adecuada por parte de las personas adultas y jóvenes, sean padres, familiares, docentes, compañeros o amigos.


Es importante resaltar, que cuando un estudiante está adquiriendo el lenguaje, se dan, al menos, tres formas de obtenerlo: la primera se refiere a la corrección de la forma, el segundo aspecto es la capacidad de referencia y de significado. Por último, la función o intento de comunicación o cómo conseguir que se hagan cosas con palabras. Como a su vez, el educando debe integrar tres componentes: forma, contenido y uso dentro del lenguaje que habla y escucha. 

Por todo lo antes mencionado, podemos reflexionar que la estrategia de los cuentos infantiles no sólo entretiene y enseñan, sino que, además, juega un papel decisivo en la estimulación del lenguaje, asimismo, les ayuda a enfrentar sus propios miedos, a superar sus egoísmos y a sensibilizarse ante diferentes situaciones. Al mostrarles un cuento que no han escuchado antes, con personajes interesantes para su imaginación infantil, se motivan y se dejan llevar por las diferentes situaciones narradas, involucrándose con sucesos inesperados que acontecen en el desarrollo de la historia. De acuerdo con el autor Zaina “La función de los textos infantiles es hacer que los chicos tengan acceso al mundo del conocimiento desde una óptica que contemple sus posibilidades de comprensión”.

Diversos estudios han demostrado que, la estimulación temprana de estas habilidades a través del cuento, es un efectivo predictor de éxito escolar a futuro, desarrollando áreas tan importantes como las habilidades matemáticas, directamente relacionadas con el manejo de relaciones temporales. Asimismo, al desarrollar la coherencia, se potencia directa e indirectamente la capacidad de análisis y síntesis necesaria para extraer la idea central de un texto, lo cual facilita la comprensión del mismo. Aditivo a ello, el manejo de relaciones de causa estimula y desarrolla áreas tan importantes como el pensamiento inferencial, deductivo, entre otros.


En síntesis, cuando el docente promueve la práctica de la lectura de cuentos en el aula de clases, es recomendable que plantee problemas y preguntas orientadoras, para que pueda lograr la motivación en sus estudiantes. La palabra juega un papel fundamental dentro de los cuentos, es la puerta mágica por donde entran al portal de los escritos las más fantásticas historias infantiles.

El cuento estimula, el pensamiento, vocabulario, la diferencia auditiva, la formación de juicios, el crecimiento de los procesos básico de aprendizaje, comentarios, preguntas, interpretación de imágenes y las funciones superiores que intervienen en el proceso de aprendizaje de la lectoescritura.


EL MOBBING EN LA EDUCACIÓN

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En la actualidad, uno de los factores que influye de manera sustancial en la desigualdad de oportunidades para el desarrollo pleno de las facultades de las personas en sus relaciones laborales, es el acoso laboral el que hoy es identificado como mobbing, lo cual expresa el proceso de atormentar, hostigar o aterrorizar psicológicamente a otros en el trabajo.

El acoso laboral o mobbing, de acuerdo a los expertos se manifiesta con mayor intensidad en la mujer, la que sufre una conducta abusiva y hostil, ya sea por parte del empleador, sus jefes o superiores o los compañeros de trabajo. Si no se atiende esta conducta sistemática a tiempo, termina en humillar y denigrar al trabajador, la cual ocasiona daños psíquicos y psicosomáticos, los que se traducen en un acoso moral que repercuten en la salud y desempeño laboral de la víctima.

La importancia que tiene poder identificarlo en el ámbito laboral educativo, es porque hoy día, la Sociedad del Conocimiento influye para que la competitividad de las empresas tenga una base en el trabajador, donde su creatividad, la confianza, para alcanzar la calidad en los círculos de productividad, y el trabajo en equipo, donde el centro de estos mecanismos es sin duda el trabajador, pero si éste se siente acosado psicológicamente en su lugar de trabajo, los factores que podrían determinar el éxito de las instituciones educativas para alcanzar la hiper competitividad se incapacita, ya que el fenómeno del mobbing, determina que esas condiciones no se generen en el aula de clases.

Las causas para que se de este fenómeno es la institución educativa, ya que depende de la forma de organización, las condiciones en la organización, la insensibilidad para atender los asuntos inmediatos y las condiciones económicas donde el desempleo se convierte en un elemento potencial para generalizar el fenómeno de la violencia psicológica en el ámbito laboral.

La detención y control del acoso psicológico en el trabajo traerá beneficios para toda la organización, puesto que las consecuencias negativas no sólo las padecen las personas afectadas, sino también las instituciones educativas; en tanto que es un problema que afecta a la rentabilidad y a la eficacia económica, por el absentismo que implica, por la reducción de la productividad de las personas afectadas y/o por el pago de indemnizaciones a los trabajadores despedidos, entre otras.

Lo más difícil del acoso psicológico en la labor educativa es detectar cuándo comienza y por qué. En general, la víctima empieza a percibir agresiones solapadas o abiertas, pero no se da cuenta de la situación total que vive y muchas veces se siente culpable. Esto dificulta la capacidad de reaccionar de la persona, por lo que la percepción del problema coincide ya con un grave deterioro de su salud. Todo esto, puede comenzar con algún pequeño acto aparentemente banal, que se convierte en el primer eslabón de una perversa cadena de humillaciones, maltratos y vejaciones, cuyo fin es desestabilizar psicológicamente a la víctima y lograr, finalmente, que renuncie a su puesto de trabajo. 

En síntesis, nunca como hasta ahora se había percibido al trabajo como fuente de patología. La táctica utilizada en el acoso psicológico en la labor educativa consiste en desgastar psicológicamente al empleado hasta conseguir que se autoexcluya. La víctima va deteriorándose profesional y psicológicamente hasta perder su capacidad de autoestima, luego cae en la depresión, enfermedades psicosomáticas, insomnio, alcoholismo e, incluso, el suicidio. 



LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA DOCENCIA.

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Cubrir la enorme grieta entre la situación deseada y el punto de partida respecto al tema docente, particularmente en los países en desarrollo, requeriría un esfuerzo inmenso, una estrategia continuada y de largo plazo, medidas urgentes y políticas sistémicas, todo ello en el vigor de una revisión profunda e integral del modelo escolar y de la situación docente en sentido amplio, y de un desvío radical en los modos de hacer política educativa, tradicionalmente oblicua hacia la inversión en cosas, las cantidades antes que las calidades, y el corto plazo por sobre el mediano y el largo plazo.

Sin embargo, las políticas y medidas que vienen tomándose en los últimos años del problema docente, tanto a nivel global como nacional, están lejos de responder a la complejidad y la urgencia de la situación y, más bien, están favoreciendo a reforzar algunas de las tendencias más negativas hacia la desprofesionalización de la enseñanza. El deterioro de los salarios docentes se ha acentuado en los últimos años en el marco de las políticas de ajuste, y los incrementos salariales no han sido, en todo caso, significativos como para invertir en dicho deterioro, hacer más atractiva la profesión, y detener el abandono de los mejores. La escasa o nula participación y consulta a los docentes y sus organizaciones en torno a las políticas educativas y a la formación docente, de manera específica, ha seguido siendo la norma en los procesos de reforma, con la previsible resistencia y hasta rechazo activo del cargo en muchos casos. 

Los procesos de descentralización no se han conducido de los esfuerzos expresos de formación y fortalecimiento de los equipos escolares que serían necesarios para hacer realidad la consigna de la autonomía escolar, más allá de la descentralización administrativa y financiera. La introducción de las modernas tecnologías, cuando se ha dado, no se ha acompañado en general de las estrategias y los recursos indispensable para la sensibilización y formación docente en el manejo de dichas tecnologías, ampliando de este modo la propia fisura cultural y tecnológica entre los docentes y sus estudiantes.

Dicha desprofesionalización tiene que ver no únicamente con condiciones materiales, sino con un proceso gradual de desposesión simbólica (Perrenoud): los docentes cada vez más postergados en un rol de solos operadores de la enseñanza, relegados a un rol cada vez más alienado y secundario, considerados un insumo más de la enseñanza, crecientemente dependientes del libro de texto así como del experto y el agente externo Los docentes son vistos como obstáculo y como insumo costoso, al tiempo que se deposita grandes esperanzas en el libro de texto y las modernas tecnologías, la educación a distancia y las propuestas de autoaprendizaje y autoevaluación como respuestas más costo-efectivas y rápidas que la inversión en formación docente, pensadas ya no sólo como complementos sino incluso como sustitutos a la labor docente. 

No obstante, el discurso acerca del nuevo rol docente parecería seguir sin conectarse con la necesidad de un nuevo modelo de formación docente. En el marco de los proyectos de mejoramiento de la calidad de la educación, la formación docente continúa ocupando espacios y presupuestos menores, inclinada a la preparación de los docentes en servicio a través de programas cortos, instrumentales, atados a las necesidades de ejecución de tal o cual política o reforma, con una noción de reciclaje que alude fundamentalmente a la puesta al día de los docentes en los contenidos de las asignaturas, sin rupturas esenciales con los esquemas del pasado. Asimismo, la afectación en el aprendizaje ha sido entendido exclusivamente desde el punto del estudiante y como rendimiento escolar, no como el aprendizaje necesario de quienes enseñan.

TRANSFORMACIONES ACTUALES EN LA EDUCACIÓN.

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La mayoría de las sociedades actuales se caracterizan por un cambio profundo en las instituciones que acompañan los procesos de construcción de la subjetividad de las nuevas generaciones. El papel que juegan la escuela y el docente en la reproducción de la sociedad depende del lugar que ocupa en la estructura del sistema de instituciones que cumplen funciones sociales análogas.

En el origen del estado moderno, la socialización de las nuevas generaciones descansaba sobre un trípode conformado por la familia y la escuela. Esta última fue adquiriendo un peso cada vez más importante con el avance de los procesos de industrialización y urbanización. La familia ha experimentado transformaciones muy profundas como resultado de una serie de macro procesos de largo plazo, tales como el avance contradictorio de los procesos de secularización, la presencia cada vez más sistemática de los medios de comunicación de masas y otros consumos culturales, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la fragmentación e inestabilidad de las configuraciones familiares, los cambios en los modelos de autoridad, etc.
Estos procesos han producido cambios profundos en el sistema de instituciones responsables de la socialización infantil y juvenil. La escuela está sometida a un nuevo conjunto de demandas sociales. En algunos casos se llega a pedir a la escuela lo que las familias ya no están en condiciones de dar: contención afectiva, orientación ético-moral, orientación vocacional y en relación con el diseño de un proyecto de vida, etc. Estos nuevos desafíos se traducen en nuevas exigencias para el perfil de competencias del docente.

Puesto que no existe una clara división del trabajo entre instancias de socialización, el conflicto entre las mismas se vuelve cada vez más probable. Los valores que circulan en la escuela, la familia y los medios de comunicación de masas no siempre son coincidentes o complementarios, sino que con frecuencia pueden ser contradictorios. El trabajo del docente se inscribe en este nuevo cuadro de relaciones, lo cual le agrega una dosis creciente de complejidad (TEDESCO J.C., 1995).

Las nuevas generaciones, en promedio, son fuertes consumidoras de bienes simbólicos producidos y distribuidos por poderosas empresas culturales. La acción del docente se inscribe en un nuevo contexto general que ordena la socialización de los niños y jóvenes. Cabe agregar que tanto las transformaciones en la estructura familiar como el tipo y frecuencia de consumos culturales varían fuertemente según cuál sea la posición de las nuevas generaciones en la estructura social.

Ser docente en el nuevo contexto familiar y de los sistemas de producción y difusión de sentidos puede constituir una ocasión para profesionalizar al docente o bien puede tener un efecto contrario. La respuesta es una cuestión de cultura y de política. Si se decide que el docente simplemente “sustituya” a la familia en el cumplimiento de ciertas tareas de contención afectiva o de orientación ético-moral, el resultado es un retroceso en el perfil profesional de la actividad.

El docente “padre-sustituto” está lejos del docente profesional especialista en enseñanza y aprendizaje de determinados contenidos culturales socialmente válidos. Es más difícil aprender a ser padre que desarrollar competencias en el campo de la enseñanza aprendizaje. Pero, los cambios en el contexto de socialización pueden ser una ocasión para avanzar en el proceso de racionalización del oficio del docente.

Podrían diseñarse nuevos roles escolares tales como psicólogos escolares dotados de las competencias necesarias para acompañar el desarrollo afectivo de las nuevas generaciones, orientarlas en la formulación de su proyecto de vida, garantizar la integración y sentido de pertenencia de los alumnos en las instituciones escolares y que trabajan en equipo con pedagogos expertos en enseñanza aprendizaje. 

En conclusión, ser docente en este nuevo contexto de socialización puede alentar el desarrollo de nuevas y complejas competencias profesionales o bien provocar un empobrecimiento del oficio si se lo reduce a una simple función de sustitución de la familia.

Misión y Visión de Docentes 2.0



La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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