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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

LOS SISTEMAS EN LA EDUCACIÓN | DOCENTES 2.0

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En las aulas de clases se alojan una serie de procesos tanto individuales como sociales los cuales están integrados dentro de otro de mayor amplitud: la educación. Al observar un aula y las dinámicas que allí ocurren, sin lugar a dudas se está frente a un sistema que, está compuesto por personajes que se influyen entre sí, surgiendo dinámicas que no se pueden explicar tan sólo por los comportamientos aislados de los individuos. Es así que, al hablar de sistemas en el comportamiento humano, tal como ocurre dentro de un aula, nace naturalmente la vinculación con los sistemas complejos, es decir, aquellos que se componen de unidades interactuantes y emotivos, de cuya acción en el tiempo surgen comportamientos no lineales, de los cuales la predictibilidad exacta es imposible.

Al reflexionar, sobre los paradigmas de los Sistemas Complejos (SC), se señala que está compuesto por múltiples elementos individuales interactuantes y emotivos entre sí. Estos agentes cambian sus estados internos según la interacción que tienen con otros agentes y el ambiente en que están inmersos. La dinámica de los SC se aleja de un comportamiento lineal, es decir, aquel en el cual se puede realizar una predicción exacta de la conducta del sistema a partir del conocimiento de las condiciones iniciales de dicho sistema. En cambio, en un sistema con dinámica no lineal, una pequeña variación en las condiciones iniciales puede generar un comportamiento totalmente diferente a lo largo del tiempo. 

Un pequeño ejemplo sería, si el sistema educativo fuera lineal y dependiera de una buena transmisión de información y motivación de los estudiantes, entonces, en un cierto nivel de dichas variables, se debería poder predecir el rendimiento de los educandos. Sin embargo, al observar, el aula podría polarizarse, lo que indicaría una dinámica no lineal. Igualmente, bajo esta condición, sería muy difícil predecir el comportamiento futuro del curso, como, por ejemplo, pronosticar cuántos grupos de diferentes rendimientos habrá al finalizar el curso, dada la proporción inicial del estudiante con buen y mal rendimiento.

Se ha podido observa, que la intuición basada en un modelo lineal de causa-efecto de un sistema, lleva a analizarlo y sacar conclusiones no válidas en relación con el comportamiento del mismo. Aún más, en base a dicho análisis se puede diseñar intervenciones que no contribuirán a lograr los objetivos que se persiguen. Para no correr dicho riesgo, es conveniente complementar dicha mirada con la perspectiva de los SC. Si bien es cierto, este paradigma no es el único posible de emplear, en muchas situaciones facilita los métodos y herramientas que son los más adecuados para analizar mejor a un sistema e intervenirlo para lograr un objetivo. 

Indudablemente, que esta perspectiva de SC es difícil de emplear y más costosa que usar un paradigma lineal, pero muchas veces es la única forma de asegurar un resultado aceptable. En efecto, al pensar aplicando solamente el paradigma lineal, se puede caer en el engaño de centrarse en identificar un único foco de análisis e intervención en educación. Por un lado, se ha comprobado que al enfocarse en los desempeños individuales y modificarlos por acciones o intervenciones exclusivamente a nivel individual, podría no tener los resultados esperados. Por otro, focalizarse en la importancia de las variables de contexto, y muy especialmente aquellas vinculadas con el grupo más amplio, tampoco explica completamente el éxito o fracaso en un rendimiento individual. 

Por consiguiente, al hablar en sistemas complejos, atendemos a la íntima relación entre los niveles micro y macro, exponiendo intervenciones en ambos niveles, pero sin pretender resultados exactos y lineales, sino como propuestas que tengan una mayor probabilidad de ocurrencia. Por otra parte, dadas las propiedades confusas de un SC, es decir, su sensibilidad a condiciones iniciales, la utilización de este paradigma asimismo permite alertar al investigador respecto a la aplicabilidad de ciertas intervenciones a un sistema, dentro de un contexto particular, a otros contextos y/o situaciones. Es decir, debe tenerse mucho cuidado al establecer la generalización de intervenciones. 

En síntesis, en el fenómeno educacional, si se considera los procesos de aula como expresiones de comportamiento complejo, es esperable también que distintas intervenciones tengan resultados completamente diferentes, originados en la sensibilidad que tienen los sistemas y, muy particularmente, aquellos compuestos por seres humanos. Un ejemplo cotidiano se puede observar cuando un docente realiza una misma clase en cursos distintos, realizando pequeñas modificaciones que posteriormente obtiene distintas consecuencias en diversos ámbitos: rendimiento, atención, motivación, simpatía, entre otros. Por lo tanto, el desafío es descubrir qué intervenciones tendrán una mayor probabilidad de éxito en función de los objetivos planteados por el proyecto educativo.


LA EDUCACIÓN PARALELA

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La educación paralela fue propuesta en 1966 por Friedmann, para describir al ascendente educativo, de los estímulos que reciben los estudiantes, esencialmente aquellos que asisten a través de los medios de comunicación. A partir de esta propuesta se desarrolla la idea de que el medio educa y los medios de comunicación son una escuela paralela.

Luego, un período más tarde, el autor Porcher amplía este concepto expresando que “La escuela paralela constituye el conjunto de las vías mediante las cuales, y al margen de la institución educativa, llegan hasta los estudiantes (y a quienes no lo son), las informaciones, los conocimientos y cierta formación cultural, correspondiente a los más variados campos”. Y sustenta, que esos nuevos canales de educación, no controlados por los docentes, llegan a los estudiantes en forma constante y masiva, por lo cual es importante saber si la institución educativa y la escuela paralela van a ignorarse, a comportarse como adversarias, o a aliarse.

Y en 1988, el autor Diéguez expresaba, que la “Comunicación y enseñanza son parte de una misma realidad. Una realidad que supone la inclusión del concepto de enseñanza en el más amplio de comunicación. Enseñar es siempre comunicar, pero no siempre la comunicación es enseñanza”.

El mundo actual, denominada sociedad de la información o sociedad del conocimiento, plantea nuevos retos a la educación, la cual no pueden seguir coexistiendo del modo tradicional separada de la comunicación. En este contexto, la enseñanza se encuentra frente a profundos desafíos, pues su función es preparar a las personas para vivir en sociedad, y como esta cambia constantemente, igualmente, debe cambiar la educación para que siga cumpliendo su función. Además, como los cambios sociales están relacionados, básicamente, con la generación y difusión de información y conocimientos, centro del mundo de la educación, es necesario que la institución educativa aproveche e incorpore cada vez más, los aportes de los medios de comunicación.

Aunque sin dejar de considerar lo que dicen Tornero y De Fonseca, que una institución educativa, es una entidad que comunica, transmite y proporciona orientaciones, códigos y lenguajes. Mientras, que un medio de comunicación es un sistema que conduce el saber de su propio público y que, además, ejerce tal grado de influencia, especialmente en los más jóvenes, que su acción puede denominarse educativa informal.

La responsabilidad con la educación requiere hoy más que antes una apuesta por el cambio, lo cual no es posible si se ignoran los medios de comunicación. El tiempo que les dedica, obviamente aumenta su campo de influencia y su potencialidad formativa, por lo cual hay que considerar el gran aporte que significa la educacion paralela en la construcción de aprendizajes.

Las nuevas tecnologías constituyen una gran ayuda para las asignaciones educativas, pero al mismo tiempo generan dificultades para administradores y docentes que hay que considerar, ya que supone cambiar hábitos, aprender nuevas habilidades técnicas para manejar nuevos aparatos, y romper esquemas tradicionales.

La escuela paralela y la institución educativa coexisten de manera sólida y ambas aportan a la formación de los estudiantes, cada una desde su espacio y responsabilidad. Por eso, las instituciones educativas de cualquier nivel deben afrontar la integración de los nuevos instrumentos tecnológicos, si quieren avanzar hacia el cambio imparable que requiere la educación en la sociedad digitalizada de esta década.

LA EDUCACIÓN EN VALORES.

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En la actualidad, existe una mayor preocupación por el futuro de los jóvenes, el no saber, o no tener la habilidad de transmitir los valores de forma correcta causa una sensación de inseguridad, tanto en las familias como en los docentes. En consecuencia de los cambios acelerados que se están produciendo en la sociedad tales como: la amplia información de estímulos que nos llega de los medios de comunicación, la competitividad, el consumismo, las nuevas corrientes pedagógicas, Internet, la desaparición de la familia tradicional, la incorporación de la mujer al mundo laboral, movimientos migratorios masivos, entre otros., han provocado un cambio de costumbres, que para bien y algunas veces para mal, está provocando deterioro en los jóvenes, ya que no tienen un modelo de referencia. Debido a la complejidad de esta nueva realidad se hace cada vez más necesario construir nuevas formas de convivencia que se sustenten en la solidaridad, cooperación y el diálogo, como posibles alternativas a los conflictos. 

La familia es el primer tramo de aprendizaje, ofrece cuidado, protección, afirma la subsistencia y contribuye a la socialización en relación a los valores aceptados socialmente. En el seno de la familia, se constituye el primer eslabón en el compromiso de educar en valores, los jóvenes aprenden continuamente de sus padres, pero no sólo de lo que les transmiten sino también de lo que ven día a día, de sus comportamientos y maneras de proceder. La familia es transmisora de valores, ideología y cultura, aportando un sistema de creencias y convicciones. Un ejemplo base es, familia que se responsabiliza en la educación en valores es la familia democrática que constituye la base de la responsabilidad y el sentimiento de grupo, a medida que los hijos van creciendo comparten esa responsabilidad, siempre teniendo como figura de apoyo a los padres. Pero, desafortunadamente la capacidad educadora y formadora de la familia se está reduciendo considerablemente, delegando funciones a la institución educativa que antes lo asumía la familia. Ni los docentes, ni la institución educativa son los únicos agentes exclusivos de cambios sociales y morales, debemos tener en cuenta a la familia y a los medios de comunicación que desempeñan un importante papel educativo. 

Se puede hablar de ciertos problemas para educar en valores: 

  1. La no unión de valores de la familia, de los medios de comunicación y el centro educativo. 
  2. La transmisión a la institución educativa de un conjunto de funciones socializadoras que antes pertenecían a la institución de la familia. 
  3. Educar en valores es una tarea compartida por toda la comunidad educativa, la educación formal siempre resultará insuficiente. 
  4. La crisis moral de la sociedad, en la que los valores tradicionales desaparecen apareciendo los contravalores, acompañada de la crisis del sistema educativo, donde las palabras educación, instrucción y enseñanza se utilizan indistintamente y se confunden.
  5. Crisis de valores de la familia y pérdida de liderazgo de la figura docente. 
Los valores son contenidos que pueden ser aprendidos y enseñados, y el centro educativo no es el único lugar donde se pueden trabajar. Sería deseable que la educación en valores no se promoviera sólo desde las áreas curriculares o los temas transversales, sino que también se basará en la imitación de modelos y en las prácticas propias de la vida cotidiana en la familia y en otros contextos. 

Realizar, hoy en día la educación en valores es una tarea colectiva, por una parte, de las instituciones educativas, pero también de las familias y los propios estudiantes. El problema de educar en valores hoy no concierne sólo a los educadores y a las familias, porque el objetivo de crear ciudadanos activos y participativos es una meta de todos los agentes implicados, ya que se debe crear esfuerzos colectivos y complementarios en beneficio de una sociedad mejor. 

La educación en valores se dirige a un proyecto social, como un espacio ampliado en el tiempo y con múltiples agentes sociales implicados. Sin una coordinación adecuada entre institución educativa y sociedad tendrá lugar los conflictos y las contradicciones entre los valores deseables y la educación para los valores vigentes en la vida. No es tarea exclusiva sólo del ámbito docente, sino de toda la comunidad educativa, con un papel muy importante de la familia.

LA LABOR DEL SISTEMA EDUCATIVO Y LA CALIDAD EDUCATIVA.

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La labor del sistema educativo en el mundo actual es compleja, generalmente se habla de que presenta desequilibrios, que cuando se mantienen en el tiempo se agravan y se expresan en la crisis educativa. En el conocimiento de la teoría de los sistemas, el concepto de reforma es semejante al de mantenimiento (cambio y adaptación) permanente, porque de otro modo la estructura (el sistema) se anquilosa y pierde funcionalidad. 

En resultado, se reflexiona la calidad de la educación como aquella determinación de tendencia cuya medición revele el grado en que los medios conducen de manera más o menos rápida y directa hacia los objetivos. Los medios pueden cambiarse en la medida en que sean necesarios para el mejor logro de metas, objetivos y fines. El fin es visto como un valor en sí independiente de cualquier criterio de racionalidad. 

El proceso lógico que se trata de orientar para la actualidad, esta conforma por las siguientes razones: 
  1. Se caracteriza por la transformación en oposición a la conservación, esto implica elevar la calidad de la educación. 
  2. No se descarta el valor de las teorías ni de la memoria, pero se considera que resulta improductiva la simple acumulación de información cuando está cambia constantemente. La idea predominante es que al estudiante debe enseñarle todo el medio escolar, lo cual niega la importancia educativa de los diferentes medios donde se desenvuelve la persona. El docente es el que sabe todo, es quien tiene la verdad, es activo, y los estudiantes son pasivos, no descubren por sí mismo; no hay motivación al logro y la propensión al interés. 
  3. El docente cambia el rol de transmisor de conocimientos para compartir con los estudiantes un proceso conjunto de crítica y creación. 
  4. La racionalidad de los procesos educativos se funda en su historiedad, y, por lo tanto, los criterios de eficiencia, congruencia y pertinencia con los que suele abordarse la calidad de la educación estarían validada por sus resultados.  
  5. Las instituciones de educación superior, formadores de educadores deben replantar su rol y esforzarse por formar más que transmisores, investigadores de la educación, sujetos críticos y creativos que estén dispuestos para la innovación de métodos y técnicas educativas en plena interacción con los educandos, haciéndose constructores ambos de un proceso educativo abierto y cambiante. 

Es importante señalar los indicadores de calidad, y de acuerdo con el autor Santa Gadea quien sostiene que  “El vocablo calidad constituye un criterio que, de manera similar a eficacia o efectividad, se utiliza para evaluar ciertas características de los procesos y logros educativos”. Así se dirá, que una educación es de calidad, luego de comparar; además la calidad admite ciertos matices de baja, media o alta calidad. Durante mucho tiempo la calidad fue entendida solamente en oposición a cantidad, como algo no factible de medir, limitada a simple apreciación subjetiva. Paulatinamente se comenzó a hablar de cualidades mensurables, al referirse a figura, lugar, tiempo, movimiento y distancia. 

En tal sentido, una educación de calidad es aquella cuyas características hacen posible satisfacer las necesidades sociales de formación, o necesidades básicas de aprendizaje, que se plantea la sociedad. Por tanto, una educación puede ser de calidad en un determinado tiempo y para un determinado sitio, pero no implica que lo sea en cualquier época y lugar, dependerá de las necesidades de la sociedad en que se inscribe.

EDUCAR EN VALORES.

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Realmente, las instituciones educativas saben muy poco acerca de cómo hacer mejores a los hombres. Pero, de acuerdo con el autor Latapí la realidad es que “Sabemos poco acerca de la ética en la educación y de cómo hacer operativa una ética determinada a través de enfoques metodológicos para educar en valores”. 

Es muy poco lo que se ha avanzado en estos años, a partir del retorno de la preocupación moral a la institución educativa. En el terreno teórico, más allá de las corrientes que podemos considerar clásicas, en las que da recuento el autor Escámez en su obra ya clásica: “La enseñanza de actitudes y valores”, proyecto de vida y desarrollo de la personalidad moral, que han generado intentos de instrumentación didáctica como el aprendizaje servicio o el desarrollo del autoconocimiento de los educandos y su visión de futuro a través de planes de vida. 

Ambos direcciones suplican la necesidad de una mayor integralidad de la formación valoral, superando la visión predominantemente racional del enfoque de Kohlberg y tratando de considerar al educando y su dimensión valoral en su dimensión afectiva y en la visión reflexiva sobre su correcta existencia más que en la clarificación de valores abstractos o principios éticos universales y de su inclusión en una comunidad humana concreta para mejorar sus condiciones de vida. 

No obstante, estos pruebas de construcción teórico-práctica de enfoques de educación valoral, más adecuados al nuevo conocimiento sobre el aprendizaje de los estudiantes y a nuevos pensamientos de los valores en la educación en sociedades abiertas, plurales y democráticas no han sido suficientemente trabajados en donde los programas y textos de formación en valores de uso periódico tienen todavía mucho del enfoque de enseñanza de valores aunque dicha enseñanza o inculcación se proponga a través de medios dialógicos, activos y participativos. 

Poco se sabe de cómo educar en valores todavía y desdichadamente el estado del conocimiento en esta área temática muestra todavía una superioridad de investigaciones empíricas sobre los valores declarados por estudiantes y docentes en diversos niveles o sobre los valores a enseñar en los planes de estudio y las legislaciones y políticas sobre educación en valores en los sistema educativo, con algunas excepciones destacables pero minoritarias como es el caso de la investigación de Fierro y Carbajal, que parte de un marco teórico respaldado en enfoques filosóficos y psicológicos del tema y construye una manera novedosa de indagar la oferta valoral de los docentes, que es aplicable sin duda a otros niveles educativos y contextos geográficos. 

Lo poco que se sabe, no llega a ser conocido por los actores de la educación. Los docentes y directores escolares hablan del tema de la educación en valores, pero muchas veces sin haber estudiado los enfoques existentes para instrumentar esta dimensión de la educación y mucho menos tomando una postura clara sobre el tema. 

Pero el problema de fondo, es más grave aún y aquí retorna a surgir con urgencia la relevancia de la obra de Latapí y sus contribuciones para la educación. El problema fundamental es que la preocupación de los docentes, directivos, funcionarios y parece ser que aún de los diseñadores curriculares y autores de textos sobre el tema es una preocupación exclusivamente práctica y reducidamente práctica. 

Se considera, que el problema es encontrar un método a modo de receta firme para la formación valoral y que este método vaya acompañado de materiales, técnicas, instrumentos que resuelvan el problema sin necesidad de aportar nada de parte de los educadores. En este escenario, se vive una auténtica confusión y se cae en una elección en la formación en valores porque no se está dando a la Filosofía, a la ética entendida como Filosofía moral el papel que le corresponde para sustentar todas las mediaciones y aplicaciones didácticas que puedan irse creando. 

La preocupación del autor, en todos los temas educativos durante su carrera como pionero de la investigación educativa, fue siempre la de estudiar el fenómeno educativo en toda su complejidad, lo que implica trabajar de manera interdisciplinaria. En el campo de los valores sería necesario entonces una investigación que reflexione los aportes de la Psicología, la Sociología, la Pedagogía, la Didáctica, la teoría curricular y de manera muy relevante de la Filosofía. 

Asentar en el diálogo estas disciplinas y no despreciar el aporte filosófico que sigue considerándose como ajeno a la investigación, que resulta fundamental para continuar con el ejemplo que el mismo Latapí nos aporta con su obra. Hacen falta filósofos de la educación que se enfoquen a investigar nuevos enfoques éticos que puedan reconocer a los tiempos actuales y derivarse en propuestas de instrumentación didáctica para la educación valoral.

SISTEMA DE VALORES EN LA EDUCACIÓN.

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Debemos tener presente que cada sociedad selecciona del sistema general de valores aquellos que considera más adecuados para satisfacer las necesidades sociales, siendo la institución educativa la encargada de su transmisión y desarrollo, por medio de la actividad educativa que se desarrolla en su seno. 

Ahora bien, podemos definir que la educación es aquella actividad cultural que se lleva a cabo en un contexto intencionalmente organizado para la transmisión de los conocimientos, las habilidades y los valores que son demandados por el grupo social. Todo proceso educativo está relacionado con los valores y por medio de la educación, todo grupo humano tiende a vincularse, siendo los valores el medio que da coherencia al grupo al proporcionarles unos determinados estándares de vida. En todo tiempo y lugar, la institución educativa ha contribuido al proceso de socialización de las jóvenes generaciones en los valores comunes, compartidos por el grupo social, con el fin de garantizar el orden en la vida social y su continuidad. 

Si la transmisión de unos valores considerados como fundamentales, era indispensable en las sociedades tradicionales con el fin de preservar sus tradiciones y sus formas de vida marcadas por su uniformidad cuanto más complejas y plurales son las sociedades, como acontece en las sociedades democráticas actuales, tanto más necesaria se hace la tarea de una educación en valores para el mantenimiento de la cohesión social.

Según Brezinka la educación en valores viene a ser una corrección de la democracia liberal a favor de ciertas virtudes cívicas imprescindibles y de los deberes fundamentales que los individuos tienen con la colectividad. En este sentido, "las personas necesitan que en medio de todo cambio haya algo (relativamente) estable: unos bienes culturales transmitidos, tradición y, con ello, también unas formas (relativamente) permanentes de interpretar el mundo y unas normas fijas de regir la vida, además de una coacción social y unos controles, a fin de que los individuos adquieran y conserven un autocontrol según esas normas". 

Para que sea posible y eficaz ese aprendizaje de valores se requieren tres contextos principales:

  1. Una relativa unidad y congruencia en los valores de los agentes educativos (familia, institución educativa y estado).
  2. La constancia de sus costumbres.
  3. El buen ejemplo de las personas con las cuáles uno convive efectivamente. 

Los valores aparecen formulados de forma prescriptiva en los currículos oficiales, reformulados en los proyectos educativos y en los idearios de cada centro educativo, dónde se acomodan a la cosmovisión de cada comunidad educativa, y se concretan y materializan en el proceso de intervención educativa que emprende cada docente en el aula. 

La construcción del currículum está sujeta a una opción por determinados valores, a su jerarquización, y a su sistematización y estructuración de los mismos. En cuanto a la praxis educativa deberá posibilitar la recreación y creación de valores, y la propia jerarquización por parte del educando. Se trata como fase terminal de un proceso educativo que se inicia con las formulaciones de las metas establecidas para la educación obligatoria, de procurar que el educando vaya adquiriendo los valores adecuados y los interiorice y traduzca luego en un proyecto personal de vida que guíe sus obras como individuo y como ciudadano de una colectividad. Aceptada la necesidad de una educación en valores de forma específica, dos son los problemas que el educador ha de asumir: qué valores y actitudes pueden y deben ser contenidos de la educación y por medio de qué técnicas y estrategias se pretenden transmitir.

Los cambios sociales y culturales promovidos por la revolución científica y tecnológica, han jugado un importante papel en la crisis de los esquemas de valores y de los sistemas de creencias de la sociedad actual. Coombs, sostiene que la crisis actual del sistema de valores tiene su origen en la transformación social que se produjo en la civilización occidental, a partir del siglo XIX. Las sociedades de Europa y de América del Norte cambiaron sus formas de vida como consecuencia de la industrialización y el desarrollo de la urbanización que siguió a aquel periodo. El fuerte control moral ejercido mancomunadamente por la familia, la institución educativa y la iglesia sobre la infancia y la juventud empezó a relajarse sin que ningún otros agente o institución social las reemplazara.

En los años treinta, surgieron nuevas actitudes de carácter ideológico que contribuyeron a esa despreocupación por las cuestiones de tipo axiológico. La educación moral confundida generalmente con la educación religiosa era considerada como equivocada por los ideólogos más destacados de la educación; sobre todo, en las sociedades cada día más pluralistas en las que la escuela pública deseaba dejar muy patente la separación entre educación y religión. Por otra parte el avance científico desarrolló un optimismo desmesurado en la capacidad del pensamiento científico para resolver todos los problemas de la humanidad. 

Se crea la impresión de que el conocimiento científico y el pensamiento crítico personal bastan ya para orientar la propia vida, excluyendo los sistemas de creencias heredados. Se trata de una mentalidad individualista dispuesta a criticar todo lo que sean normas, tradición y autoridad. Maestros y representantes de la autoridad temen ser criticados si defienden las normas, y ese ambiente favorece la indiferencia moral, política y educacional, permitiéndose cosas que deberían ser evitadas. 

El detonante de la crisis tiene lugar en los años setenta, fecha en que el panorama social sufrió una gran convulsión como consecuencia de la contestación juvenil y estudiantil en los campus universitarios de Europa y de Estados Unidos. Los vientos de revolución del "Mayo francés" con toda su carga de subversión de la sociedad y de los valores que la sustentaban, produjeron una profunda inquietud en los líderes políticos de Occidente, en los padres y en los docentes. La opinión pública estimó que la causa primera de esta preocupante desintegración social era el fracaso de la escuela para imponer pautas de comportamiento elevadas y para conseguir que los jóvenes aprecien los valores morales tradicionales. 

La solución parecía obvia. Había que introducir la educación moral en las escuelas junto con los otros temas culturales básicos. La crisis del sistema de valores llevó a los países más avanzados del mundo occidental a plantearse la necesidad de un programa específico de educación en valores. A la hora de plantearse el contenido específico de dicho programa cada país lo abordó teniendo en cuenta las circunstancias políticas, socio-históricas y culturales del momento. 

En Estados Unidos, en la década de los setenta, se daban las condiciones socioeconómicas, culturales y políticas (heterogeneidad cultural, desarrollo industrial avanzado, conflictividad social, enfrentamientos raciales, etc.), que hacían necesario un cambio educativo centrado en una educación en valores. La orientación adoptada rompe con la imposición al estudiante de rígidas escalas de valores y propone, en su lugar, un enfoque basado en la organización sistemática de actividades formales e informales que ayuden al estudiante a definir, explicar y probar sus valores. Se configura así la denominada teoría de la "clarificación de valores" desarrollada por Raths y colaboradores que terminaría por imponerse en el país norteamericano. El éxito de esta teoría fue tal que en los años siguientes se extendería por otros muchos países. Concebida para ser aplicada con un criterio de interdisciplinariedad en las áreas fundamentales del currículo, será, sin embargo, en el programa de estudios sociales dónde alcanza una mayor implantación con contenidos temáticos del tipo: educación ambiental, educación del consumidor, orientación vocacional, educación multicultural/multiétnica, educación global e internacional, educación jurídica, educación contra las drogas, educación familiar. Por la misma fecha, Alemania vive un proceso similar de renovación educativa centrada en valores, con objeto de frenar la conflictividad y la confusión reinante causada por los nuevos fenómenos sociales que se dan en el país (drogadicción, terrorismo, protesta estudiantil, individualismo, descuido de los deberes personales y colectivos, etc.). 

El esquema elegido como en el caso estadounidense, se centró en la elección de un programa específico de educación en valores que tenía aspectos tan diversos como principios morales, instituciones, normas jurídicas, virtudes, sentimientos, actitudes, democracia y Estado de derecho. En España, y coincidiendo con el periodo de transición democrática, se establece en el nivel de Educación General Básica la asignatura de "Educación para la Convivencia" con el propósito de transmitir a los alumnos de esa etapa educativa nociones básicas sobre los derechos y libertades fundamentales, a punto de ser reconocidos por la Constitución de 1978. Pero, habrá que esperar a la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo para encontrarnos con una propuesta operativa de educación en valores, cuyo propósito fundamental es sacar a esta dimensión educativa del ámbito del currículum oculto. El currículum de la Reforma establece una educación en valores y actitudes por medio de dos tipos de contenidos: los contenidos actitudinales y los Temas Transversales.

Los contenidos actitudinales, comprenden las actitudes, valores y normas y figuran en todos los bloques de contenidos en que aparecen estructuradas las áreas curriculares con el propósito de que se programen y desarrollen conjuntamente con la enseñanza de los contenidos conceptuales y procedimentales. Los temas transversales, llamados así porque cortan el currículum escolar en sus diferentes ámbitos de conocimiento, se configuran en forma de contenidos temáticos de carácter interdisciplinar de gran significación social y cuyo aprendizaje se considera imprescindible para la formación integral de los ciudadanos. Son la educación moral y cívica, la educación para la paz, la educación para la salud, la educación para la igualdad entre los sexos, la educación ambiental, la educación sexual, la educación del consumidor y la educación vial. En estas nuevas propuestas de educación en valores se observa una tendencia muy generalizada a prescindir de los grandes valores antropológicos y espirituales y considerar tan sólo aquellos valores que garantizan una convivencia democrática, tales como la libertad, la tolerancia, el respeto mutuo, la solidaridad y la participación responsable en las actividades e instancias sociales. Junto a estos valores sociales, la escuela debe incluir en sus enseñanzas los distintos valores que existen no sólo en la sociedad española; sino en el mundo y que forman parte del patrimonio común de la humanidad, y exponer y someter a debate con los alumnos las consecuencias sociales e individuales que tiene la elección de unos valores determinados. 

El fenómeno de la globalización, con toda la serie de problemas que conlleva movimientos migratorios expansivos, choque y contacto de grupos humanos con culturas diferentes y mentalidades colectivas contrapuestas sitúa la crisis de valores en un nuevo contexto espacial de alcance planetario que va a exigir la redefinición y elaboración de un nuevo esquema de valores más antropológico, más centrado en la dimensión universal y humanizadora del hombre y menos etnocéntrico. La formación y desarrollo de una sensibilidad cultural cosmopolita obliga necesariamente a una revisión en profundidad de los currículos de educación básica, en general, y de los contenidos actitudinales, en particular, que supere la estrechez de miras culturales que lo caracterizan en la actualidad mediante el contacto emocional y cognitivo con la diferentes culturas.

Misión y Visión de Docentes 2.0



La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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