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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

EL CEREBRO Y LA DIDÁCTICA

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La neurodidáctica es un método reciente que se ocupa de estudiar la optimización del proceso de enseñanza – aprendizaje fundado en el desarrollo del cerebro, es decir, es la disciplina que favorece el aprendizaje con todo el potencial cerebral.

El aprendizaje y la memoria son dos procesos cerebrales estrechamente entrelazados que originan cambios adaptativos en la conducta. La estabilización de los cambios neurales que tienen lugar tras el aprendizaje permite la consolidación de las memorias y su mantenimiento a largo plazo.

Para la didáctica de acuerdo con el enfoque vigotskiano, el aprendizaje es el proceso de apropiación por el estudiante, de la cultura, bajo condiciones de orientación e interacción social. Hacer independiente esa cultura requiere de un proceso activo, reflexivo y regulado, mediante el cual se apropia de forma gradual, de las características de los objetos, procedimientos, las formas de interacción social, de pensar, del contexto histórico social en el que se desarrolla y de cuyo proceso dependerá su propio desarrollo.

La neurodidáctica respalda el conocimiento del funcionamiento cerebral, de aquellas estructuras cerebrales que son las responsables del aprendizaje. Conocerlas permiten a los docentes convertirse en entrenadores de esas funciones mentales que impulsan el aprendizaje. La neurodidáctica se ocupa de la manera de hacer las clases para que estás favorezcan el aprendizaje significativo de los educandos.

Los principios básicos de la neurodidáctica se basan en las siguientes ideas:

1. El aprendizaje solicita un papel activo del estudiante.

2. El aprendizaje requiere acatamiento a los ritmos, intereses, nivel y necesidades de cada e.

3. Para que se origine un verdadero aprendizaje es fundamental que los estudiantes sean los protagonistas del proceso y los responsables del mismo.

4. El aprendizaje concreta la exploración, búsqueda de sentido, razonamiento y comprensión. 

5. Los estados emocionales son los que determinar el aprendizaje.

6. El rol de las neuronas espejo en el aprendizaje es indiscutible.

La neurodidáctica admite un cambio en el paradigma educativo tradicional, intenta modificar los modelos de enseñanza antiguos y tradicionales que no consideran las bases neurales que subyacen al aprendizaje. Algunos métodos, de la neurodidáctica para potenciar el aprendizaje en el aula de clases son:

1. Clase invertida.

2. Grupos reducidos y aprendizaje cooperativo.

3. Dar el rol activo a los estudiantes para el comienzo del aprendizaje.

4. Clases más flexibles, en cuanto a metodología, agrupación, horarios y métodos de trabajo.

5. Dinámicas basadas en el aspecto lúdico, en el compañerismo y en la verdadera naturaleza de los educandos.

6. No utilizar ningún método en concreto, sino un método específico para cada estudiante.

En síntesis, las neurociencias conciben la categoría aprendizaje como cualquier variación en las conexiones sinápticas que produzcan cambios en el pensamiento y comportamiento, que puedan generarse a través de la información teórica, la práctica o las experiencias de vida.

Próximo curso en nuestra Aula Virtual “Neurodidàctica”, fecha de inicio 15 de enero del 2017. ¡Te esperamos! 

INFOGRAFÍA: ESTRUCTURA DE LA PROGRAMACIÓN DIDÁCTICA

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“La programación didáctica es aprobada por el claustro de profesores y concreta, para cada ciclo y para cada curso, los diferentes elementos del currículo con la finalidad de que el alumnado alcance el máximo nivel de desarrollo de las dimensiones física, intelectual, afectiva, social y moral de su personalidad”.

Para ver la infografía puedes entrar a la sección a través de este Enlace.

LA PRÁCTICA DIDÁCTICA

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Es cierto, que son múltiples los elementos que inciden en la práctica educativa y en consecuencia que están comprometidos en su mejora. Todos ellos, son importantes. La selección de los contenidos, el tratamiento integrado de los mismos, la organización espacial y temporal, los materiales y recursos didácticos, la vinculación o la proximidad entre las actividades y los intereses del estudiante, la función social de las labores, la diversidad del educando, los ritmos y modos de aprender, la organización del docente para dar respuesta a todos estos aspectos, el trabajo en equipo, las altas expectativas o el fomento del deseo de aprender.

Pero, ¿En qué espacios de trabajo abarca la práctica didáctica?

Algunos expertos coinciden, en distribuir los ámbitos de reflexión sobre la práctica didáctica en seis apartados. Los cuales, parecen ser una clasificación coherente que facilita la labor docente. Entre ellos tenemos: 
  1. Motivación del Estudiante
  2. Tratamiento de la Diversidad
  3. Protagonismo del Estudiante
  4. Actividades de Aula
  5. Evaluación
  6. Programación
En la perspectiva de una institución educativa más eficaz para todos, organizar y animar situaciones de aprendizaje, ya no es un modo superficial y complicado de definir, lo que hacen de manera espontánea todos los docentes. Esta expresión hace insistencia en la voluntad de elaborar situaciones didácticas óptimas, incluso y en primer lugar para los educandos que no aprenden escuchando lecciones.

Conocer, a través de una disciplina determinada, los contenidos que hay que enseñar y su traducción en objetivos de aprendizaje. La verdadera competencia pedagógica consiste en relacionar los contenidos por un lado con los objetivos, y por el otro lado, las situaciones de aprendizaje. Esto no parece necesario cuando el docente se limita a recorrer, capítulo tras capítulo, página tras página, el texto del conocimiento.


LA DIFICULTA EN LA TRANSMISIÓN DE VALORES

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Los seres humanos fundan sus valores a través de la socialización. Y, ésta se presenta en dos fases de la vida: en el seno de la familia, y en la institución educativa. Una de las características de la socialización, es la carga afectiva con la que se trasfieren los contenidos y la identificación con el mundo tal y como lo presentan los adultos.

Asimismo, la creciente variedad de estructuras que adquieren las familias en la actualidad, ha llevado a que las prácticas cotidianas y los tipos de relaciones en las que interactúan sus miembros, se modifiquen drásticamente dando como resultado, por un lado, la inversión de valores que viven los hijos y, por otro lado, la poca destreza de los padres para educarlos en lo esencial. Debido a ello y al insuficiente tiempo con que muchos padres cuentan para atenderlos, se desconectan de la vida diaria de sus hijos, y para compensarlo, los llevan a colegios en los que confían la formación valoral de los pequeños a docentes que consideran competentes.

La dificultad no termina ahí, ya que existe un análisis entre lo que se enseña en la familia y lo que la institución educativa determina como valioso, esto representa para los estudiantes una contradicción entre lo que se afirma que es bueno en casa y lo que los docentes transmiten como valor; provocando en los educandos graves confusiones y una pérdida de autoridad de ambos educadores. Asociados a esta situación, existen otros agentes socializadores que en la actualidad cobran cada vez mayor importancia en la vida de los estudiantes. 

Estos agentes hacen referencia a la transmisión de valores que se produce en los diferentes ámbitos sociales en los que los pequeños interactúan, y que educan de acuerdo a sus valores: 

1. Una formación en las creencias que la familia sostiene acorde a sus creencias ideológicas y/o religiosas. 

2. Principios y conductas específicas que practican sus amigos.

3. La carga de valores y antivalores a los que se encuentran expuestos por largas horas a través de los medios de comunicación, en especial la televisión, la cual les “vende” sus propios “valores”. 


Otra de las dificultades que se percibe es la incoherencia en las conductas que muestran los modelos a seguir que con frecuencia carecen de consistencia con respecto a lo que enseñan. Esta incoherencia que perciben los estudiantes día a día en la actuación de dichos educadores no sólo los confunde, sino que esta pierde toda la fuerza que se requiere para vivir auténticamente una vida recta. 

La institución educativa se muestra como un lugar donde se abre la posibilidad de establecer relaciones con sujetos que tienen visiones diferentes del saber hacer cotidiano a partir de los códigos que han aprendido en sus casas. La institución educativa, se convierte en un lugar privilegiado donde se relacionan con diversos grupos con culturas propias, con formas particulares de valorar el mundo que les rodea y lo complementan con la forma particular que desarrolla en sus aulas para ampliar sus horizontes.

LA EDUCACIÓN Y LOS VALORES UNIVERSALES

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La educación ha sido un objetivo inmenso para todo el mundo, la necesidad de trasmitir a los individuos que integran su sociedad, los conocimientos necesarios que los identifiquen como una cultura en los aspectos fundamentales de ésta: filosóficos, religiosos, artísticos, familiares, entre otros. Todos estos conocimientos se han impulsados a través de diversas formas de enseñanza según el tiempo y lugar, con la intensión de fortalecer y prevalecer las costumbres, tradiciones y valores, mismos que determinan el comportamiento de la sociedad misma. Ya que con la educación se busca conservar e instruir individuos benéficos para su desarrollo. 

Todas las culturas en la actualidad, han integrado como parte fundamental de su conservación e identidad nacional, los llamados valores universales. Estos valores han sido comunicados con diversas formas de enseñanza, de un individuo a otro, dentro de la educación familiar, religiosa, comunal, hasta llegar a ser impartida por el Estado como una forma de educación oficial. 

Realmente, con la educación se intentar no sólo transmitir conocimientos básicos de cómo se debe comportar una sociedad, sino ir más allá, ser capaz de conservar los ideales propios que la distinguen. De igual forma, la educación ha sido establecida como intermediaria para el proceso de adaptación al cambio que presenta una sociedad, adaptando los procesos de enseñanza-aprendizaje no como una norma trasmisora de conocimientos, sino, trabajar con los mecanismos necesarios para la construcción de nuevos aprendizajes adaptables a las necesidades de los educandos y la sociedad misma. Razón por la cual, el docente ha sido no sólo un instructor o trasmisor de, sino como un formador y desarrollador de habilidades en los individuos, una persona comprometida y creadora capaz de infundir los contenidos de los conocimientos de forma razonada y actualizada en el contexto de su tiempo. 

Con estas necesidades, se han generado que filósofos como Platón, Sócrates o Aristóteles enfocarán su mirada en la educación que los estudiantes, influyendo con sus pensamientos a muchos otros educadores para comprender desde las formas elementales, hasta los complejos procesos de la enseñanza-aprendizaje por los que el docente y estudiante tienen que pasar para la impartición y adquisición de los conocimientos. Muchos han sido los educadores que han puesto mayor interés sobre el trabajo de la enseñanza, sobre todo en la etapa de la niñez y la adolescencia, como lo fueron Rousseau, Luis Vives, Tomás Moro, entre otros, quienes establecieron las bases ideológicas y pedagógicas para la impartición de la educación básica, que tras de sí, se encuentra la creación de la sistematización de la educación. 

El docente, es la clave para que los procesos de enseñanza-aprendizaje sean empleados íntegramente para el beneficio de los estudiantes. Es esta razón que tiene que estar dispuesto a realizar la actividad de la enseñanza dentro de los marcos éticos y profesionales a que está comprometido y asumir la responsabilidad de tener en sus manos la educación. Sus intereses personales no deben anteponerse al acto de conservar e intensificar la educación de un individuo, sino de ser un modelador de las capacidades que éstos poseen, para así, lograr que sus alumnos logren mejores resultados con la instrucción intelectual y cultural en general. 

Actualmente, con una sociedad mundial consumista, la inestabilidad social de la población, el limitado desarrollo económico de las mayorías, así como el egoísmo de los gobiernos ante las necesidades de la gente más necesitada; ha generado que los intereses orientados hacia la educación, sean operados y desarrollados con proyectos limitadores de las capacidades intelectuales, artísticas, emocionales y psicológicas de los seres humanos. 

Es necesario, tener nuevos instrumentos para tener nuevas y verdaderas oportunidades de desarrollo, para no limitarlos a las carencias que tienen que sufrir de por sí, sino formarlos como individuos competentes en todos los sentidos, que los beneficios que le ofrezca una verdadera educación de calidad, con logros propios para que pueda tener una satisfacción personal y un desarrollo y desempeño profesional, de esta manera no solo mejorar su propia calidad de vida, sino de generar beneficios al propio entorno cultural de su comunidad y el del resto del mundo.


LA EDUCACIÓN EN VALORES.

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En la actualidad, existe una mayor preocupación por el futuro de los jóvenes, el no saber, o no tener la habilidad de transmitir los valores de forma correcta causa una sensación de inseguridad, tanto en las familias como en los docentes. En consecuencia de los cambios acelerados que se están produciendo en la sociedad tales como: la amplia información de estímulos que nos llega de los medios de comunicación, la competitividad, el consumismo, las nuevas corrientes pedagógicas, Internet, la desaparición de la familia tradicional, la incorporación de la mujer al mundo laboral, movimientos migratorios masivos, entre otros., han provocado un cambio de costumbres, que para bien y algunas veces para mal, está provocando deterioro en los jóvenes, ya que no tienen un modelo de referencia. Debido a la complejidad de esta nueva realidad se hace cada vez más necesario construir nuevas formas de convivencia que se sustenten en la solidaridad, cooperación y el diálogo, como posibles alternativas a los conflictos. 

La familia es el primer tramo de aprendizaje, ofrece cuidado, protección, afirma la subsistencia y contribuye a la socialización en relación a los valores aceptados socialmente. En el seno de la familia, se constituye el primer eslabón en el compromiso de educar en valores, los jóvenes aprenden continuamente de sus padres, pero no sólo de lo que les transmiten sino también de lo que ven día a día, de sus comportamientos y maneras de proceder. La familia es transmisora de valores, ideología y cultura, aportando un sistema de creencias y convicciones. Un ejemplo base es, familia que se responsabiliza en la educación en valores es la familia democrática que constituye la base de la responsabilidad y el sentimiento de grupo, a medida que los hijos van creciendo comparten esa responsabilidad, siempre teniendo como figura de apoyo a los padres. Pero, desafortunadamente la capacidad educadora y formadora de la familia se está reduciendo considerablemente, delegando funciones a la institución educativa que antes lo asumía la familia. Ni los docentes, ni la institución educativa son los únicos agentes exclusivos de cambios sociales y morales, debemos tener en cuenta a la familia y a los medios de comunicación que desempeñan un importante papel educativo. 

Se puede hablar de ciertos problemas para educar en valores: 

  1. La no unión de valores de la familia, de los medios de comunicación y el centro educativo. 
  2. La transmisión a la institución educativa de un conjunto de funciones socializadoras que antes pertenecían a la institución de la familia. 
  3. Educar en valores es una tarea compartida por toda la comunidad educativa, la educación formal siempre resultará insuficiente. 
  4. La crisis moral de la sociedad, en la que los valores tradicionales desaparecen apareciendo los contravalores, acompañada de la crisis del sistema educativo, donde las palabras educación, instrucción y enseñanza se utilizan indistintamente y se confunden.
  5. Crisis de valores de la familia y pérdida de liderazgo de la figura docente. 
Los valores son contenidos que pueden ser aprendidos y enseñados, y el centro educativo no es el único lugar donde se pueden trabajar. Sería deseable que la educación en valores no se promoviera sólo desde las áreas curriculares o los temas transversales, sino que también se basará en la imitación de modelos y en las prácticas propias de la vida cotidiana en la familia y en otros contextos. 

Realizar, hoy en día la educación en valores es una tarea colectiva, por una parte, de las instituciones educativas, pero también de las familias y los propios estudiantes. El problema de educar en valores hoy no concierne sólo a los educadores y a las familias, porque el objetivo de crear ciudadanos activos y participativos es una meta de todos los agentes implicados, ya que se debe crear esfuerzos colectivos y complementarios en beneficio de una sociedad mejor. 

La educación en valores se dirige a un proyecto social, como un espacio ampliado en el tiempo y con múltiples agentes sociales implicados. Sin una coordinación adecuada entre institución educativa y sociedad tendrá lugar los conflictos y las contradicciones entre los valores deseables y la educación para los valores vigentes en la vida. No es tarea exclusiva sólo del ámbito docente, sino de toda la comunidad educativa, con un papel muy importante de la familia.

EDUCAR EN VALORES.

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Realmente, las instituciones educativas saben muy poco acerca de cómo hacer mejores a los hombres. Pero, de acuerdo con el autor Latapí la realidad es que “Sabemos poco acerca de la ética en la educación y de cómo hacer operativa una ética determinada a través de enfoques metodológicos para educar en valores”. 

Es muy poco lo que se ha avanzado en estos años, a partir del retorno de la preocupación moral a la institución educativa. En el terreno teórico, más allá de las corrientes que podemos considerar clásicas, en las que da recuento el autor Escámez en su obra ya clásica: “La enseñanza de actitudes y valores”, proyecto de vida y desarrollo de la personalidad moral, que han generado intentos de instrumentación didáctica como el aprendizaje servicio o el desarrollo del autoconocimiento de los educandos y su visión de futuro a través de planes de vida. 

Ambos direcciones suplican la necesidad de una mayor integralidad de la formación valoral, superando la visión predominantemente racional del enfoque de Kohlberg y tratando de considerar al educando y su dimensión valoral en su dimensión afectiva y en la visión reflexiva sobre su correcta existencia más que en la clarificación de valores abstractos o principios éticos universales y de su inclusión en una comunidad humana concreta para mejorar sus condiciones de vida. 

No obstante, estos pruebas de construcción teórico-práctica de enfoques de educación valoral, más adecuados al nuevo conocimiento sobre el aprendizaje de los estudiantes y a nuevos pensamientos de los valores en la educación en sociedades abiertas, plurales y democráticas no han sido suficientemente trabajados en donde los programas y textos de formación en valores de uso periódico tienen todavía mucho del enfoque de enseñanza de valores aunque dicha enseñanza o inculcación se proponga a través de medios dialógicos, activos y participativos. 

Poco se sabe de cómo educar en valores todavía y desdichadamente el estado del conocimiento en esta área temática muestra todavía una superioridad de investigaciones empíricas sobre los valores declarados por estudiantes y docentes en diversos niveles o sobre los valores a enseñar en los planes de estudio y las legislaciones y políticas sobre educación en valores en los sistema educativo, con algunas excepciones destacables pero minoritarias como es el caso de la investigación de Fierro y Carbajal, que parte de un marco teórico respaldado en enfoques filosóficos y psicológicos del tema y construye una manera novedosa de indagar la oferta valoral de los docentes, que es aplicable sin duda a otros niveles educativos y contextos geográficos. 

Lo poco que se sabe, no llega a ser conocido por los actores de la educación. Los docentes y directores escolares hablan del tema de la educación en valores, pero muchas veces sin haber estudiado los enfoques existentes para instrumentar esta dimensión de la educación y mucho menos tomando una postura clara sobre el tema. 

Pero el problema de fondo, es más grave aún y aquí retorna a surgir con urgencia la relevancia de la obra de Latapí y sus contribuciones para la educación. El problema fundamental es que la preocupación de los docentes, directivos, funcionarios y parece ser que aún de los diseñadores curriculares y autores de textos sobre el tema es una preocupación exclusivamente práctica y reducidamente práctica. 

Se considera, que el problema es encontrar un método a modo de receta firme para la formación valoral y que este método vaya acompañado de materiales, técnicas, instrumentos que resuelvan el problema sin necesidad de aportar nada de parte de los educadores. En este escenario, se vive una auténtica confusión y se cae en una elección en la formación en valores porque no se está dando a la Filosofía, a la ética entendida como Filosofía moral el papel que le corresponde para sustentar todas las mediaciones y aplicaciones didácticas que puedan irse creando. 

La preocupación del autor, en todos los temas educativos durante su carrera como pionero de la investigación educativa, fue siempre la de estudiar el fenómeno educativo en toda su complejidad, lo que implica trabajar de manera interdisciplinaria. En el campo de los valores sería necesario entonces una investigación que reflexione los aportes de la Psicología, la Sociología, la Pedagogía, la Didáctica, la teoría curricular y de manera muy relevante de la Filosofía. 

Asentar en el diálogo estas disciplinas y no despreciar el aporte filosófico que sigue considerándose como ajeno a la investigación, que resulta fundamental para continuar con el ejemplo que el mismo Latapí nos aporta con su obra. Hacen falta filósofos de la educación que se enfoquen a investigar nuevos enfoques éticos que puedan reconocer a los tiempos actuales y derivarse en propuestas de instrumentación didáctica para la educación valoral.

¿QUÉ SON VALORES?.

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De acuerdo con el autor Bolívar, “Los valores son los principios y criterios que determinan las preferencias y actitudes de las personas”. Los valores instituyen en una sociedad concreta, y también para un grupo social o una persona, aquello que es deseable o no. Es decir, los valores expresan las contextos individuales y colectivas deseables para satisfacer las necesidades humanas. Por ende, diferentes valores se expresan en diferentes estilos de vida o pautas de comportamiento practicadas por grupos sociales.

Los valores pueden clasificarse de diferentes modos en función del “objeto” al que se refieren, pero una clasificación referida al sujeto resulta más conforme al desarrollo moral de las personas y ofrece más posibilidades educativas. De este modo, conversaríamos de valores individuales como la higiene, la belleza, o la amistad, valores sociales como el respeto, la tolerancia, o la solidaridad, y por último valores morales o éticos. Los valores individuales y sociales tienen un carácter instrumental respecto de los valores éticos que suponen elaborar un sistema propio de preferencias morales que permiten el razonamiento y el juicio moral.

A la hora de proyectar la educación en valores en los centros educativos conviene distinguir la existencia de principios morales de validez universal (respeto, dignidad humana, igualdad, solidaridad, etcétera.) que son recogidos en las declaraciones de derechos humanos, constituciones y el propio currículum escolar, de otros valores, no necesariamente compartidos, que representan opciones personales legítimas y respetables relacionadas con los modos de vida, la moral sexual, etc. 

Educativamente debemos considerar que los valores no se pueden observar directamente, pero se traducen en actitudes y éstas en normas y hábitos o patrones de conducta: el valor justicia nos impulsa a criticar y actuar en contra de las situaciones que creemos injustas, o el de tolerancia a respetar las diferencias que se manifiestan en otras personas. Aunque no siempre, se actúe de modo coherente con nuestros principios morales.

Según Domínguez, “Los valores son construcciones sociales dinámicas que evolucionan y que se transmiten y asimilan por aprendizaje social”. El papel del sistema educativo en la transmisión de valores es fundamental para la defensa de la cultura de una sociedad. Desde esta perspectiva la educación en valores formaría parte de la socialización como proceso normativo que consigue que los miembros de una colectividad aprendan los modelos culturales de su sociedad, los asimilen y los conviertan en sus propias reglas personales de vida.

Siendo necesario integrar a los miembros de una sociedad por medio de valores, normas y pautas de comportamiento comunes, la educación en valores no debe convertirse en adoctrinamiento. Una educación integral debe anhelar a que los estudiantes construyan su propio sistema valorativo en interacción con los iguales y los educadores, desde el diálogo y el respeto al otro. En este sentido, más que hablar de educación en valores deberíamos hablar de educación moral. Su objetivo es propiciar el desarrollo del razonamiento moral de los estudiantes a partir del análisis de las situaciones personales y sociales (conflictos y dilemas morales). Según Graham, “Las personas tienen que apreciar la fuerza del pensamiento moral por sí mismas, siendo la educación moral las que las capacita para ello sin necesidad de imponerles nada”.

Finalmente, se ha de relacionar la socialización con el desarrollo moral del estudiante, dominando una educación que permita al estudiante integrarse en una sociedad a partir de la aceptación de una serie de valores mayoritarios como marco ético individual y colectivo, pero además se ha de propiciar el desarrollo de su propio sistema de valores manteniendo las posibilidades de transformar y mejorar esa sociedad.

LA PÉRDIDA DE VALORES EN LA DOCENCIA.

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La transformación por la que atraviesa el mundo actual y el carácter incierto de los acontecimientos que se suceden, generan un cuadro que suscita entre investigadores e intelectuales los caracteres propios de una contienda. Así es que se aprecian visiones que se debaten entre la apología ingenua y el desasosiego de la denuncia enconada. Nuestra época de transformaciones también es el escenario de tragedias indescifrables, de creaciones inesperadas cada vez más intangibles y evanescentes. Como lo señalara Ernesto Samper lo que hoy se llama globalización, no constituye un escenario en el sentido de un argumento bien concatenado de sucesos y estrategias, sino, por el contrario, un locus en cuya superficie se desarrolla un avance incierto hacia un orden nuevo en las relaciones interplanetarias, distinto del que caracterizó a la Guerra Fría.

Como ha sucedido en otros periodos de la historia contemporánea es hacia la educación donde primero se dirigen los propósitos de transformación socioeconómica de los países. Así, los cambios experimentados por nuestras sociedades donde el conocimiento, la información y la comunicación se han vuelto centrales, proyectan nuevos desafíos a la educación. Sin embargo, es la educación desde un núcleo teórico bien estructurado la que debe abordar sus propias problemáticas y no actuar de manera simplemente funcional a los cambios que se desarrollan a su alrededor. Y tal núcleo teórico se enfrenta hoy al dominante de pensar la situación actual de una cultura, economía y sociedad diferentes. 

Es por ello, uno de los aspectos centrales que encierra reflexionar es la nueva configuración ofrecida por la función cultural que cumple la educación, en tanto hoy rige sobre ella el imperativo de dirigir la educación hacia el conocimiento. Un conocimiento que es preciso diferenciar de una amplia variedad de capacidades de acceso, procesamiento y recopilación de información de los que provee actualmente la psicología educativa, así como de las habilidades operativas específicas que interesan a la producción económica. Ambas aproximaciones tienden a separar al conocimiento y a la educación del rol que juegan en la cultura y sociedad actuales y a los que cabe el rol de una formación ciudadana capaz de integrar al cuerpo social.

Algunos planteamientos apuntan en una dirección similar al reconocer que el imperativo económico de formación para el trabajo carece de fundamento sin la debida formación ética de los futuros ciudadanos, quienes habrá de juzgar y de decidir acerca de los rumbos adoptados en el pasado y a seguir en el futuro por las economías nacionales. Un sistema educativo abocado a la transformación económica de un país que no provea de la formación suficiente para que sean los diversos espacios sociales y culturales pertenecientes a un país los que decidan acerca de la transformación de los sistemas educativo y económico, es un sistema que opera de modo tecnocrático sin dotar a la educación de un rol claro en lo cívico, lo social y lo cultural. 

Los efectos de ello no impactan sólo sobre lo económico, puesto que amenazan también a la gobernabilidad, la equidad y la integración social. En la educación, planteamientos como el anterior, ven la necesidad de apuntar no sólo hacia un desarrollo económico, sino que precisamente para dar sustentabilidad social al mismo, que éste se vea acompañado por un desarrollo en la creación de redes de participación ciudadana y en una integración social equitativa. Ello involucra poner el acento en modalidades eficientes de descentralización del sistema educativo que permitan una efectiva democratización del sector, la implementación de políticas de discriminación positiva que sienten las bases para una equidad en el acceso social a la educación y una formación docente capaz de dar efectivo sustento a las reformas educativas implicadas.

A pesar de los ya mencionados esfuerzos teóricos por establecer una deontología que satisfaga las necesidades actuales, el relativismo moral ha atravesado de tal manera en nuestra sociedad, que todas las profesiones han sufrido un deterioro ético que enflaquece el correcto desempeño. Es la advertencia que el propio Altarejos nos hace en su texto y que debe ser llevada inmediatamente al plano de la labor educativa que es, sin duda, uno de los ámbitos que entraña mayor exigencia ética de parte de la sociedad, como lo experimentan otras profesiones de alto impacto en la comunidad. “Todo acto de enseñanza es intrínsecamente ético”, por tanto cada acto o discurso del docente debe procurar el beneficio de sus estudiantes. 

Su responsabilidad es tal, que no puede suspender su actividad ni callar utilizando determinadas justificaciones para no caer en falta ética, como lo puede hacer un profesional de otra área. La docencia lleva consigo una práctica ética que comporta destrezas y metodologías didácticas, de ahí que su comportamiento ético también debe dar paso a la formación ética de los estudiantes. La docencia posee una “configuración radicalmente moral” que le da a su ética profesional un sentido propio, diverso y más sustantivo que el de otras profesiones. 

Lastimosamente, la docencia ha tenido que enfrentarse a problemas adjuntos que le han dificultado centrarse en su sola labor educativa. Desde hace mucho tiempo, la profesión docente ha sufrido un “deterioro social” que le ha hecho perder el prestigio de antaño, y del cual gozan otras profesiones cada vez más justificadas. Hoy se hace necesario contribuir al aumento del prestigio profesional de los docentes, el cual debe ir de la mano con el desarrollo de un compromiso moral del profesorado que incorpore el debido servicio a los educandos y la exigencia de un constante perfeccionamiento. 

El docente debe consolidar un modo de ser propio configurado por virtudes profesionales, es decir, capacidades que destaquen su profesionalidad. Un aspecto importante para contribuir con los fines enunciados, es la necesidad de seguir investigando en el campo de la ética docente pues, como en el caso de los contenidos factibles de entregar a los estudiantes, el material puede ser abundante pero no ha logrado resultados satisfactorios. La búsqueda debe llegar incluso más allá de la actividad de los profesores, pues la enseñanza es núcleo común de muchas otras actividades vinculadas a la docencia. La importancia de una permanente interiorización y producción de este tipo de contenidos radica en que un carácter esencial de la profesionalización puede llegar a ser la capacidad investigativa. 

La labor profesional docente es también cooperación, por ello debe ser asumida como ruta privilegiada para la necesaria re-humanización de nuestras comunidades. Asumir este reto como parte de la llamada “vocación” significa encarnar una ética facilitadora del encuentro entre iguales, encaminada a una legítima y democrática exploración de los intereses compartidos, inscritos en las necesidades de las personas y los pueblos; congruentes, además, con la exigencia de ampliar los horizontes del respeto a todos y cada uno de los seres humanos. Requerimos de una re-conversión de hombres y mujeres en ciudadanos y ciudadanas consientes, libres y responsables, plenamente partícipes de los procesos de socialización cultural, política, económica, etc. Cada uno debe sentirse parte de aquella comunidad histórica concreta en que ha surgido y en que se ha forjado con una idiosincrasia propia. 

El desafío de los profesores no es sólo transmitir conocimiento, su profesión conlleva un desafío de enorme resultado moral: formar hombres y mujeres libres capaces de autonomía moral, pero también felices y en constante relación constructiva con los demás. Porque aunque la ética es en sí misma primariamente personal, esta primacía no conlleva una indiferencia hacia una ética social. En esta doble perspectiva, estrechamente ligada a la educación en valores, es donde deben situarse los cometidos sociales de la profesión docente. Porque en ellos se asienta mucho de lo que justifica su presencia y relevancia en la vida de cada individuo, asociada a la prestación de un servicio público, con proyección y vocación públicas. Y esto no puede hacerse de cualquier manera. De ahí la insistencia en forjar una verdadera formación ética de carácter social, que inscriba el trabajo de los profesores en la senda de los intereses comunes de la sociedad.

Misión y Visión de Docentes 2.0



La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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