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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

EL SÍNDROME DE TOURETTE EN LAS AULAS DE CLASES

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En gran parte del mundo educativo, principalmente en las aulas de clases se pueden apreciar a educandos produciendo movimientos o sonidos emitidos de forma involuntaria, en la mayoría de los casos rápidos, arrítmicos y estereotipados-repetidos. Igualmente, que les ocurren en forma repentina y recurrentes, es decir, que se repiten en el transcurso del tiempo. Estos movimientos y sonidos involuntarios son llamados clínicamente tics o trastornos que generalmente aparecen, desaparecen o cambian. 

Clínicamente, se acostumbra a diferenciar entre tics simples o múltiples. La expresión simple, no significa que son simples para la persona que los padece, sino que son limitados a solo una parte del cuerpo por ej. sacudidas de la cabeza o pestañeos. Cuando se presenta de tipo verbal pueden ser la emisión de ruidos cortos como carrasperas o gritos. El límite entre tics simples y múltiples puede ser difícil de establecer. 

A continuación, presentamos una lista con los tics o trastornos más comunes en los estudiantes:

Tics motores simples 

Ojos: pestañeos, rápidos movimientos laterales o verticales, movimientos rotativos, apertura desmesurada de los ojos. 

Nariz, boca, movimientos de lengua, muecas: arrugar la nariz, morderse la lengua, morderse los labios, lamerse alrededor de la boca, ensanchar las fosas nasales, sacar la lengua. 

Cabeza y hombros: rozar la mejilla con el hombro, elevar la mejilla, echar la cabeza hacia atrás, sacudir los hombros. 

Brazos, manos: aletear con los brazos, comerse las uñas, hacer sonar las articulaciones de la mano, mover las manos como tocando algo inexistente, escribir repetidamente la misma palabra, frotar o morder el lápiz mientras escribe.

Piernas, pies: patear, doblar las rodillas, dar un paso adelante y atrás, pegar saltitos. 


Tics motores complejos 

Tocar objetos, contarlos, movimientos que se realizan después de ciertas situaciones, oler objetos, hacer gestos obscenos, imitar el movimiento de otras personas, entre otros. 

Tics vocales simples 

Toses, carraspeos, olfateadas, silbidos, escupitajos, piar como pájaros, ladrar como perros, entre otros. 

Tics vocales complejos 

Repetición de palabras, malas palabras o frases, palabras o frases del interlocutor, cambiar el tono o la intensidad de la voz repetidamente 

Tics motores múltiples. 

Son los que comprometen a más de un grupo muscular, por ej. el rozar los objetos. Está compuesto por movimientos coordinados que parecen tener un sentido. Puede ser caminar a lo largo de la orilla de un escalón y luego saltar al escalón superior. Estos tics múltiples pueden parecer para un observador, totalmente intencionados.

Copropraxia 

Es un tipo de tics que puede resultar muy molesto. Es el gesto de contenido obsceno con dedos o manos. Una clase especial de tics múltiples se manifiesta con un comportamiento autodestructivo, por ejemplo, golpearse la cabeza contra el pupitre, toquetear las heridas, morderse los labios o retorcer hasta hacer crujir distintas articulaciones. 

Ecopraxia 

Se designa así al hecho de imitar involuntariamente los movimientos de otra persona; algo que, hecho de forma muy evidente, es visto como extremadamente raro, provocativo y despierta mucha irritación.

Los tics vocales múltiples 

Consisten en palabras o frases cuyo contenido pueden o no tener sentido. Por ejemplo, repetir malas palabras o palabrotas de contenido obsceno y fuera de contexto. 

Tics clónicos y distónicos 

Los clónicos son movimientos o sacudidas rápidos que se conoce comúnmente como tic. Los distónicos, en cambio, se refieren a movimientos lentos, más prolongados. Estos pueden, por supuesto, ser a su vez, simples o múltiples. Un ejemplo de estos movimientos puede ser el rotar lentamente el cuerpo hacia un lado, el de hacer rechinar los dientes entre sí o mantener una posición del cuerpo durante un tiempo exageradamente largo. 


En síntesis, la institución educativa es una parte importante en la vida de los estudiantes con trastornos. La mayoría experimenta que una mala situación escolar produce una clara disminución en la calidad de vida familiar. Son muchas las fuentes de problemas. Los tics es una de ellas. El estudiante con trastorno suele, además, ser víctima de la burla de sus compañeros. Es por ello, que surgen las siguientes interrogantes ¿Qué actitud se debe asumir como padres? ¿Es conveniente informar a la escuela y a los otros padres que el estudiante padece de Trastorno? 

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EL MÉTODO EXPOSITIVO EN EL AULA DE CLASES

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Usualmente la técnica de la exposición, se asocia con la enorme presentación verbal que el docente maneja durante la sesión de clase. En un sentido positivo, podríamos interpretar que corresponde al “desarrollo” de un tema, debidamente justificado en relación con los contenidos del curso. En sentido negativo, significa ideas poco claras y repetitivas cuyo único objetivo es ocupar el tiempo destinado a la sesión de clase. 

Realmente, la exposición consiste en la presentación de un tema, lógicamente estructurado, en donde el recurso principal es el lenguaje oral, aunque también puede serlo un texto escrito. La exposición provee de estructura y organización a material desordenado, pero también permite extraer los puntos importantes de una amplia gama de información.

El método expositivo, que se vale del lenguaje oral es uno de los más antiguos. Si bien pudiera pensarse que con la invención de la imprenta su uso disminuiría, no fue así pues incluso en nuestra época se ha mantenido como una práctica común en los diferentes niveles del sistema educativo, incluyendo la universidad. En la actualidad, con las disposiciones que ofrecen las nuevas tecnologías de la información, el educador puede estructurar y organizar un determinado material para hacerlo más accesible a sus alumnos bajo la modalidad de un texto escrito. En los últimos años, se ha enfatizado en la necesidad de alternar el uso de la exposición con otras técnicas didácticas, incluso en una misma sesión de clase. 

Es decir, se sugiere a la necesidad del manejo de “exposiciones espaciadas”, donde la exposición se da en segmentos. Se hacen pausas en puntos lógicos de la exposición, donde el docente se dirige a los estudiantes (haciendo alguna pregunta o solicitando que lleven a cabo alguna actividad), para mantenerlos involucrados con el tema. De esta manera, la exposición puede resultar más dinámica. Esto permite, además, que los alumnos tengan tiempo para procesar y comprender el contenido manejado durante la exposición. Los profesores, por su parte, tienen oportunidad de darse cuenta si hay algo que no esté quedando claro. 

Al preparar una exposición es importante considerar los siguientes aspectos: 

1. Delimitar el tema o la parte del mismo que será manejado mediante esta técnica. 

2. Preparar un bosquejo que contenga 3 ó 4 ideas principales. 

3. Organizar las ideas principales de tal manera que reflejen una secuencia lógica. 

4. Elaborar algunos cuestionamientos que permitan al profesor, clarificarse a sí mismo la naturaleza del tema. ·

5. Identificar ejemplos que sirvan como apoyos verbales a la exposición.

6. Determinar y preparar los apoyos visuales a utilizar. En el apartado Consideraciones en torno a la selección y manejo de apoyos visuales se plantean algunas consideraciones sobre su uso.


En síntesis, La exposición de un tema requiere el cuidado de los siguientes aspectos: las fases a partir de las cuales se estructura la información presentada, el manejo que se hace de la forma de comunicarlo y la selección y manejo de apoyos visuales.

LA CLASE PERFECTA

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Realmente, todos los involucrados en el proceso de enseñanza-aprendizaje son reflexivos en este tema en específico, debido a que la clase ideal en un aula de clases no existe en sí misma, puesto que, al no existir personas perfectas, tampoco podremos encontrar una clase perfecta. Pero, esto no debe reducir la labor docente puesto que, lo más importa es que el docente sea capaz de adaptarte a las necesidades de los estudiantes y que ellos entiendan su manera de enseñar, para así poderse crear un clima ideal de enseñanza – aprendizaje.

Recuerde que la perfección en sí misma no existe, pero los buenos docentes se esforzarán continuamente para al menos, acariciarla. El aula de clases se convierte cada día en un lugar de enseñanza y aprendizaje que, a lo largo del año escolar, las cuatro paredes o espacio virtual, les permitirán vivir experiencias inolvidables a todos los involucrados del proceso.

El aula de clases será la personalidad del docente, porque, aunque tenga similitudes estructurales con el resto, la clase será solo suya y se respirará en el ambiente. ¡Verdaderamente Mágico! En la institución educativa nunca se podrán apreciar dos clases iguales, aunque tengan exactamente el mismo mobiliario, esto se debe, a que las personas preparan lo que realmente importa; la esencia del aula de clases.

No obstante, aunque las clases perfectas no existen, sí se puede alcanzar que su clase sea lo más ideal posible ¿Cómo? Logrando que tus estudiantes se sientan cada día felices de estar en clase, felices de que usted sea su guía y además que los aprendizajes sean adquiridos casi por arte de magia gracias a tu manera de enseñar. 

A continuación, te daremos algunas pautas para crear un aula ideal:

1. El docente facilitará los aprendizajes teniendo en cuenta los intereses, necesidades y habilidades de los estudiantes.

2. El educador provee a los estudiantes de un aprendizaje activo donde ellos son los protagonistas.

3. La clase se convierte en una exhibición de los trabajos de los estudiantes en forma de carteles y murales.

4. La clase debe estar distribuida y posee los materiales necesarios para desempeñar una buena labor cada día.

5. Los educandos deben sentirse cómodos, seguros y saben que pueden confiar en su guía.

6. Las clases deben tener coherencia y seguir un proyecto educativo que se sigue con fluidez y eficacia.

7. El docente debe poseer una actitud positiva cada día, que le permita los problemas que puedan surgir diariamente con educación emocional.

8. El educador debe animar a los padres a participar activamente en la vida escolar.

9. El aula se debe adaptar a las últimas novedades tecnológicas.

10. El docente debe reforzar la existencia del aprendizaje más allá del aprendizaje memorístico.

11. El educador debe apoyar a los estudiantes a que tengan un pensamiento crítico, para que su propia opinión genere debates dentro de la clase, con respeto y educación.

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LA PROACTIVIDAD EN EL AULA

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La proactividad es una condición personal, que nos impulsa a tomar decisiones e iniciativas y a responsabilizarnos de sus resultados. Se trata de decidir, en cada momento qué deseamos hacer y cómo vamos a actuar. Al mejorar el ambiente del aula, el procedimiento facilita que los estudiantes adquieran con mayor rendimiento aprendizajes no solo relacionados con los contenidos de las materias, sino también con la convivencia y con las relaciones personales.

El carácter proactivo de la normativa nos permite acompañar al educando en el aprendizaje de la convivencia; que es educativo, además, porque trabaja distintos aspectos de la educación integral que permiten el desarrollo de diferentes competencias:

1. Enseñar a pensar sobre las conductas, sus causas, consecuencias, alternativas, soluciones a problemas.

2. Aprender a regular las emociones que generan los conflictos, controlando respuestas impulsivas o agresivas, fomentando la empatía, gestionando el aburrimiento o desarrollando la paciencia, por poner algunos ejemplos. 

3. Educar en valores como el de la libertad unida a la responsabilidad, la actitud crítica, el respeto, la colaboración, el esfuerzo.

4. Desarrollar habilidades socio-comunicativas positivas como la escucha y la comunicación no violenta, para llegar a acuerdos y compromisos.

Además de ser proactivo y educativo, esto tiene un valor importante en la prevención de conflictos, que se concreta en características como las siguientes:

1. Es inclusiva porque todas las personas tienen oportunidad de aprender a convivir sin que se las excluya. 

2. Es concreta las conductas no deseadas con claridad. 

3. La concreción y la claridad en el saber qué vamos a hacer en caso de que algo no funcione aporta seguridad al docente.


LOS MEDIOS AUDIOVISUALES EN EL AULA DE CLASES

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Los medios audiovisuales son herramientas tecnológicas, que ayudan al desenvolvimiento de una clase, y pueden ser a través de los sistemas acústicos, ópticos, o una mezcla de ambos, y además pueden servir de complemento a otros recursos de la enseñanza-aprendizaje, como son las explicaciones orales. No obstante, estas herramientas se centran especialmente en el manejo y montaje de imágenes y en la asociación de mecanismos sonoros. 

En la actualidad, los estudiantes están inmensos en un mundo audiovisual, además, saber interpretar el mensaje en una imagen necesita de una alfabetización visual, debido a que la gran variedad de respuestas que reflejan las imágenes es variada y múltiple, de modo que su comprensión depende de diversos factores personales como la experiencia, la memoria, el contexto, la cultura y los códigos de cada sociedad. 

Realmente, la pedagogía que se efectúa con ayuda de imágenes y sonido consiste en aplicar todos los descubrimientos del lenguaje para servir de apoyo a las explicaciones del docente en las diferentes áreas del currículo y facilitar el aprendizaje de los contenidos de diversa índole. Este enfoque se centra en el conocimiento, por parte del educador, de los aspectos técnicos relacionados con el manejo de los medios audiovisuales y, sobre todo, en la formación didáctica necesaria para utilizar los medios de forma adecuada.

Para que exista un buen proceso de enseñanza-aprendizaje, a través de las herramientas tecnológicas, el docente debe considerar lo siguiente:

1. Elaborar un esquema inicial para concretar los objetivos educativos que se persiguen.

2. Elegir la herramienta audiovisual, teniendo en cuenta las características de los estudiantes o de la clase. 

3. Si elabora sus propias diapositivas, se recomienda utilizar un formato horizontal y no vertical, porque la mayoría de pantallas de proyección que existen en el mercado son rectangulares.

4. En las diapositivas de texto, el contenido debe limitarse a un solo concepto, breve y esquemático. 

5. Es recomendable utilizar el aula de clases para realizar la exposición.

6. Antes de la exposición debe estar todo preparado. 

7. Durante el desarrollo es conveniente utilizar un puntero con el fin de dirigir la atención de los educandos hacia determinados detalles.

8. El docente debe realizar exposición debe realizarse de pie, mirando en la medida de lo posible al auditorio y acompañar la explicación con los gestos apropiados. 

9. El docente desde el comienzo de su exposición debe ser el centro de atención desde el comienzo, iniciándolo con alguna afirmación o alguna imagen que cause impacto. 

10. No es muy conviene que el educador cobre excesiva importancia durante la exposición. Es preferible repartir este rol entre los estudiantes por medio de las técnicas grupales. 

11. Es muy interesante que los educandos preparen trabajos informatizados como complemento. Incluso, se pueden utilizar las presentaciones como medio de evaluación.


COMO IDENTIFICAR UN NIÑO ÍNDIGO EN EL AULA DE CLASES

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El niño índigo en el aula de clases, es un estudiante que muestra una nueva y poco usual serie de atributos psicológicos, con un patrón de comportamiento no documentado antes. Este patrón de comportamiento tiene factores comunes únicos, que indican a quienes interactúan con los ellos, que deben cambiar la forma de tratarlos y de criarlos para poder lograr un equilibrio adecuado.

A continuación, mostramos algunos rasgos más comunes de un niño índigo:
  1. Tienen una inteligencia emocional muy desarrollada. 
  2. Son muy sensibles a la muerte de animales y plantas. 
  3. Se conmocionan cuando ven a otros niños sufrir. 
  4. Son solidarios con sus compañeros. 
  5. No necesitan sufrir para aprender en la vida.
  6. Son muy creativos.
  7. En general tienen un alto coeficiente intelectual. 
  8. Su rendimiento escolar es bajo con respecto a su capacidad.
  9. Frecuentemente son diagnosticados con déficit de atención ADD/ADHD.
  10. Son muy inquietos. 
  11. Suelen aburrirse en el aula de clases y distorsionar la clase.
  12. Tienen experiencias extrasensoriales. 
  13. Sienten tener una misión en la vida. 
  14. Se interesan por temas de desarrollo espiritual. 
  15. Manifiestan conocimientos que no pueden explicar cómo saben. 
  16. Son muy intuitivos. 
  17. Generalmente tienen un buen sistema inmunológico.
  18. No aceptan órdenes por imposición.

EL SILENCIO EN EL AULA DE CLASES

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La mayoría de los docentes, siempre comentan que mantener una clase en silencio no siempre es fácil. Cuando se trata de varios estudiantes juntos es familiar escuchar ruidos, gritos y comentarios; realmente mantener el silencio puede convertirse en un auténtico reto.

No obstante, mantener una clase en silencio es posible. Educar a los educandos para que desarrollen estrategias de autorregulación y comprendan que mantenerse en silencio respetando el turno de hablar, es un ejercicio de respeto hacia los demás que beneficia la convivencia y fomenta la escucha, la reflexión y el aprendizaje.

Cuando de estudiantes pequeñas se trata puede ser muy complicado mantener una clase en silencio. Al parecer que todos quieran hablar, comentar, y este impulso de expresarse se manifiesta en gritos y barullo incontrolable. 

Es normal que los niños de corta edad tienden a ser escandalosos. Las características de la etapa de desarrollo por la que pasan explican esto. Están inmersos en un momento clave del desarrollo del lenguaje y de la comunicación, están en la etapa de adquirir una herramienta poderosa el lenguaje. Sus ganas de expresarse no tendrán límites, es normal que tengan necesidad de hablar y de expresarse. Su pensamiento se caracteriza por ser egocéntrico. Les cuesta ir más allá de ellos mismos, por lo tanto, se preocupan más por hablar que por escuchar a los demás.

Finalmente se debe señalar, que están en pleno desarrollo moral. Les costará entender el sentido de las normas, más que como una obligación. Es significativo ir más allá y hacerles ver que las normas tienen un sentido y qué son importantes para la convivencia.

Para mantener una clase en silencio es esencial establecer la norma. Pero se debe ir más lejos y lograr que los educandos se comprometan con la obediencia de la misma, que comprendan el sentido de la norma y que aprendan a valorar el silencio como forma de respeto, de reflexión y de aprendizaje. El propósito es que los estudiantes desarrollen estrategias que les permitan autorregular su conducta y puedan respetar así los momentos de silencio y los turnos de palabra.

¿Cómo se puede mantener una clase en silencio de forma lúdica?

Realmente, esto implica a los educandos con la norma. Para lograrlo, no solo que cumplan la norma, sino que la entiendan y se comprometan, es importante envolverlos en la misma y ayudarles a entenderlo. Para ello, el educador debe explícales por qué es importante mantener el silencio, hazles saber cuándo tienen que estar en silencio y cuando pueden hablar.

El empleo del juego en el aula de clases, es una alternativa muy efectiva y a la vez positiva. Pueden plantear algún juego para que entren en sus estrategias de regulación. Por nombrar alguno:

1,2,3 silencio. En este juego vamos a permitir que los estudiantes griten, se muevan, comenten, con o sin sentido. Todos a la vez, sin entendernos. Pero deberán estar atentos a la instrucción 1,2,3 silencio. Cuando escuchen la instrucción todos deben mantenerse en silencio. Nos preparamos para el silencio. En esta dinámica les explicamos el valor del silencio para la reflexión y para la comunicación. Antes de mantenernos en silencio nos relajamos, para ello les mostramos una serie de indicadores que deberán seguir para llegar al silencio: respirar profundo, sentarnos, cruzar los brazos, cerrar la boca y abrir los oídos para escuchar. 

Cuando llegue el momento de mantener una clase en silencio, el docente podrá emplear algo de lo aprendido, en la dinámica anterior. Al escuchar la orden deben mantenerse en silencio y aquellos que les cueste pueden seguir las instrucciones que les lleven al silencio.

Pero, se debe tener presente que el docente debe deja que tengan sus momentos para expresarse. Es importante que los dejes cubrir esta necesidad. Puedes dejar un momento al comienzo de la clase para que, respetando el turno de palabra, se expresen. También dejar durante determinadas actividades o momentos que hablen.


EL HABLA EN EL AULA DE CLASES

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Los episodios del habla, constituyen un aspecto esencial de la conducta humana y en consecuencia de la identidad sociocultural de las personas. Cuando hablamos pretendemos hacer algo, el destinatario interpreta esa intención y sobre ella elabora una respuesta, ya sea lingüística o no lingüística. 

Lo dijo Cicerón hace ya tantos siglos, cuando vinculaba la retórica a la dialéctica, que trata de la acción humana, lo recordó Humboldt hace poco más de cien años al insistir en que el lenguaje era esencialmente energía, lo reiteró hace dos décadas Roman Jakobson, al recordar que “el discurso no se da sin intercambio” e irónicamente lo certifica en nuestros días Halliday, cuando con ironía escribe que, “después de un intenso período de estudio del lenguaje como construcción filosófica idealizada, los lingüistas han convenido en tomar en cuenta el hecho de que las personas hablan entre sí”. Por ello, es algo tan obvio se ha olvidado con frecuencia en la investigación lingüística y en las instituciones educativas. 

En efecto, en las aulas, quizá como una sucesión del olvido intencional del habla y de la actuación lingüística por parte de los estructuralismos, los asuntos relativos a las modalidades orales del uso lingüístico, a los aspectos no verbales de la comunicación, a las determinaciones culturales que regulan los intercambios comunicativos y a los procesos cognitivos implicados en la emisión y en la recepción de los mensajes orales, han permanecido forasteros a una labor escolar centrado por el contrario en las categorías gramaticales, en los usos escritos y en sus normas gráficas, en el análisis sintáctico y en los modelos canónicos de la historia literaria. 

Nada es más extraño en la vida de las aulas, que el silencio: el habla de las personas debe entrar en las aulas de forma que sea posible. Porque si bien es cierto, que somos iguales en lo que se refiere a nuestra capacidad innata para adquirir y aprender las reglas del lenguaje, no es menos cierto que, como subraya el Amparo Tusón, somos desiguales cuando usamos la lengua. Por todo ello, la educación obligatoria debería contribuir al desarrollo de las capacidades comunicativas de los estudiantes de forma que les sea posible, con el apoyo pedagógico del docente, comprender y expresar de forma correcta y adecuada los mensajes orales que tienen lugar en ese complejo y heterogéneo mercado de intercambios, que es la comunicación humana.

LA INTERACCIÓN EN EL AULA DE CLASE.

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Si se quiere comprender por qué el docente y los estudiantes se relacionan de determinada manera y se conducen como lo hacen en sus intercambios, es necesario poner atención no sólo a sus comportamientos manifiestos y observables, sino también, a las ideas asociadas con los mismos o bien a las representaciones que éstos elaboran. Desde la psicología social contemporánea se concibe que la mayor parte de las reacciones ante los fenómenos sociales, y especialmente ante las otras personas, están mediatizadas, en gran parte, por la percepción y la representación que tenemos de ellas. Prácticamente consta que ciertos factores sociales inciden en la calidad de la relación que el sujeto mantiene en el entorno escolar, y ello es posible gracias a procesos psicológicos.

Desde este aspecto, se reflexiona que las representaciones son formas de apropiación del mundo exterior y los sentidos que se le otorgan, pero que se construyen a partir de experiencias, en su mayoría sociales y culturales, y se expresan a través de los procesos de comunicación; para ello, la subjetividad es una vía de acceso a los elementos que van más allá de las primeras manifestaciones conscientes de los sujetos. Las representaciones son una síntesis entre lo individual y lo social, una construcción de importancias que refleja una compleja dialéctica entre el mundo interno y el externo. 

Igualmente, se imaginan como un cuerpo organizado de conocimientos y como una de las actividades psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad psíquica y social; se insertan en grupo o en una relación cotidiana de intercambios. Las representaciones muestran sistemas que tienen una lógica y un lenguaje particular, una estructura de implicaciones que incluyen tanto valores, como conceptos. De aquí que no se consideran como simples opiniones o imágenes, sino como teorías colectivas destinadas a la interpretación y la formación de la realidad; es decir, funcionan como un sistema de interpretación de la realidad que determina las relaciones de los individuos con su ambiente físico y social, ya que condicionan el comportamiento del mismo. 

Al entenderlas de esta forma, una labor importante respecto al acto educativo es la que radica en despejar cómo las representaciones que ponen en juego los sujetos dan cuenta del entretejido creado por lo social y lo singular, y que pueden poner de manifiesto las características de la relación entre docente y estudiante; por eso se vuelven importantes no sólo por aprehender lo que ahí sucede, sino porque aportan elementos para su posible transformación. 

El autor Albert argumenta que el perfil que los estudiantes se hacen de sus docentes, no atiende a un sistema predeterminado, sino que obedece a las necesidades o intereses relacionados con las maneras de evaluación de la enseñanza, con la actuación de los docentes en la transmisión de conocimientos, y con aspectos de personalidad de los mismos que son aceptados o rechazados por parte de los estudiantes. Es decir, tanto docentes como estudiantes llevan a cabo una selección y una categorización (consciente tanto como inconscientemente) de las características del otro, y sobre esta base, comienzan a construir la representación mutua.

Los autores identifican cuatro directrices básicas en el contenido y organización de las representaciones de los estudiantes acerca de sus docentes: 

  1. La importancia de los aspectos afectivos y relacionales del comportamiento de los docentes.
  2. El desempeño del rol del docente.
  3. El contenido de la enseñanza, y 
  4. La activación del docente ante situaciones conflictivas. 

Con respecto, al desempeño de roles en el acto educativo, subrayan que un elemento esencial para comprender cómo funcionan los procesos de selección y categorización en la construcción de las representaciones mutuas entre el docente y los estudiantes, es el que se refiere a la concepción que cada uno de ellos tiene de su propio papel y del papel del otro. Mencionan que probablemente el docente seleccionará y evaluará las características y el comportamiento de los estudiantes en función de su mayor o menor pertinencia y adecuación a las expectativas de comportamiento asociadas con el “rol de estudiante”; a la inversa, el estudiante seleccionará y valorará las características y comportamientos del docente más vinculados con las expectativas que incluye su concepción del “rol de docente”.

Es así que el origen de las representaciones entre docente y estudiante resulta de la observación mutua y directa de sus características y su comportamiento, pero también de la información anterior que han recibido tanto los docentes y los estudiantes por personas que se encuentran cerca, así como de la selección y categorización de las características del otro.

LA ENSEÑANZA POR CORRESPONDENCIA.

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La enseñanza por correspondencia, fue el primer prototipo de educación a distancia, este se inició a finales del siglo XIX y principios del XX, en la Universidad de Lund, en 1833 y luego en 1843, con el docente Isaac Pitman que desarrolló el sistema más utilizado de taquigrafía, que implantó del servicio postal en el Reino Unido, fueron las primeras experiencias en esta modalidad.

En 1892, la Universidad de Chicago creó un curso por correspondencia, incorporando los estudios de la modalidad en la universidad. A principios de este siglo, otras instituciones como, la Calvert, en Baltimore, desarrollaron cursos para la escuela primaria.

En 1930 se registran treinta y nueve universidades norteamericanas que brindaban cursos a distancia. Los medios disponibles para el aprendizaje eran los materiales impresos y los servicios postales, y de a poco se fueron amplificando a las grabaciones en voz. No había guías de estudio para los estudiantes, sino que sencillamente eran clases tradicionales presenciales reproducidas e impresas. Luego se fueron introduciendo guías para ayudar al estudiante, actividades complementarias a cada instrucción, cuadernos de trabajo, ejercicios y de evaluación, para generar relación entre el estudiante y el centro o autor del texto.

A partir de estas experiencias se dieron a conocer la figura del tutor o docente del estudiante que daban respuesta por correo a las dudas presentadas, enviaban de vuelta los trabajos corregidos y sus retroalimentaciones. Así, se fueron incluyeron contactos presenciales con el docente, y además se fueron introduciendo los aportes de las tecnologías nacientes como ser el fonógrafo, el teléfono, la radio, el teletipo y el teléfono. Los únicos medios de interacción eran normalmente la correspondencia y el teléfono.

En recapitulación, formaba un proceso de teleformación centrada en el proceso de enseñanza y en el docente, y en la que la interacción estudiante-docente era mínima. En la Boston Gazzette, de marzo 20 de 1928, surgió un anuncio que señalaba que un docente de un nuevo método de taquigrafía ofrecía que las personas anhelantes de aprender este arte podían hacerlo a través de varias lecciones enviadas a ellos semanalmente y ser perfectamente ilustradas como si vivieran en Boston. Isaac Pittman usó el Penny Post para enseñar la taquigrafía que él inventó en 1840. Anna Eliot Ticknor, hija de un docente de la Universidad de Harvard, fundó la Society to Encourage Study que contenía correspondencia mensual con lecturas guiadas y exámenes frecuentes. Esta primera correspondencia, utilizaba el servicio postal para intercambiar materiales y representó una forma primitiva de aprendizaje a distancia.

La educación a distancia se desarrolló desde cursos por correspondencia hasta llegar a nuestros días con cursos a través de tecnología basada en Internet (Bates, 1995; Moore & Kearsley, 2005). Feasley (1983) define “la educación a distancia como el aprendizaje que se realiza en un lugar alejado del instructor”. Educación a distancia la definen Verduin y Clark (1991) como “la instrucción formal en que la mayor parte de la enseñanza ocurre cuando el educador y el aprendiz están a distancia uno del otro.” (p. 13). Merisotis y Phipps (1999) señalan que “la educación a distancia incluye la comunicación sincrónica y la comunicación asincrónica”.

Todas las definiciones anteriores incluyen el concepto de separación física de docente y estudiante y que la tecnología es un componente principal en el diseño y entrega de la instrucción.

Con base en la información antecedente, es cierto que el aprendizaje a distancia es una estrategia educacional que tiene ya bastante tiempo. Lo importante del contenido es que ha continuado y mejorado los usos de los nuevos medios tecnológicos disponibles y que trata con más eficiencia, efectividad y economía el modelo de entrega de la instrucción.

En la actualidad la educación a distancia presenta un constante incremento en su aplicación, sobre todo en educación superior. Esta corriente de cambio reflejado en una mayor realización de cursos de educación a distancia, está ocasionando que las universidades en el mundo tiendan a desarrollar cursos en línea, además de los cursos presenciales, para los estudiantes que se les dificulta asistir a las universidades de manera regular. Las universidades están adoptando e incrementando la educación a distancia, sin embargo no están realizando los cambios necesarios para mejorar la eficacia de los cursos, sino que siguen las políticas y procedimientos de la educación cara a cara (Howard, Schenk & Discenza, 2003).

LA VIDA EN LAS AULAS.

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La investigación sobre la vida en las aulas, hasta hace poco oscilaba entre el análisis del modo en que la institución educativa ayuda a enseñar algunas ideologías y a transmitir el conocimiento genuino y el estudio de los procesos cognitivos implicados en la adquisición de los aprendizajes y por tanto en el diseño de los distintos métodos de enseñanza. Justamente, mientras la sociología crítica instaba en el estudio de las formas en que la institución educativa contribuye a la selección y a la transmisión de determinados saberes, creencias y maneras de entender e interpretar el mundo, la psicología se interesaba por las estrategias que estudiantes expanden con el fin de apropiarse de los conocimientos que la institución educativa enseña y así sugerir algunas orientaciones didácticas que fueran útiles en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Hoy en día, el punto comienza a ponerse no sólo en las estructuras sociales o en la mente de las personas, sino también, en lo que las personas hacen y dicen en las aulas. La vida en las aulas se reconcilia así en un ámbito preferente de observación y de análisis: el aula ya no es sólo el escenario físico del aprendizaje escolar, sino que además ese escenario comunicativo donde se habla y se escucha, donde se lee y se escribe, donde unos se divierten y otros se aburren, donde se hacen amigos y enemigos, donde se aprenden algunas destrezas, hábitos y conceptos a la vez que se olvidan otras muchas cosas. 

Como comenta Philip W. Jackson, “cualquiera que haya enseñado alguna vez sabe que el aula es un lugar activo, aunque no siempre parezca así (...). En un estudio sobre las aulas de primaria hemos descubierto que el profesor llega a tener hasta mil interacciones personales diarias. Un intento de catalogar los intercambios entre alumnos o los movimientos físicos de los miembros de la clase contribuiría, sin duda, a la impresión general de que la mayoría de las aulas, aunque aparentemente plácidas al contemplarlas a través de una ventana del pasillo, son más semejantes por su actividad a una colmena”.

En esos refugios que son las aulas para los estudiantes, no sólo están ahí en silencio esperando a ser enseñados, sino que también hablan, escuchan, leen, escriben y hacen algunas cosas con las palabras, y al hacer esas cosas con las palabras colaboran unos con otros en la construcción del conocimiento. Porque al hablar, al escuchar, al leer, al entender y al escribir intercambian significados, dialogan con las diversas formas de la cultura, obtienen las maneras de decir de las distintas disciplinas académicas, resuelven algunas tareas, y en ese intercambio comunicativo aprenden a orientar el pensamiento y las acciones, aprenden a regular la conducta personal y ajena, aprenden a conocer el entorno físico y social, aprenden, en fin, a poner en juego las estrategias de cooperación que hacen posible el intercambio comunicativo con las demás personas y la construcción de un conocimiento compartido del mundo.

Desde esta perspectiva, el currículo no es sólo una serie de finalidades y de contenidos debidamente seleccionados, es también hablar, escribir, leer libros, cooperar, enfadarse unos con otros, aprender qué decir a quién, cómo decirlo y cuándo callar, qué hacer y cómo interpretar lo que los demás dicen y hacen. Es esa acumulación de cosas que suceden en la vida de las aulas a todas horas y que quizá por demasiado obvias permanecen, con frecuencia, ocultas. Es el habla, es la lectura, es la escritura y son las formas de cooperación mediante las cuales quienes enseñan y quienes aprenden intercambian sus significados y se ponen de acuerdo en la construcción de los aprendizajes. De acuerdo a Lomas. El currículo es, en este sentido, un contexto de comunicación.

Idear la educación como un aprendizaje de la comunicación exige entender el aula como un escenario comunicativo donde los estudiantes cooperan en la construcción del sentido y donde se crean y se recrean textos de la más diversa índole e intención. Concebir la educación como un aprendizaje de la comunicación supone contribuir desde las aulas al dominio de las destrezas comunicativas más habituales en la vida de las personas (hablar y escuchar, leer, entender y escribir) y favorecer, en la medida de lo posible, la adquisición y el desarrollo de los conocimientos, de las habilidades y de las actitudes que hacen posible la competencia comunicativa de las personas. 

LA EMPATÍA EN LA DOCENCIA.

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Al discutir el tema de la empatía en la docencia, tenemos de hacer referencia a la empatía del docente y a la empatía de los estudiantes. Condicionalmente, de la personalidad del docente, y de su nivel de relación con los estudiantes, depende en gran medida el éxito o fracaso de éstos en los estudios, debemos dedicar parte de nuestra atención a las capacidades emocionales de los docentes.

Los estudiantes tienden a estudiar más aquella materia que le transmite un docente con el que fortifican y menos aquellas que son la materia de enseñanza de un docente por el que no sienten nada, en el mejor de los casos, o por el que sienten una cierta antipatía. De ahí que prestemos especial atención al desarrollo de la capacidad empática en la persona del docente. Por una simple razón: porque nadie puede dar lo que no tiene. Cuando una persona adquiere el título universitario que le certifica para ejercer la docencia, no existe ninguna garantía de que esa persona sea apta para desarrollar el trabajo que pretende realizar. Podemos afirmar que su capacidad intelectual está plenamente probada, que está capacitada para transmitir los contenidos propios de la materia en la que ha obtenido su especialización, pero nadie puede asegurar que esa persona posee las capacidades necesarias que le permitan asumir la tarea de educar, de hacer de sus estudiantes seres realizados. 

La capacidad empática no tiene nada que ver con la brillantez académica, ni con la capacidad intelectual. Las características de un docente empático no están consignadas en su expediente académico. La docencia es una de las actividades, al menos en el sector público, que no reduce de una entrevista personal, regulada por una empresa y a cargo de un psicólogo que dé fe de que la persona encuestada reúne los requisitos que se precisan para el trabajo que pretender desempeñar. La docencia es un trabajo cuya materia prima son seres humanos en edades muy tempranas; su finalidad es formar a los hombres del mañana; hacer de ellos personas realizadas, creativas y entusiastas, capaces de ganarse la vida en el futuro, de insertarse en la sociedad de forma efectiva y de contribuir a su evolución en busca de mejoras. Y, sin embargo, nada de esto parece preocupar a los principales responsables de la educación. 

Delors (1996) señala cuatro principios que deberán regir la educación en el siglo XXI: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a vivir juntos .De ello se desprende que no sólo es función del docente poseer competencias pedagógicas suficientes que le faciliten el poder contribuir con éxito al desarrollo intelectual de sus estudiantes sino que deberá poseer, además, una serie de capacidades humanas que le posibiliten contribuir al desarrollo completo de la personalidad de estos. Aprender a ser supone desarrollar una serie de capacidades propias de la inteligencia intrapersonal. Aprender a vivir juntos significa, desarrollar las capacidades propias de la inteligencia interpersonal, y de formas muy concreta la empatía. Luego el desarrollo de la inteligencia emocional está presente en los programas educativos y es función del docente el contribuir a su desarrollo, utilizando como herramienta para ello los contenidos de su materia de enseñanza. 

La realidad es que el docente no ha recibido una formación específica que le permita ser efectivo en su puesto de trabajo. Y, además, vivir bien las situaciones del día a día en el aula. Nadie le ha dicho que se espera de él, tampoco nadie le ha dicho que debe utilizar su materia de enseñanza para la tarea de educar. Nadie le ha dicho que su importancia reside en ser docente de tal o cual materia. Nadie le ha dicho que su valor está en ser educador. Y posiblemente caer en la cuenta de ello le llevará un puñado de años, con el soporte acumulado de horas robadas al sueño, estados emocionales bajos, reducción de la autoestima, etc. 

Un docente que no posea un alto grado de empatía, que haya olvidado por completo su niñez, difícilmente será capaz de ponerse en el lugar de sus estudiantes, difícilmente podrá establecer una relación de equilibrio y armonía en el entorno de su aula. Un docente que no sea empático no podrá solucionar de forma eficaz los conflictos de su clase; a menudo no entenderá el comportamiento de sus estudiantes, se sentirá agredido a nivel personal por las actitudes de éstos, adoptará medidas correctivas que, lejos de ser educativas, conducirán a todo lo contrario y, finalmente, se convertirá en un docente “quemado”. Para poder llevar a cabo su trabajo con ilusión y eficacia, el docente deberá desarrollar en sí mismo las capacidades propias de la inteligencia emocional que le facilitarán el saber vivir el día a día con ilusión, el poder ayudar a sus estudiantes a aprender a ser y aprender a vivir juntos, objetivos que figuran en el currículo bajo la nomenclatura de “actitudes”. 

El docente debe conocer también los sentimientos de aquellos estudiantes que no tienen ningún interés por aprender, porque tienen otras necesidades más apremiantes que cubrir, porque les falta lo más imprescindible (alimentos, afecto, seguridad familiar, etc.). Y frente a esta realidad poco le preocupan los conocimientos que nos empeñamos en transmitirles. El docente no tiene por qué estar de acuerdo con el comportamiento de esos estudiantes insumisos, pero puede comprender que es muy difícil para ellos tener un comportamiento diferente al que adoptan. El docente debe tener una paciencia de santo y una capacidad sin límites para amar y comprender a todos sus estudiantes por igual. 

El docente es un patrón para sus estudiantes, de él aprende lo más importante, las reglas para conducir su vida. Por eso un docente que ame la vida y su trabajo, que tenga una actitud positiva y que tenga un control de sus emociones, estará enseñando al estudiante a adquirir estos mismos comportamientos. Porque sólo con su presencia ya educa. Independientemente de que, además, incluya de forma reglada en la enseñanza de su materia el desarrollo de las actitudes que figuran en el currículo y que son el desarrollo de sus capacidades emocionales.

EL AULA DE CLASES ES NUESTRO ESPEJO

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En nuestras vidas existen muchas aulas de clases que no sólo son precisamente los salones en las instituciones educativas por la que pasamos, nos referimos al eje más pequeño, La familia.

Numerosas veces cuando compartimos con nuestros familiares, hermanos y padres la relación resulta difícil. En incontables oportunidades hemos escuchado, algunos expresiones como “la familia uno no la escoge, los amigos sí”, pero no hay nada más falso, para los aplicados de este tema que manifiestan que aquellos que componen nuestro núcleo familiar son nuestros Maestros, que nos vienen a educar, a prepararnos para poder superar las fallas en nuestra vida, resulta difícil creerles y más aún si las relaciones no son del todo amenas.

Misión y Visión de Docentes 2.0



La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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