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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

MOTIVAR EN EL AULA DE CLASES

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Cuando se habla de motivación, se habla del proceso que provoca cierto comportamiento, que mantiene una actividad o modifica una existente. Además, motivar es inducir al estudiante hacia lo que se quiere enseñar; es llevarlo a participar activamente en las asignaciones escolares. Asimismo, motivar es conducir al estudiante a que se desempeñe a aprender, sea por ensayo, error, por imitación o por reflexión.

La motivación se fundamenta, en el intento de facilitar a los estudiantes una situación que los estimule a un esfuerzo intencional, a una actividad orientada hacia determinados resultados deseados y comprendidos. Equivalentemente, motivar es predisponer a los estudiantes a que aprendan y, consecuentemente, realicen un esfuerzo para alcanzar los objetivos previamente establecidos.

El propósito de la motivación consiste en despertar el interés, estimular el deseo de aprender y dirigir los esfuerzos para alcanzar metas definidas. La motivación es elemento decisivo en el proceso del aprendizaje y no podrá existir, por parte del docente, si el estudiante no está motivado, si no está dispuesto a malgastar esfuerzos. Puede señalarse, que no hay aprendizaje sin esfuerzo, y mucho menos aprendizaje, mientras que éste se desarrolla en un ambiente un tanto artificial. No hay método o técnica de enseñanza que exima al estudiante de esfuerzos. De ahí la necesidad de motivar las actividades a fin de que haya esfuerzo voluntario por parte de quien aprende.

La motivación por esencia establece una relación entre lo que el docente pretende que el estudiante realice y los intereses de éste. En la institución educativa, motivar es en última instancia llevar al educando a que se aplique a lo que él necesita aprender. El fracaso de muchos docentes radica en que no motivan sus clases, quedando, de ese modo, docente y estudiante en comportamientos estancos, sin comunicación, este es, el docente queriendo dirigir el aprendizaje y los alumnos no queriendo aprender.

Un estudiante está motivado cuando siente la necesidad de aprender lo que está siendo presentando. Esta necesidad lo lleva a aplicarse, a esforzarse y a preservar en el trabajo hasta sentirse satisfecho. En caso contrario, el docente terminará dando su clase, pero solo. Por eso debe ser preocupación constante del educador motivar sus clases. La motivación es la que da vida, espontaneidad y razón de ser a sus lecciones. La principal fuente de indisciplina en clase es la falta de motivación. Es frecuente encontrarse con docentes que entran en su clase, y automáticamente, se inicia los trabajos, en forma mecánica.

Para que se comprenda mejor la motivación es necesario que se precise que se trata de una condición interna, mezcla de impulsos, propósitos, necesidades e intereses, que conmueven al individuo a actuar. Todo comportamiento depende de estímulos externos y de las condiciones biopsiquicas del individuo. Una mismo evento, puede provocar comportamientos distintos, en distintas personas, así como en la misma persona, pero en situaciones internas y externas también diversas.

Todo aprendizaje se realiza impulsado por motivos, por necesidades, pero ocurre que el resultado del aprendizaje pasa, también a funcionar como elemento modificador del campo de los motivos, condicionando, así comportamientos futuros. Es decir; el aprendizaje crea nuevos motivos, nuevas necesidades.


LA DESMOTIVACIÓN EN EL ESTUDIANTE

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En la actualidad, lo que hace que el aula de clases se vuelva intolerable para un importante número de estudiantes y docentes son los conflictos cotidianos y los actos violentos que se repiten en la vida diaria y la convivencia en las instituciones educativas. 

El progreso de la convivencia en las instituciones educativas, son una necesidad fundamental para enfrentarse a la violencia. Conseguir un buen ambiente de convivencia no se hace de la noche a la mañana, se consigue con un largo trabajo de información y formación del docente. La convivencia no es nada fácil, sobre todo cuando en el entorno educativo llegan a ser parte de conflictos que no llegan a solucionarse. Estos conflictos que no se solucionan y que se dejan pasar porque no se le da la importancia que realmente tienen, crean un clima deteriorado que pueden producir episodios de violencia en las aulas de clases. 

No obstante, se debe intentar crear una cultura de diálogo y negociación, con ello, se podrá conseguir buenas prácticas sobre educación para la convivencia donde se disuelven los conflictos de la forma más pacífica posible, construyendo una cultura escolar que huya de recetas y dé soluciones milagrosas que no existen. 

Tratar de tener en cuenta a las explicaciones del docente, y tratar de comprender contenidos académicos que están casi siempre por encima de lo que la atención del estudiante, puede captar sin esfuerzo, estudiar cómo resolver los conflictos cognitivos que se requieren, de un esfuerzo intelectual que significa dominar, al mismo tiempo, muchas cosas. Para que el estudiante se esfuerce intelectualmente debe de tener una motivación intrínseca, es decir, la que se genera en el entusiasmo y tener actitudes positivas de pensar que el esfuerzo que deben de realizar tendrá una recompensa, es decir, logrará el éxito. 

Además, el estudiante debe verse que está apoyado y valorado para poder aprender el beneficio que le pueden dar los estudios a largo plazo, lo que conllevará a mejorar su propia identidad personal. Eso es lo que ocurre actualmente, en la educación, que no tienen ese apoyo externo de sus familias o de sus docentes y que no pueden encontrar esa motivación interna que necesitan. 

Tener una estima académica supone el reconocimiento social de que el esfuerzo que está realizando con el que se ve recompensado con buenas calificaciones. Con ello el estudiante podrá darse cuenta de que todo va bien y que se están cumpliendo todas las expectativas que se han depositado en él. Por el contrario, el fracaso escolar conlleva a tener sensación de fracaso general e implica que su autoestima personal esté por los suelos. Esto conlleva que la motivación interna del estudiante falla y que el desánimo de incrementa.

LA MOTIVACIÓN Y EL APRENDIZAJE

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La motivación en el plano pedagógico motivación, significa proporcionar o fomentar motivos, es decir, estimular la voluntad de aprender. La motivación permite descubrir a la medida en que los estudiantes invierten su atención y el esfuerzo en determinados contenidos, que pueden ser o no los que desean sus docentes; pero que en todo caso se relacionan con sus experiencias subjetivas, su disposición y razones para involucrarse en las actividades académicas. 

Diversos autores y enfoques vinculados principalmente con las perspectivas cognitiva y humanista, el papel del docente en el ámbito de la motivación se centrará en inducir motivos en sus estudiantes en lo que respecta a sus aprendizajes y comportamientos para aplicarlos de manera voluntaria a los trabajos de clase, dando significado a las asignacions escolares y suministrando de un fin determinado, de manera tal que los estudiantes desarrollen un verdadero gusto por la actividad escolar y comprendan su utilidad personal y social. Esto es lo que se denomina motivación por el aprendizaje. 

La dirección de la motivación en el aula presume que el docente y sus estudiantes perciban que existe interdependencia entre los siguientes factores: 
  1. Las características y demandas de la asignación o actividad escolar.
  2. Las metas o propósitos que se establecen para tal actividad. 
  3. El fin que se busca con su realización.
Por lo anterior, puede señalarse que son tres los propósitos perseguidos mediante el manejo de la motivación escolar: 
  1. Despertar el interés en el estudiante y dirigir su atención. 
  2. Estimular el deseo de aprender que conduce al esfuerzo y la constancia.
  3. Dirigir estos intereses y esfuerzos hacia el logro de fines apropiados y la realización de propósitos definidos. 

El papel de la motivación en el logro del aprendizaje significativo, se depende de la necesidad de fomentar en el estudiante el interés y el esfuerzo necesarios, siendo labor del docente ofrecer la dirección y la guía pertinentes en cada situación. 

Sería ideal que la atención, el esfuerzo y el pensamiento de los estudiantes existieran por el deseo de comprender, elaborar e integrar significativamente la información, es decir, que se orientara claramente por una motivación de tipo intrínseca; pero un docente experimentado sabe que esto no siempre, es así. Debido a que, la orientación de los estudiantes está determinada por su temor a reprobar o por la búsqueda de una aceptación personal, lo cual es una realidad no sólo porque el estudiante así lo haya elegido, sino porque lo ha aprendido en el contexto de las prácticas que se fomentan en la escuela. 

De esta manera, lo axiomático es que la motivación para el aprendizaje es un fenómeno muy complejo, condicionado por aspectos como los siguientes: 

  1. El tipo de metas que se propone el estudiante en relación con su aprendizaje o desempeño escolar, y su relación con las metas que los docentes y la cultura escolar fomentan.
  2. La posibilidad real que el estudiante tenga de conseguir las metas académicas que se propone y la perspectiva asumida al estudiar. 
  3. Que el estudiante sepa cómo actuar o qué proceso de aprendizaje seguir, para afrontar con éxito las asignaciones y problemas que se le presenten.
  4. Las creencias y expectativas tanto de los estudiantes como de sus docentes acerca de sus capacidades y desempeño, así como el tipo de factores a los que atribuyen su éxito y fracaso escolar. 
  5. El contexto que define la situación misma de enseñanza, en particular los mensajes que recibe el estudiante por parte del docente y sus compañeros, la organización de la actividad escolar y las formas de evaluación del aprendizaje.
  6. Los comportamientos y valores que el docente modela en los estudiantes, los cuales pueden facilitar o inhibir el interés de éstos por el aprendizaje. 
  7. El ambiente o clima motivacional que priva en el aula y el empleo de una serie de principios motivacionales que el docente utiliza en el diseño y conducción del proceso de enseñanza-aprendizaje. 

EL FRACASO Y EL APRENDIZAJE

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Actualmente, la realidad escolar ante el fracaso escolar, constituye y define la identidad de la institución educativa, generando así las “malas” escuelas y, por lo tanto, a los “malos” estudiantes y “malos” docentes. El fracaso escolar y los fenómenos en los que se expresa: repetición, edad, abandono, baja apropiación de los aprendizajes, entre otros; son una construcción social, es decir, que no hay destino natural biológico o ambiental que determine que ese estudiante no va a aprender. Consecuentemente, si superamos una mirada patologizante sobre los estudiantes que no aprenden y que los hace responsables de su situación educativa, diciendo que lo que les pasa es culpa de las familias, de la situación económica, del desapego, del desinterés, de la desidia y transitamos hacia otra mirada más compleja, ordenada cuyo eje sean las condiciones de escolarización, es posible afirmar que todos los estudiantes pueden aprender. 

Estas maneras ver las cosas no son espontáneas, sino que tienen su historia, es decir, que han sido construidas por mentes y prácticas humanas. Por lo tanto, si no son obra del destino o de la naturaleza, pueden ser reconstruidas. Cuando un docente dice, por ejemplo, este estudiante debe repetir el grado, aplica un dispositivo de escolarización creado para la escuela de otro siglo, que llega hasta el presente como algo natural, incuestionable e inmodificable.

En primer lugar, evitando decir de un estudiante que es un vago, que es un burro, que actúa con apatía, porque cuando decimos esto, anunciamos su fracaso, porque el lenguaje no es neutro y siempre tiene efectos directos o indirectos sobre la autopercepción que tienen los estudiantes de sus posibilidades para aprender. Si esa percepción se construye a partir del déficit, ¿Desde qué posibilidades pueden los estudiantes asumir el reto de aprender, si han sido marcados con el lenguaje, que ellos no pueden, no saben, no quieren? 

Es necesario confiar en las posibilidades de los estudiantes para construir una relación pedagógica exitosa evitando convertir en problema del estudiante lo que en realidad son límites de los propios dispositivos de escolarización. Desde esta perspectiva no hay fracaso escolar, sino situaciones que impiden a los estudiantes transitar bajo las formas históricamente pautadas para el sistema educativo, pero que pueden ser modificadas para que todos puedan aprender. 

Además, la motivación es clave para aprender. El deseo no es algo que nace solo, sino que es necesario hacerlo surgir. El estudiante con dificultades, no es que no aprende porque no está motivado, sino que no está motivado porque no puede aprender. Para que aprenda es necesario que el docente cree situaciones didácticas desafiantes, que constituyan verdaderos problemas que generen en él, el deseo y el placer por enfrentarlas.

En el camino de la Enseñar. Es deseable que la familia acompañe a la escuela en este proceso de aprendizaje de sus hijos: estimulándolos para que sigan aprendiendo, promoviendo que cumplan con las obligaciones que la escuela les asigna, valorando diariamente lo que el estudiante hace.

Siempre, es recomendable que los docentes revisen sus prácticas, para mejorarlas en función de mejores aprendizajes para sus estudiantes. En la actualidad, se puede apreciar en las instituciones educativas que las clases como unidad didáctica, desaparece, es decir, pasa a ser reemplazada por una serie de ejercicios prefabricados de un manual que someten a los estudiantes y también al docente a una rutina de la práctica pedagógica. En otras clases, el docente se constituye en la figura universal: él habla y sus estudiantes escuchan, él explica y sus estudiantes ejecutan lo explicado es decir el docente desempeña un rol activo y el estudiante un rol pasivo. En estas condiciones consecuencias como el aburrimiento, la falta de atención, el desinterés, son inevitables.

DESMOTIVACIÓN ESCOLAR.

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Una de las dificultades más significativas a las que se enfrenta un docente es la de enseñar a aquellos estudiantes que no sienten interés por lo que se les propone en clase; a esta situación de desmotivación, se le suelen aumentar problemas de conducta, y por supuesto, retrasos en el aprendizaje. Tres situaciones que sin duda tiene relación entre sí, se hace muy difícil desligar, pero que no son normalmente lineales ni unidireccionales.

La motivación se define como un rasgo propio de cada persona, que se conserva relativamente constante a lo largo del tiempo y que es bastante difícil de modificar. No obstante, creemos que su sentido es parcial, ya que coloca al estudiante como único responsable de su escaso interés por el aprendizaje, existiendo otros muchos factores que también influyen.

El concepto de “meta” es un componente fundamental para entender la actitud positiva o negativa de los estudiantes frente al aprendizaje, es la representación cognitiva de lo que se desea conseguir o evitar e influye decisivamente en la motivación. Se puede distinguir entre metas de aprendizaje, buenos estudiantes cuyo objetivo es el resultado final, y metas de ejecución, donde se dispone a quienes buscan la aprobación de los demás en función del resultado de sus aprendizajes y a quienes tienen como objetivo principal evitar el fracaso.

Además, la autoestima de los estudiantes es otro factor clave ya que en ocasiones se creen incapaces de alcanzar las metas que el mundo escolar les impone; sus éxitos y fracasos son causa de factores fijos y no controlables por ellos. La reacción más habitual es la de mantener su autoestima a través de comportamientos contrarios a las normas escolares y sociales.

Pero, ¿Cómo se llega a la falta de sentido en relación al aprendizaje escolar?

  1. Apatía a la labor. Las demandas de trabajo no deben estar por encima de las posibilidades del estudiante; si no se entiende, no se hace.
  2. Ausencia de interés. El interés existe cuando el estudiante siente una satisfacción personal al trabajar determinados contenidos, ya sea por gusto, necesidad de aprobar o cumplir con la tarea. Es un factor variable a lo largo de la vida escolar, estando más presente en las edades tempranas.
  3. Falta de autonomía. La enseñanza receptiva, la ausencia de participación y una rígida estructura escolar llevan a estudiantes a desvincularse de los estudios.
  4. Sentimiento de incompetencia. Cuando el estudiante determina que no es capaz de resolver las tareas propuestas, obtiene un sentimiento de esfuerzo inútil, fracaso y ausencia de reconocimiento social.
Estos factores ponen de nuevo énfasis en la responsabilidad única del estudiante respecto a su motivación, planteamiento claramente reduccionista y alejado de la reflexión que merecen los otros contextos en los que se genera la falta de interés y sentido de la tarea educativa: la propia escuela, la familia, y el origen social y cultural del estudiante.

Misión y Visión de Docentes 2.0



La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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