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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

LA AUSENCIA DE LA MOTIVACIÓN EN EL AULA

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La ausencia de la motivación en el aula, es señalada como una de las causas primeras del deterioro y uno de los problemas más graves del aprendizaje. Lo que es sustentado por varias investigaciones, que han mostrado la importancia de la motivación en el aprendizaje, sin motivación no hay aprendizaje.

La motivación en el aprendizaje, es el interés que tiene el estudiante por su propio aprendizaje o por las actividades que le conducen a él. El interés se puede adquirir, mantener o aumentar en función de aquellos elementos intrínsecos y extrínsecos anteriormente nombrados. Que deben ser distinguidos de lo que tradicionalmente se ha venido llamando en las aulas “motivación”, que no es más que lo que el docente hace para que los educandos se motiven.

Podemos clasificar la motivación en cuatro tipos: 
  1. Motivación relacionada con la tarea, o intrínseca.
  2. Motivación relacionada con el yo, con la autoestima.
  3. Motivación centrada en la valoración social.
  4. Motivación que apunta al logro de recompensas externas.

La motivación, no debe ser solo al principio de la actividad inicial, sino que debe mantenerse hasta el final, y ser el punto de partida, si el proceso de aprendizaje tiene éxito, de nuevas motivaciones para nuevos procesos. Cada estudiante se motiva por razones diferentes, esto nos lleva a una consecuencia: los incentivos tienen un valor motivacional limitado. 

La misma actividad incentivadora produce distintas respuestas en distintos individuos, o incluso en los mismos estudiantes en diversos momentos.

Por consiguiente, es más importante crear interés por la actividad que por el mensaje, para ello hay que apoyarse en los intereses de los estudiantes y conectarlos con los objetivos del aprendizaje o con la misma actividad. 

  1. Los educandos no se motivan por igual.
  2. Los educandos se motivan más y mejor, cuando existen mayores y mejores experiencias en el aula. 

La razón, es que los procesos permanecen siempre y sirven de refuerzo o motivación para posteriores aprendizajes. No se trata de motivar a los estudiantes, sino más bien, de crear un ambiente que les permita motivarse a sí mismos. Tiene mucho más sentido centrar nuestro interés en el entorno o en la situación de aprendizaje. 

¿Cómo se puede lograr? 

1. Seleccionando aquellas actividades o situaciones de aprendizaje que ofrezcan retos y desafíos razonables por su novedad, variedad o diversidad.

2. Ayudando a los estudiantes en la toma de decisiones.

3. Fomentando su responsabilidad e independencia.

4. Desarrollando habilidades de autocontrol.


MOTIVAR EN EL AULA DE CLASES

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Cuando se habla de motivación, se habla del proceso que provoca cierto comportamiento, que mantiene una actividad o modifica una existente. Además, motivar es inducir al estudiante hacia lo que se quiere enseñar; es llevarlo a participar activamente en las asignaciones escolares. Asimismo, motivar es conducir al estudiante a que se desempeñe a aprender, sea por ensayo, error, por imitación o por reflexión.

La motivación se fundamenta, en el intento de facilitar a los estudiantes una situación que los estimule a un esfuerzo intencional, a una actividad orientada hacia determinados resultados deseados y comprendidos. Equivalentemente, motivar es predisponer a los estudiantes a que aprendan y, consecuentemente, realicen un esfuerzo para alcanzar los objetivos previamente establecidos.

El propósito de la motivación consiste en despertar el interés, estimular el deseo de aprender y dirigir los esfuerzos para alcanzar metas definidas. La motivación es elemento decisivo en el proceso del aprendizaje y no podrá existir, por parte del docente, si el estudiante no está motivado, si no está dispuesto a malgastar esfuerzos. Puede señalarse, que no hay aprendizaje sin esfuerzo, y mucho menos aprendizaje, mientras que éste se desarrolla en un ambiente un tanto artificial. No hay método o técnica de enseñanza que exima al estudiante de esfuerzos. De ahí la necesidad de motivar las actividades a fin de que haya esfuerzo voluntario por parte de quien aprende.

La motivación por esencia establece una relación entre lo que el docente pretende que el estudiante realice y los intereses de éste. En la institución educativa, motivar es en última instancia llevar al educando a que se aplique a lo que él necesita aprender. El fracaso de muchos docentes radica en que no motivan sus clases, quedando, de ese modo, docente y estudiante en comportamientos estancos, sin comunicación, este es, el docente queriendo dirigir el aprendizaje y los alumnos no queriendo aprender.

Un estudiante está motivado cuando siente la necesidad de aprender lo que está siendo presentando. Esta necesidad lo lleva a aplicarse, a esforzarse y a preservar en el trabajo hasta sentirse satisfecho. En caso contrario, el docente terminará dando su clase, pero solo. Por eso debe ser preocupación constante del educador motivar sus clases. La motivación es la que da vida, espontaneidad y razón de ser a sus lecciones. La principal fuente de indisciplina en clase es la falta de motivación. Es frecuente encontrarse con docentes que entran en su clase, y automáticamente, se inicia los trabajos, en forma mecánica.

Para que se comprenda mejor la motivación es necesario que se precise que se trata de una condición interna, mezcla de impulsos, propósitos, necesidades e intereses, que conmueven al individuo a actuar. Todo comportamiento depende de estímulos externos y de las condiciones biopsiquicas del individuo. Una mismo evento, puede provocar comportamientos distintos, en distintas personas, así como en la misma persona, pero en situaciones internas y externas también diversas.

Todo aprendizaje se realiza impulsado por motivos, por necesidades, pero ocurre que el resultado del aprendizaje pasa, también a funcionar como elemento modificador del campo de los motivos, condicionando, así comportamientos futuros. Es decir; el aprendizaje crea nuevos motivos, nuevas necesidades.


LA MOTIVACIÓN EN EL AULA DE CLASES.

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La interacción entre los contenidos creados por los docentes y las características con las que estudiantes abordan el trabajo en el aula de clases no es estática sino dinámica. Un estudiante puede comenzar una actividad propuesta por el docente con mucho interés y, al poco rato, abandona la actividad y se pone a hablar con los compañeros. Se han preguntado ¿Qué ha producido este cambio? Se observa que, aunque los estudiantes estén trabajando individualmente, determinadas formas de contextualización de la actividad por parte de los docentes y en determinadas conveniencias de interacción en el aula contribuyen positivamente a que los estudiantes desarrollen formas de enfrentarse a las actividades escolares que les ayudan a mantener el interés por aprender y a evitar el abandono del esfuerzo preciso.

Por esta razón, es importante que los docentes reflexionen sobre las características motivacionales de los estudiantes desde una perspectiva dinámica. Es decir, han de considerar las implicaciones de la interacción entre las actuaciones del docente, la respuesta del estudiante, los efectos, paso a paso, de las formas en que éstos acometen sus actividades, los modos de apoyo e intervención del docente a lo largo y después de éstas, etc. Si no se toma la reflexión desde esta perspectiva, se puede llegar a conclusiones equivocadas sobre el valor de las distintas formas de encarar la enseñanza.

Al examinar la motivación de los estudiantes y su dependencia del contexto creado por el docente, es preciso considerar, además, que los estudiantes no trabajan aislados y que las actividades que han de realizar no constituyen eventos sin relación alguna entre ellos. Lo que se dice a un estudiante es observado por su compañero de al lado. Lo que se escucha en un momento dado es comparado mentalmente con lo que se ha dicho un rato antes. El resultado de todo ello es que, aunque transitoriamente cada una de las actividades del docente pueda tener un efecto independiente, cada nueva intervención cobra significado en el conjunto de sus acciones. 

Estas acciones definen lo que se ha denominado clima motivacional del aula. El clima motivacional que los docentes crean en el aula se traduce en la representación que los estudiantes se hacen respecto a qué es lo que cuenta en las clases, qué es lo que quiere de ellos el docente y qué consecuencias puede tener, en ese contexto, actuar de un modo u otro. Tal representación, modificable si cambian las pautas de actuación del docente, forma el marco desde el que los estudiantes le cargan significado a la actividad cotidiana, marco que contribuye a facilitar o dificultar la motivación por aprender.

Como resultado, aunque al iniciar la reflexión sobre las estrategias de actuación en clase sea preciso analizar por separado los efectos de cada una de ellas, es necesario que los docentes tomen conciencia del modo en que tienden a configurar el clima de sus aulas, ya que sin una modificación adecuada y coherente de éste es muy difícil que puedan cambiar la motivación de los estudiantes. De hecho, si se modifican las formas de actuación específicas, pero no cambia el clima motivacional de la clase de modo coherente, es posible llegar a la conclusión de que el cambio no sirve porque no se han visto efectos positivos, cuando en realidad lo que ocurre es que no sirve si se introduce aisladamente.

En conclusión, conviene recordar algo muy sencillo: el significado de las acciones de un estudiante en un momento dado y los resultados de éstas cobran sentido en el contexto de su historia personal. La forma en que han afrontado su trabajo escolar en el pasado, los resultados obtenidos y las consecuencias a que han dado lugar han ido configurando una percepción de las propias capacidades en relación con las actividades escolares, del valor de éstas y de las razones por las que han de realizarlas, que, en caso de que tal percepción sea inadecuada, piden a los docentes un esfuerzo continuado para poder modificarla. No es suficiente con que un docente diga en una ocasión a un estudiante que habitualmente fracasa y que tiene un autoconcepto muy pobre de sí misma: "¿Ves cómo eres capaz de hacerlo? En cuanto te has esforzado y has pensado un poco lo has conseguido", porque este estudiante, al tratarse de un éxito aislado, puede pensar que se debe a que la han ayudado, o que la actividad era fácil, o que este éxito es la excepción que confirma la regla. 

Es por ello, que al reflexionar sobre las pautas de actuación que, en interacción dinámica con los estudiantes, pueden ayudar a crear un clima de clase capaz de despertar en éstos el interés y la motivación por aprender, no se debe perder de vista que se requiere tiempo, a veces bastante tiempo, para que tales pautas tengan los efectos deseados. Sin tener esto en mente, es fácil que, al leer las páginas que siguen, alguien piense: "Esto ya lo he hecho y no me ha dado resultado." Es preciso, pues, analizar la adecuación de las propias formas de proceder sin olvidar que uno de los factores que las hacen adecuadas es su uso repetido.

DESMOTIVACIÓN ESCOLAR.

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Una de las dificultades más significativas a las que se enfrenta un docente es la de enseñar a aquellos estudiantes que no sienten interés por lo que se les propone en clase; a esta situación de desmotivación, se le suelen aumentar problemas de conducta, y por supuesto, retrasos en el aprendizaje. Tres situaciones que sin duda tiene relación entre sí, se hace muy difícil desligar, pero que no son normalmente lineales ni unidireccionales.

La motivación se define como un rasgo propio de cada persona, que se conserva relativamente constante a lo largo del tiempo y que es bastante difícil de modificar. No obstante, creemos que su sentido es parcial, ya que coloca al estudiante como único responsable de su escaso interés por el aprendizaje, existiendo otros muchos factores que también influyen.

El concepto de “meta” es un componente fundamental para entender la actitud positiva o negativa de los estudiantes frente al aprendizaje, es la representación cognitiva de lo que se desea conseguir o evitar e influye decisivamente en la motivación. Se puede distinguir entre metas de aprendizaje, buenos estudiantes cuyo objetivo es el resultado final, y metas de ejecución, donde se dispone a quienes buscan la aprobación de los demás en función del resultado de sus aprendizajes y a quienes tienen como objetivo principal evitar el fracaso.

Además, la autoestima de los estudiantes es otro factor clave ya que en ocasiones se creen incapaces de alcanzar las metas que el mundo escolar les impone; sus éxitos y fracasos son causa de factores fijos y no controlables por ellos. La reacción más habitual es la de mantener su autoestima a través de comportamientos contrarios a las normas escolares y sociales.

Pero, ¿Cómo se llega a la falta de sentido en relación al aprendizaje escolar?

  1. Apatía a la labor. Las demandas de trabajo no deben estar por encima de las posibilidades del estudiante; si no se entiende, no se hace.
  2. Ausencia de interés. El interés existe cuando el estudiante siente una satisfacción personal al trabajar determinados contenidos, ya sea por gusto, necesidad de aprobar o cumplir con la tarea. Es un factor variable a lo largo de la vida escolar, estando más presente en las edades tempranas.
  3. Falta de autonomía. La enseñanza receptiva, la ausencia de participación y una rígida estructura escolar llevan a estudiantes a desvincularse de los estudios.
  4. Sentimiento de incompetencia. Cuando el estudiante determina que no es capaz de resolver las tareas propuestas, obtiene un sentimiento de esfuerzo inútil, fracaso y ausencia de reconocimiento social.
Estos factores ponen de nuevo énfasis en la responsabilidad única del estudiante respecto a su motivación, planteamiento claramente reduccionista y alejado de la reflexión que merecen los otros contextos en los que se genera la falta de interés y sentido de la tarea educativa: la propia escuela, la familia, y el origen social y cultural del estudiante.

LA DESMOTIVACIÓN EN EL AULA.

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Los estudiantes con Déficit de Atención y Dificultades de Aprendizaje se enfrentan muy a menudo a la experiencia del fracaso que tiene como consecuencia la desmotivación y falta de confianza lo cual se convierte en el mayor obstáculo para alcanzar las metas.

La motivación es una inclinación general que dirige el comportamiento hacia la obtención de lo que se desea. Bajo esta perspectiva las personas con Déficit de Atención y Dificultades de Aprendizaje están siempre motivadas, pero su mayor problema es que responden a muchos estímulos a la vez.

Tipos de motivación:

  1. La motivación intrínseca ocurre cuando estudiante se enfoca más sobre el proceso de logros que sobre resultados, puede pensarse que están motivados al logro. De este modo realizan cosas por el placer y la satisfacción de realizar o crear algo.
  2. La motivación extrínseca se da cuando el estudiante sólo trata de aprender no tanto porque le gusta la asignatura o actividad sino por las calificaciones o el premio que va a recibir. 
  3. Motivación negativa es la obligación que hace cumplir a la persona a través de castigos, amenazas, etc. 
  4. Motivación positiva es el deseo constante de superación, guiado siempre por un espíritu positivo. 
  5. Motivación en un grupo: Los estudiantes tratan de satisfacer al menos una parte de sus necesidades, colaborando con otros e un grupo. En él, cada miembro aporta algo y depende de otros para satisfacer sus aspiraciones; Se adquiere un complejo grupal, mientras que las necesidades personales pasan a ser parte de las aspiraciones del grupo; Se promueve el trabajo en equipo y la dependencia de sus integrantes para lograr un reto; Da un sentido de identidad; Ofrece mayor seguridad y se puede promover el trabajo cooperativo.

La mayor dificultad de los estudiantes con Déficit de Atención y Dificultades de Aprendizaje es superar las experiencias de fracaso que les provoca un alto nivel de frustración. La frustración trae como consecuencia: 

  1. Desorganización del comportamiento. 
  2. Agresividad.
  3. Reacciones emocionales. 
  4. Apatía.

Para romper con el ciclo del fracaso se debe buscar formas de satisfacer las necesidades. La necesidad de sentirse importante. Los estudiantes requieren de sentirse importantes para alguien esta condición le da un sentido de valor a su existencia. Esta necesidad es satisfecha cuando se respeta a cada estudiante de acuerdo a sus características, se le da un lugar en aula y se le valora como persona. 

El valorar sus habilidades y otorgarle responsabilidades generan un sentimiento de valoración personal. La necesidad de seguridad. Para el desarrollo pleno de la personalidad de los estudiantes es fundamental contar con la seguridad necesaria para enfrentar situaciones y personas en momentos determinados de la vida. Esta seguridad se logra cuando ofrece disciplina, sentimientos de aceptación y oportunidades de independencia, orientación y apoyo. 

La falta de control hace que en muchas ocasiones se generen experiencias negativas con el medio que generan mucha inseguridad. Ambientes donde hay un manejo adecuado de la situación permiten que los estudiantes tengan un mayor control de sus características. La necesidad de ser aceptado Si hay aceptación de las diferencias de cada uno, se genera sentimientos y pensamientos positivos que ayudan a levantar el nivel de autoestima generando una imagen positiva de sí mismo. 

Conocer las diferencias y las características propias de los estudiantes permite tener expectativas realistas que van a generar un sentimiento de aceptación. La necesidad de amar y ser amado. Toda persona necesita sentirse amada, un amor por medio de actitudes y gestos que llevan un mensaje de aceptación. El sentirse amados también les dará la oportunidad de corresponder a tal sentimiento que también se convierte en una de sus necesidades básicas. 

Aprender cómo ayudar a nuestros estudiantes nos permite tener la oportunidad de expresar nuestro amor, el desconocimiento y la desorientación hacen que muchas veces se tomen medidas equivocadas que crean en ellos pensamientos negativos. La necesidad de elogio. Todos necesitamos que se nos reconozca lo que hacemos por insignificante que esto sea, el nivel o valor de lo que se hace se mide por el esfuerzo que se dio para realizarlo. 

La motivación y el estímulo son básicos para cambiar una actitud negativa y de fracaso. Por lo general estudiantes con dificultades se le ponen mucho énfasis en lo que no hace bien y se deja de lado sus habilidades. Expectativas claras permiten valorar y reconocer sus logros, ellos más que cualquier persona requieren de estímulo constante de parte del ambiente. La necesidad de disciplina. Los estudiantes necesitan de disciplina para desarrollarse plenamente, un ambiente disciplinado es un ambiente que genera seguridad y les permite desarrollar hábitos que son fundamentales para su formación.

Un ambiente estructurado donde existe un manejo adecuado de la disciplina les permite a los estudiantes experiencias positivas que van a ayudar al desarrollo de una imagen positiva de sí mismos. Las necesidades psicoacadémicas:

  1. Autonomía: tener la posibilidad de escoger o tomar decisiones.
  2. Aptitud: poder realizar la actividad o tarea de manera satisfactoria de acuerdo a su habilidad.
  3. Pertenencia: sentir que forma parte de algo, poder experimentar el trabajo en equipo y la identidad de grupo.
  4. Autoestima: facilitar experiencias de logro. 
  5. Estimulo: poner atención al proceso y no necesariamente al resultado.

El desarrollo de la confianza

Uno de los obstáculos más fuertes para motivar y lograr la autoconfianza es el temor a cometer errores. Los estudiantes con problemas de aprendizaje, a menudo son muy vulnerables a sentimientos de fracaso y tienden a rehusarse ante tareas en donde pueden fallar. Los docentes deben ayudar al estudiante a comprender que el error es un ingrediente importante en el proceso de aprendizaje. Esto se puede lograr enseñándole ante un error la forma correcta de resolver el problema, fomentar que tanto en la casa como en el aula se eliminen los comentarios negativos. Comentar y trabajar con él como el miedo a equivocarse puede obstaculizar el aprendizaje. Para promover la confianza es necesario que los estudiantes logren tener experiencias donde aprendan a creer en ellos, se deben estimular, apoyarlos y enfocarse en sus fortalezas y en sus competencias. La confianza ayuda a desarrollar la capacidad para resolver problemas y las habilidades en la toma de decisiones, además su comportamiento es más adaptable que aquellos que no tienen confianza en sí mismos. 

Algunas formas de promover la confianza: 

  1. La confianza en sí mismo está unida a un sentido de optimismo, dominio y autocontrol.
  2. Los estudiantes necesitan del apoyo del docente para que les guíe y les orienten para enfrentar los obstáculos que se le presentan al enfrentar el reto. 

Thomas Edison para lograr su meta cometió mil errores antes de tener éxito y comento:
“Aprendí novecientas noventa y nueve maneras de cómo no hacer las cosas”.

¿POR QUÉ ESTÁ TAN DESMOTIVADO LOS DOCENTES?

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En la actualidad la labor docente es más compleja que la de hace pocas décadas, lo que hace necesario replantearse con seriedad qué papel ha de representar el docente y cómo se le puede ayudar. Y para ello es necesario favorecer su estabilidad laboral, mejorar su formación, incrementar su sueldo, estrechar la colaboración entre la institución y familia, y dedicar más recursos a la enseñanza. Pero también es preciso mejorar la imagen social del docente e incorporar esfuerzos entre las instituciones para que los docentes no se sientan solos ante los numerosos desafíos que entraña la tarea de educar.

Para ello es necesario que la educación empiece desde casa, el fomento de valores relacionados con el respeto, la igualdad, la solidaridad, el trabajo en equipo dentro del hogar debe estar en consonancia con los valores trabajados en las aulas. Todo esto, es una de las pequeñas iniciativas por donde se debe comenzar pero el camino es muy largo y todos debemos ayudar a corregir estas situaciones, ya que de esta manera desarrollaremos una enseñanza de calidad y tanto los estudiantes y docentes se verán beneficiados por ello.

Las encuestas reflejan que las percepciones positivas y negativas que experimentan los docentes en los años de servicio desempeñan un importante papel en el desarrollo de su actividad profesional. A continuación vamos a enumerar algunos aspectos que se relacionan con las sensaciones de 
satisfacción o de estrés en la profesión docente:

• Aspectos que producen satisfacción:

  1. Trabajar con los estudiantes creando una buena relación. Ayuda individual.
  2. Observar que los estudiantes muestran interés y que puedan logran los objetivos educativos.
  3. Mantener interacciones positivas con los colegas.
  4. Disponer de un ambiente adecuado para el crecimiento personal.
  5. Implicarse en las actividades extraescolares de la institución.
  6. Desarrollar el currículo y enseñar la materia de forma adecuada.
  7. Obtener un adecuado “realimentación” de los estudiantes a fin de curso.

• Aspectos que producen estrés y sensación de fracaso

  1. Excesivas asignaciones en tiempo limitado o temas que no terminan nunca.
  2. Atención a problemas de disciplina y convivencia en el aula de clases.
  3. Escasa motivación en los estudiantes y actitudes negativas.
  4. Falta de apoyo en los compañeros, padres, administrativo, etc.
  5. Falta de ayuda o de colaboración.
  6. Falta de seguridad ante los retos docentes y los problemas del aula.
  7. Órdenes ministeriales que cambian el currículo.

En general los elementos que producen sensaciones de malestar docente o de frustración de los docentes vienen determinados por un conjunto amplio y complejo de circunstancias como son su historia personal y los modelos vistos en las aulas de clase cuando eran estudiantes. A todo esto, se le debe unir la sorprendente desconexión con lo que se esperaba que fuese una actividad sencilla, combinada con el deseo de ser competente, lo cual conduce a la incertidumbre y a la ansiedad.

De todo esto surge la necesidad de afiliación y búsqueda de seguridad, la necesidad de pertenecer a una cultura que les ayude a encontrar seguridad física y emocional, la búsqueda de compañeros que les comprendan y ayuden a reducir las incertidumbres y problemas que la realidad escolar les produce.

No tiene por qué ser la única razón, pero no cabe duda que sí sea una razón importante la desmotivación de una parte del docente, una de las causas del fracaso escolar en las aulas. En la actualidad, se han podido apreciar que existen docentes que no tienen tiempo para desarrollar todas las actividades que tienen programadas, y clases que son un auténtico caos debido a la falta de motivación del docente.

Sin duda, que un docente motivado, por los factores que hemos mencionado anteriormente, que sea capaz de atraer a toda la clase en su materia, que en las tutorías se preocupe por la situación de todos sus estudiantes, ya sea tanto en el interior del instituto como afuera, favorecería que el fracaso escolar fuese muy inferior.

Es por ello, que debe ser labor de las instituciones, ya sea a través de programas de formación o de inspecciones periódicas del docente, la que tome cartas en el asunto y haga algo para solucionar este problema que afecta a toda la comunidad educativa.

LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA, LA FAMILIA Y LA COMUNIDAD.

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Las instituciones educativas, especialmente aquéllas que están en contextos de desventaja en la actualidad, no pueden trabajar aisladas de las familias y de las comunidades respectivamente. Es una realidad establecida que, cuando las instituciones educativas trabajan conjuntamente con las familias para apoyar el aprendizaje de los estudiantes, estos suelen tener éxito. De ahí el requerimiento continúo a formar redes de colaboración que involucren a los padres en las tareas educativas.

Realmente el problema no es el objetivo sino cómo se traspasan las barreras actuales y como partiendo de la situación llegar hasta él. Si bien la literatura está llena de experiencias que describen programas de importancia de las familias, actividades realizadas y resultados conseguidos, el problema es su carácter situado y la escasa posibilidad de transferencia a otros contextos.

En la actualidad, existen un conjunto de obstáculos y barreras, más perceptivos que objetivos, que impiden la colaboración y el trabajo conjunto: los docente no siempre fomenta la implicación de las familias, en parte es debido a la desconfianza contra las evidencias que pueden aportar a la mejora de la educación; Así mismo, los padres no siempre participan cuando son inducidos, debido al desconocimiento e inseguridad sobre lo que ellos pueden hacer, entre otras cosas. En los últimos tiempos, los docentes se quejan ante determinadas situaciones conflictivas, la actitud más común de los padres es la de apoyar a sus hijos, en vez de colaborar. Es preciso romper las fronteras de territorios separados, cuando de lo que se trata es del objetivo común de educación para la ciudadanía. 

La familia desempeña un papel crítico en los niveles de consecución de los estudiantes y los esfuerzos por mejorar los resultados de los estudiantes son mucho más efectivos si se ven acompañados y apoyados por las respectivas familias. Si es muy importante el apoyo en casa, éste se ve reforzado cuando hay una implicación en las tareas educativas desarrolladas por la institución educativa. Como efecto final, dicha implicación contribuye, a la larga, a mejorar el propio centro educativo.

Hay distintos enfoques teóricos y prácticos sobre las relaciones familia-comunidad: 

  1. Un enfoque de integración de servicios comunitarios, apropiado para zonas desfavorecidas.
  2. Un enfoque funcional de implicación de las familias, que describe los papeles y responsabilidades de los docentes y las familias para promover el aprendizaje de los estudiantes.
  3. Un enfoque organizativo que apuesta por construir capital social mediante el establecimiento de redes y relaciones con la comunidad.

La familia, la institución educativa y la comunidad son tres esferas que, de acuerdo con la propuesta de Epstein, según el grado en que se compartan intersecciones y se solapen tendrán sus efectos en la educación de los estudiantes. La colaboración entre estos agentes educativos es un factor clave en la mejora de la educación. Pero el grado de conexión entre estos tres mundos depende de las actitudes, prácticas e interacciones, en muchos casos sobre determinadas por la historia anterior. La situación sociocultural y las políticas y prácticas anteriores condicionan el grado de implicación y la forma y tipos de relación; las líneas de comunicación individual e institucional especifican cómo y dónde tienen lugar las interacciones entre la institución educativa, familias y entorno.

De acuerdo con Epstein, basándose en la teoría de solapamiento entre esferas de influencia, identificó seis tipos de implicación de la institución educativa-familia-comunidad que son importantes para el aprendizaje de los estudiantes y para hacer más efectiva la relación entre instituciones educativas y familias:

  1. Ejercer como padres: ayudar a todas las familias a establecer un entorno en casa que apoye a sus hijos como estudiantes y contribuya a las instituciones educativas a comprender a las familias.
  2. Comunicación: diseñar y realizar formas efectivas de doble comunicación (familia-institución educativa) sobre las enseñanzas de la institución educativa y el progreso de los estudiantes.
  3. Voluntariado: los padres son bienvenidos a la institución educativa para organizar ayuda y apoyo en el aula, el centro y las actividades de los estudiantes.
  4. Aprendizaje en casa: proveer información, sugerencias y oportunidades a las familias acerca de cómo ayudar a sus hijos en casa, en el trabajo escolar.
  5. Toma de decisiones: participación de los padres en la institución educativa.
  6. Colaborar con la comunidad: identificar e integrar recursos y servicios de la comunidad para apoyar a las instituciones educativas, a los estudiantes y a sus familias, así como de estos a la comunidad.

El tópico de implicación de las familias domina en los estudios y prácticas desarrolladas en torno al incremento de las relaciones entre familias e instituciones educativas. La literatura se ha centrado (HooverDempsey y Sandler) en comprender por qué los padres llegan a implicarse en la educación de sus hijos y en cómo esta implicación influye en el rendimiento de los estudiantes. De acuerdo con estos autores, la motivación para dicha implicación se asienta en la construcción del papel de padre o madre para implicarse y en la percepción de su eficacia para ayudar a sus hijos a aprender. El primero incluye un sentido de responsabilidad personal o compartida por los resultados educativos de sus hijos y en las creencias concurrentes acerca de lo que ellos pueden aportar para apoyar a sus hijos en el aprendizaje y en el éxito escolar. Por su parte, el sentido de eficacia incluye la creencia de que sus acciones personales pueden ayudar eficazmente al estudiante a aprender. A su vez, la implicación en la educación se construye socialmente mediante las interacciones con el profesorado y directivos, con los otros padres y con sus hijos.

Así, las invitaciones para participar suelen ser un factor motivador relevante, en la medida en que sugiere que dicha implicación es bien vista, valorada y esperada por el profesorado. Esta invitación puede provenir del centro escolar como conjunto, resultado de un clima escolar favorable; de los propios tutores y de los docentes. El tiempo y la capacidad (conocimientos y destrezas) de los padres actúan, al tiempo, como factores favorables o barreras. Sin duda hay también factores contextuales de las familias que condicionan dicha participación (estatus socioeconómico; conocimientos, destrezas, tiempo y energía de los padres; cultura familiar). Precisamente, en contextos sociales desfavorecidos, justo los que precisan mayor implicación de los padres, estos factores no contribuyen.

Las estrategias para incrementar la implicación de las familias se pueden clasificar en dos grandes grupos:

  1. Estrategias para incrementar las capacidades de la institución educativa para implicar a las familias: crear condiciones para un clima escolar dinámico e interactivo con los padres y madres. El equipo directivo puede adoptar un conjunto de medidas para apoyar la participación y las relaciones entre los docentes y familias, favoreciendo la creación de confianza. A su vez, se puede capacitar al profesorado para establecer relaciones positivas y continuas con las familias.
  2. Estrategias para capacitar a los padres a involucrarse efectivamente: apoyo explícito de la institución educativa para que los padres construyan un papel activo, un sentido positivo de eficacia y una percepción de que la institución educativa y los docentes quieren su participación. Ofrecer sugerencias específicas de lo que pueden hacer y hacerlos conscientes del relevante papel que tienen en el aprendizaje exitoso de sus hijos.

Misión y Visión de Docentes 2.0



La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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