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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

EL FRACASO Y EL APRENDIZAJE

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Actualmente, la realidad escolar ante el fracaso escolar, constituye y define la identidad de la institución educativa, generando así las “malas” escuelas y, por lo tanto, a los “malos” estudiantes y “malos” docentes. El fracaso escolar y los fenómenos en los que se expresa: repetición, edad, abandono, baja apropiación de los aprendizajes, entre otros; son una construcción social, es decir, que no hay destino natural biológico o ambiental que determine que ese estudiante no va a aprender. Consecuentemente, si superamos una mirada patologizante sobre los estudiantes que no aprenden y que los hace responsables de su situación educativa, diciendo que lo que les pasa es culpa de las familias, de la situación económica, del desapego, del desinterés, de la desidia y transitamos hacia otra mirada más compleja, ordenada cuyo eje sean las condiciones de escolarización, es posible afirmar que todos los estudiantes pueden aprender. 

Estas maneras ver las cosas no son espontáneas, sino que tienen su historia, es decir, que han sido construidas por mentes y prácticas humanas. Por lo tanto, si no son obra del destino o de la naturaleza, pueden ser reconstruidas. Cuando un docente dice, por ejemplo, este estudiante debe repetir el grado, aplica un dispositivo de escolarización creado para la escuela de otro siglo, que llega hasta el presente como algo natural, incuestionable e inmodificable.

En primer lugar, evitando decir de un estudiante que es un vago, que es un burro, que actúa con apatía, porque cuando decimos esto, anunciamos su fracaso, porque el lenguaje no es neutro y siempre tiene efectos directos o indirectos sobre la autopercepción que tienen los estudiantes de sus posibilidades para aprender. Si esa percepción se construye a partir del déficit, ¿Desde qué posibilidades pueden los estudiantes asumir el reto de aprender, si han sido marcados con el lenguaje, que ellos no pueden, no saben, no quieren? 

Es necesario confiar en las posibilidades de los estudiantes para construir una relación pedagógica exitosa evitando convertir en problema del estudiante lo que en realidad son límites de los propios dispositivos de escolarización. Desde esta perspectiva no hay fracaso escolar, sino situaciones que impiden a los estudiantes transitar bajo las formas históricamente pautadas para el sistema educativo, pero que pueden ser modificadas para que todos puedan aprender. 

Además, la motivación es clave para aprender. El deseo no es algo que nace solo, sino que es necesario hacerlo surgir. El estudiante con dificultades, no es que no aprende porque no está motivado, sino que no está motivado porque no puede aprender. Para que aprenda es necesario que el docente cree situaciones didácticas desafiantes, que constituyan verdaderos problemas que generen en él, el deseo y el placer por enfrentarlas.

En el camino de la Enseñar. Es deseable que la familia acompañe a la escuela en este proceso de aprendizaje de sus hijos: estimulándolos para que sigan aprendiendo, promoviendo que cumplan con las obligaciones que la escuela les asigna, valorando diariamente lo que el estudiante hace.

Siempre, es recomendable que los docentes revisen sus prácticas, para mejorarlas en función de mejores aprendizajes para sus estudiantes. En la actualidad, se puede apreciar en las instituciones educativas que las clases como unidad didáctica, desaparece, es decir, pasa a ser reemplazada por una serie de ejercicios prefabricados de un manual que someten a los estudiantes y también al docente a una rutina de la práctica pedagógica. En otras clases, el docente se constituye en la figura universal: él habla y sus estudiantes escuchan, él explica y sus estudiantes ejecutan lo explicado es decir el docente desempeña un rol activo y el estudiante un rol pasivo. En estas condiciones consecuencias como el aburrimiento, la falta de atención, el desinterés, son inevitables.

LA MOTIVACIÓN EN EL AULA DE CLASES.

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La interacción entre los contenidos creados por los docentes y las características con las que estudiantes abordan el trabajo en el aula de clases no es estática sino dinámica. Un estudiante puede comenzar una actividad propuesta por el docente con mucho interés y, al poco rato, abandona la actividad y se pone a hablar con los compañeros. Se han preguntado ¿Qué ha producido este cambio? Se observa que, aunque los estudiantes estén trabajando individualmente, determinadas formas de contextualización de la actividad por parte de los docentes y en determinadas conveniencias de interacción en el aula contribuyen positivamente a que los estudiantes desarrollen formas de enfrentarse a las actividades escolares que les ayudan a mantener el interés por aprender y a evitar el abandono del esfuerzo preciso.

Por esta razón, es importante que los docentes reflexionen sobre las características motivacionales de los estudiantes desde una perspectiva dinámica. Es decir, han de considerar las implicaciones de la interacción entre las actuaciones del docente, la respuesta del estudiante, los efectos, paso a paso, de las formas en que éstos acometen sus actividades, los modos de apoyo e intervención del docente a lo largo y después de éstas, etc. Si no se toma la reflexión desde esta perspectiva, se puede llegar a conclusiones equivocadas sobre el valor de las distintas formas de encarar la enseñanza.

Al examinar la motivación de los estudiantes y su dependencia del contexto creado por el docente, es preciso considerar, además, que los estudiantes no trabajan aislados y que las actividades que han de realizar no constituyen eventos sin relación alguna entre ellos. Lo que se dice a un estudiante es observado por su compañero de al lado. Lo que se escucha en un momento dado es comparado mentalmente con lo que se ha dicho un rato antes. El resultado de todo ello es que, aunque transitoriamente cada una de las actividades del docente pueda tener un efecto independiente, cada nueva intervención cobra significado en el conjunto de sus acciones. 

Estas acciones definen lo que se ha denominado clima motivacional del aula. El clima motivacional que los docentes crean en el aula se traduce en la representación que los estudiantes se hacen respecto a qué es lo que cuenta en las clases, qué es lo que quiere de ellos el docente y qué consecuencias puede tener, en ese contexto, actuar de un modo u otro. Tal representación, modificable si cambian las pautas de actuación del docente, forma el marco desde el que los estudiantes le cargan significado a la actividad cotidiana, marco que contribuye a facilitar o dificultar la motivación por aprender.

Como resultado, aunque al iniciar la reflexión sobre las estrategias de actuación en clase sea preciso analizar por separado los efectos de cada una de ellas, es necesario que los docentes tomen conciencia del modo en que tienden a configurar el clima de sus aulas, ya que sin una modificación adecuada y coherente de éste es muy difícil que puedan cambiar la motivación de los estudiantes. De hecho, si se modifican las formas de actuación específicas, pero no cambia el clima motivacional de la clase de modo coherente, es posible llegar a la conclusión de que el cambio no sirve porque no se han visto efectos positivos, cuando en realidad lo que ocurre es que no sirve si se introduce aisladamente.

En conclusión, conviene recordar algo muy sencillo: el significado de las acciones de un estudiante en un momento dado y los resultados de éstas cobran sentido en el contexto de su historia personal. La forma en que han afrontado su trabajo escolar en el pasado, los resultados obtenidos y las consecuencias a que han dado lugar han ido configurando una percepción de las propias capacidades en relación con las actividades escolares, del valor de éstas y de las razones por las que han de realizarlas, que, en caso de que tal percepción sea inadecuada, piden a los docentes un esfuerzo continuado para poder modificarla. No es suficiente con que un docente diga en una ocasión a un estudiante que habitualmente fracasa y que tiene un autoconcepto muy pobre de sí misma: "¿Ves cómo eres capaz de hacerlo? En cuanto te has esforzado y has pensado un poco lo has conseguido", porque este estudiante, al tratarse de un éxito aislado, puede pensar que se debe a que la han ayudado, o que la actividad era fácil, o que este éxito es la excepción que confirma la regla. 

Es por ello, que al reflexionar sobre las pautas de actuación que, en interacción dinámica con los estudiantes, pueden ayudar a crear un clima de clase capaz de despertar en éstos el interés y la motivación por aprender, no se debe perder de vista que se requiere tiempo, a veces bastante tiempo, para que tales pautas tengan los efectos deseados. Sin tener esto en mente, es fácil que, al leer las páginas que siguen, alguien piense: "Esto ya lo he hecho y no me ha dado resultado." Es preciso, pues, analizar la adecuación de las propias formas de proceder sin olvidar que uno de los factores que las hacen adecuadas es su uso repetido.

LA MOTIVACIÓN Y EL APRENDIZAJE.

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Cuando reflexionamos acerca de los factores que determinan el aprendizaje, podemos ver con claridad que el principal factor que influye es la motivación. Por ello, para facilitar el que los estudiantes se interesen y se esfuercen por comprender y aprender, diferentes investigadores han estudiado los factores de que depende tal motivación y han desarrollado modelos instruccionales en base a los que crear entornos de aprendizaje que faciliten que éste se afronte con la motivación adecuado.

No obstante, la realidad práctica sobre la efectividad de las intervenciones basadas en estos modelos no es suficiente. Las actividades académicas tienen siempre más de un significado debido a que, contribuyen al éxito de diferentes metas. Sin embargo, no todas las metas tienen la misma importancia para cada uno de los estudiantes. Esta importancia varía tanto en función de la orientación personal de éstos como de las distintas situaciones que afrontan a lo largo de su vida académica. Por esta razón, asumiendo que las distintas metas a menudo tienen efectos opuestos sobre el esfuerzo con que los estudiantes afrontan el aprendizaje, considera importante conocer cuáles son tales efectos para así saber sobre qué metas tratar de influir y cómo hacerlo. 

El significado básico que todo contexto de aprendizaje debería tener para los estudiantes es el de que posibilita incrementar sus capacidades, haciéndoles más competentes, y haciendo que disfruten con el uso de las mismas. Cuando esto ocurre se dice que el estudiante trabaja básicamente motivado, siendo capaz de quedarse absorto en su trabajo, superando el aburrimiento y la ansiedad, buscando información espontáneamente y pidiendo ayuda si es realmente necesaria para resolver los problemas que encuentra, llegando a autorregular su proceso de aprendizaje que, de un modo u otro, llega a plantearse como el logro de un proyecto personal. Se cree, que conseguir que los estudiantes afronten el aprendizaje atribuyéndole el significado señalado tiene efectos máximamente positivos, lo que plantea la cuestión de saber qué característica debe reunir el modo en que el docente plantea la enseñanza para que los estudiantes la afronten del modo indicado. 

El aprendizaje se realiza, en un contexto social que contribuye a atribuirle otros significados. El significado más claro es el instrumental. Por ello, esforzarse por aprender puede ser más o menos interesante dependiendo del significado funcional de lo que se aprende. Se busca aprender algo útil, si bien la utilidad es relativa: comprender un principio, resolver un problema, facilitar nuevos aprendizajes, facilitar aprendizajes que posibilitan el acceso a distintos estudios, al mundo profesional en general y a puestos específicos de trabajo en particular, entre otros. Si no se percibe la utilidad de lo que se ha de aprender, el interés y el esfuerzo tiende a disminuir en la medida en que el estudiante se plantee la cuestión de la utilidad. 

En cambio, en la medida en que se perciban las múltiples utilidades que puede tener aprender algo, aumenta la probabilidad de que el interés y el esfuerzo se acrecienten. La utilidad del aprendizaje puede ser algo intrínseco al mismo. Así, estudiar facilita la comprensión de conceptos o procedimientos que, a su vez, facilitan la comprensión y el aprendizaje de otros más complejos que, por su parte, contribuyen a la adquisición de capacidades más generales. El esfuerzo y el aprendizaje, sin embargo, pueden percibirse como útiles porque posibilitan la consecución de incentivos externos al mismo. La ausencia de incentivos externos puede ser, en consecuencia, una causa de la falta de motivación. Sin embargo, el hecho de que para un sujeto su motivación primaria para aprender dependa de incentivos externos no siempre tiene efectos positivos. A menudo contribuye a hacer desaparecer el interés intrínseco que puede tener la realización de una tarea, haciendo que los estudiantes se esfuercen sólo cuando consideran que su realización les va a aportar algún beneficio externo a la misma.

Misión y Visión de Docentes 2.0



La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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