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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

LAS PERSPECTIVA DEL EDUCANDO

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Las actividades académicas poseen más de un significado puesto que las mismas, contribuyen a la consecución de diferentes metas. No obstante, no todas las metas tienen la misma importancia para cada uno de los estudiantes. Esta importancia varía de acuerdo a la orientación personal y de las distintas situaciones que afrontan a lo largo de su vida académica. 

Por este motivo, tomando en cuenta que las distintas metas a menudo tienen efectos opuestos, sobre el esfuerzo con que los educandos afrontan el aprendizaje, es importante conocer cuáles son tales efectos para así saber sobre qué metas tratar de influir y cómo hacerlo. De acuerdo con los autores Dweck y Elliot, 1983, el significado básico que toda situación de aprendizaje debería tener para los estudiantes es el de que posibilita incrementar sus capacidades, haciéndoles más competentes, y haciendo que disfruten con el uso de las mismas. Cuando esto ocurre se dice que el estudiante trabaja intrínsecamente motivado, siendo capaz de quedarse concentrado en su trabajo, superando el aburrimiento y la ansiedad, buscando información espontáneamente y pidiendo ayuda si es realmente necesaria para resolver los problemas que encuentra, llegando a autorregular su proceso de aprendizaje que, de un modo u otro, llega a plantearse como el logro de un proyecto personal. 

Se sustenta, que conseguir que los estudiantes afronten el aprendizaje atribuyéndole el significado, tiene efectos máximamente positivos, lo que se debe plantear es como saber qué característica debe reunir el modo en que el docente plantea la enseñanza para que los educandos la afronten del modo indicado. El aprendizaje se realiza, pero, en un contexto social que contribuye a atribuirle otros significados. 

El significado más evidente es el instrumental. Por ello, esforzarse por aprender puede ser más o menos interesante dependiendo del significado funcional de lo que se aprende. Se busca aprender algo útil, si bien la utilidad es relativa: comprender un principio, resolver un problema, facilitar nuevos aprendizajes, facilitar aprendizajes que posibilitan el acceso a distintos estudios, al mundo profesional en general y a puestos específicos de trabajo en particular, entre otros. 

Si no se distingue la utilidad de lo que se ha de aprender, el interés y el esfuerzo tiende a disminuir en la medida en que los estudiantes se planteen el tema de la utilidad. Por el contrario, en la medida en que se perciban las múltiples utilidades que puede tener aprender algo, aumenta la probabilidad de que el interés y el esfuerzo se acreciente. La utilidad del aprendizaje puede ser algo intrínseco al mismo. Así, que estudiar facilita la comprensión de conceptos o procedimientos que, a su vez, facilitan la comprensión y el aprendizaje de otros más complejos que, por su parte, contribuyen a la adquisición de capacidades más generales. 

El esfuerzo y el aprendizaje, pueden ser percibidos como materiales o sociales cuando el atractivo de una actividad sólo se puede comprobar después de llevar acabo realizándola cierto tiempo o cuando es preciso alcanzar cierto nivel de destreza con ella para disfrutar de su realización y su uso parece aconsejable. Sin embargo, el hecho de que para un sujeto su motivación primaria para aprender dependa de incentivos externos no siempre tiene efectos positivos. A menudo contribuye a hacer desaparecer el interés intrínseco que puede tener la realización de una labor, haciendo que los estudiantes se esfuercen sólo cuando consideran que su realización les va a aportar algún beneficio externo a la misma. 

LA MOTIVACIÓN Y EL APRENDIZAJE

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La motivación en el plano pedagógico motivación, significa proporcionar o fomentar motivos, es decir, estimular la voluntad de aprender. La motivación permite descubrir a la medida en que los estudiantes invierten su atención y el esfuerzo en determinados contenidos, que pueden ser o no los que desean sus docentes; pero que en todo caso se relacionan con sus experiencias subjetivas, su disposición y razones para involucrarse en las actividades académicas. 

Diversos autores y enfoques vinculados principalmente con las perspectivas cognitiva y humanista, el papel del docente en el ámbito de la motivación se centrará en inducir motivos en sus estudiantes en lo que respecta a sus aprendizajes y comportamientos para aplicarlos de manera voluntaria a los trabajos de clase, dando significado a las asignacions escolares y suministrando de un fin determinado, de manera tal que los estudiantes desarrollen un verdadero gusto por la actividad escolar y comprendan su utilidad personal y social. Esto es lo que se denomina motivación por el aprendizaje. 

La dirección de la motivación en el aula presume que el docente y sus estudiantes perciban que existe interdependencia entre los siguientes factores: 
  1. Las características y demandas de la asignación o actividad escolar.
  2. Las metas o propósitos que se establecen para tal actividad. 
  3. El fin que se busca con su realización.
Por lo anterior, puede señalarse que son tres los propósitos perseguidos mediante el manejo de la motivación escolar: 
  1. Despertar el interés en el estudiante y dirigir su atención. 
  2. Estimular el deseo de aprender que conduce al esfuerzo y la constancia.
  3. Dirigir estos intereses y esfuerzos hacia el logro de fines apropiados y la realización de propósitos definidos. 

El papel de la motivación en el logro del aprendizaje significativo, se depende de la necesidad de fomentar en el estudiante el interés y el esfuerzo necesarios, siendo labor del docente ofrecer la dirección y la guía pertinentes en cada situación. 

Sería ideal que la atención, el esfuerzo y el pensamiento de los estudiantes existieran por el deseo de comprender, elaborar e integrar significativamente la información, es decir, que se orientara claramente por una motivación de tipo intrínseca; pero un docente experimentado sabe que esto no siempre, es así. Debido a que, la orientación de los estudiantes está determinada por su temor a reprobar o por la búsqueda de una aceptación personal, lo cual es una realidad no sólo porque el estudiante así lo haya elegido, sino porque lo ha aprendido en el contexto de las prácticas que se fomentan en la escuela. 

De esta manera, lo axiomático es que la motivación para el aprendizaje es un fenómeno muy complejo, condicionado por aspectos como los siguientes: 

  1. El tipo de metas que se propone el estudiante en relación con su aprendizaje o desempeño escolar, y su relación con las metas que los docentes y la cultura escolar fomentan.
  2. La posibilidad real que el estudiante tenga de conseguir las metas académicas que se propone y la perspectiva asumida al estudiar. 
  3. Que el estudiante sepa cómo actuar o qué proceso de aprendizaje seguir, para afrontar con éxito las asignaciones y problemas que se le presenten.
  4. Las creencias y expectativas tanto de los estudiantes como de sus docentes acerca de sus capacidades y desempeño, así como el tipo de factores a los que atribuyen su éxito y fracaso escolar. 
  5. El contexto que define la situación misma de enseñanza, en particular los mensajes que recibe el estudiante por parte del docente y sus compañeros, la organización de la actividad escolar y las formas de evaluación del aprendizaje.
  6. Los comportamientos y valores que el docente modela en los estudiantes, los cuales pueden facilitar o inhibir el interés de éstos por el aprendizaje. 
  7. El ambiente o clima motivacional que priva en el aula y el empleo de una serie de principios motivacionales que el docente utiliza en el diseño y conducción del proceso de enseñanza-aprendizaje. 

¿QUÉ ES EL HÁBITO DE ESTUDIO?

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Es pertinente señalar que los hábitos de estudios, son las conductas que las estudiantes aprenden por repetición. Se tienen hábitos buenos y malos, los buenos hábitos, sin duda, ayudan a los individuos a conseguir sus metas siempre y cuando estos sean trabajados en forma adecuada durante las diferentes etapas de la vida. El hábito, en sentido etimológico, es la manera usual de ser y, por extensión, el conjunto de disposiciones estables que, al confluir la naturaleza y la cultura, garantizan una cierta constancia de nuestras reacciones y conductas. 

De acuerdo con el autor Perrenoud, sustenta que el hábito, es el conjunto de las costumbres y las maneras de percibir, sentir, juzgar, decidir y pensar. El hábito es un tipo de conducta adquirido por repetición o aprendizaje y convertido en un automatismo. El hábito, como la memoria y los instintos, es una forma de conservación del pasado. 

Las dos fases del hábito son de: 
  1. Formación: Que corresponde al periodo en que se está adquiriendo el hábito.
  2. Estabilidad: Es cuando ya se ha conseguido y se realizan los actos de forma habitual con la máxima facilidad y de manera automática.
Los hábitos son factores poderosos en la vida de las personas. Dado que se trata de pautas consistentes, a menudo inconscientes, de modo constante y cotidiano expresan el carácter y generan nuestra efectividad o inefectividad. El hábito requiere de tres elementos para ubicarlo en acción: 
  1. El conocimiento.
  2. Las capacidades y 
  3. El deseo.

Los hábitos de estudio son los métodos y estrategias que acostumbra a usar el estudiante para asimilar unidades de aprendizaje, su aptitud para evitar distracciones, su atención al material específico y los esfuerzos que realiza a lo largo de todo el proceso. Un hábito es un patrón conductual aprendido que se presenta mecánicamente ante situaciones específicas generalmente de tipo rutinarias, donde el individuo ya no tiene que pensar ni decidir sobre la forma de actuar. 

Para lograr este tipo de conductas, la escuela debe proporcionar al estudiante, diferentes metodologías de trabajo que impliquen técnicas de estudio variadas para que, con su adquisición, interiorización y aplicación constante, se desenvuelva en su vida académica.

El hábito de estudio requiere fuertes cantidades de esfuerzo, dedicación y disciplina. Pero también se alimenta de impulsos que pueden estar generados por expectativas y motivaciones de la persona que desea aprender. Por ello, es necesario entender que el proceso de aprendizaje es complejo y requiere de una adecuada planeación y organización del tiempo. El mejorar el aprendizaje y el rendimiento académico de los estudiantes, especialmente en la educación superior, juega un papel esencial en el proceso de desarrollo de la sociedad. 

La motivación de los estudiantes es crucial por lo que hay que desarrollar un mejor entendimiento de los factores de la motivación académica; es posible que el contexto social diferente pueda ser uno de los elementos que influyan en la motivación y el auto-concepto académico. En este sentido, el estudio de la motivación hace distinción entre la intrínseca y extrínseca. Es intrínseca cuando la motivación es autorregulada, existe un grado de reflexión y de autodeterminación para las acciones que se realizan; en cambio cuando es extrínseca se basa en incentivos externos dados por las consecuencias, como las recompensas o los castigos. 

Un estudiante motivado intrínsecamente muestra más interés en lo que está aprendiendo, logra mayor satisfacción por lo que hace, tiene más empeño, es persistente, experimenta una sensación de control personal, eleva su autoestima y su creatividad.


LA MOTIVACIÓN EN EL AULA DE CLASES.

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La interacción entre los contenidos creados por los docentes y las características con las que estudiantes abordan el trabajo en el aula de clases no es estática sino dinámica. Un estudiante puede comenzar una actividad propuesta por el docente con mucho interés y, al poco rato, abandona la actividad y se pone a hablar con los compañeros. Se han preguntado ¿Qué ha producido este cambio? Se observa que, aunque los estudiantes estén trabajando individualmente, determinadas formas de contextualización de la actividad por parte de los docentes y en determinadas conveniencias de interacción en el aula contribuyen positivamente a que los estudiantes desarrollen formas de enfrentarse a las actividades escolares que les ayudan a mantener el interés por aprender y a evitar el abandono del esfuerzo preciso.

Por esta razón, es importante que los docentes reflexionen sobre las características motivacionales de los estudiantes desde una perspectiva dinámica. Es decir, han de considerar las implicaciones de la interacción entre las actuaciones del docente, la respuesta del estudiante, los efectos, paso a paso, de las formas en que éstos acometen sus actividades, los modos de apoyo e intervención del docente a lo largo y después de éstas, etc. Si no se toma la reflexión desde esta perspectiva, se puede llegar a conclusiones equivocadas sobre el valor de las distintas formas de encarar la enseñanza.

Al examinar la motivación de los estudiantes y su dependencia del contexto creado por el docente, es preciso considerar, además, que los estudiantes no trabajan aislados y que las actividades que han de realizar no constituyen eventos sin relación alguna entre ellos. Lo que se dice a un estudiante es observado por su compañero de al lado. Lo que se escucha en un momento dado es comparado mentalmente con lo que se ha dicho un rato antes. El resultado de todo ello es que, aunque transitoriamente cada una de las actividades del docente pueda tener un efecto independiente, cada nueva intervención cobra significado en el conjunto de sus acciones. 

Estas acciones definen lo que se ha denominado clima motivacional del aula. El clima motivacional que los docentes crean en el aula se traduce en la representación que los estudiantes se hacen respecto a qué es lo que cuenta en las clases, qué es lo que quiere de ellos el docente y qué consecuencias puede tener, en ese contexto, actuar de un modo u otro. Tal representación, modificable si cambian las pautas de actuación del docente, forma el marco desde el que los estudiantes le cargan significado a la actividad cotidiana, marco que contribuye a facilitar o dificultar la motivación por aprender.

Como resultado, aunque al iniciar la reflexión sobre las estrategias de actuación en clase sea preciso analizar por separado los efectos de cada una de ellas, es necesario que los docentes tomen conciencia del modo en que tienden a configurar el clima de sus aulas, ya que sin una modificación adecuada y coherente de éste es muy difícil que puedan cambiar la motivación de los estudiantes. De hecho, si se modifican las formas de actuación específicas, pero no cambia el clima motivacional de la clase de modo coherente, es posible llegar a la conclusión de que el cambio no sirve porque no se han visto efectos positivos, cuando en realidad lo que ocurre es que no sirve si se introduce aisladamente.

En conclusión, conviene recordar algo muy sencillo: el significado de las acciones de un estudiante en un momento dado y los resultados de éstas cobran sentido en el contexto de su historia personal. La forma en que han afrontado su trabajo escolar en el pasado, los resultados obtenidos y las consecuencias a que han dado lugar han ido configurando una percepción de las propias capacidades en relación con las actividades escolares, del valor de éstas y de las razones por las que han de realizarlas, que, en caso de que tal percepción sea inadecuada, piden a los docentes un esfuerzo continuado para poder modificarla. No es suficiente con que un docente diga en una ocasión a un estudiante que habitualmente fracasa y que tiene un autoconcepto muy pobre de sí misma: "¿Ves cómo eres capaz de hacerlo? En cuanto te has esforzado y has pensado un poco lo has conseguido", porque este estudiante, al tratarse de un éxito aislado, puede pensar que se debe a que la han ayudado, o que la actividad era fácil, o que este éxito es la excepción que confirma la regla. 

Es por ello, que al reflexionar sobre las pautas de actuación que, en interacción dinámica con los estudiantes, pueden ayudar a crear un clima de clase capaz de despertar en éstos el interés y la motivación por aprender, no se debe perder de vista que se requiere tiempo, a veces bastante tiempo, para que tales pautas tengan los efectos deseados. Sin tener esto en mente, es fácil que, al leer las páginas que siguen, alguien piense: "Esto ya lo he hecho y no me ha dado resultado." Es preciso, pues, analizar la adecuación de las propias formas de proceder sin olvidar que uno de los factores que las hacen adecuadas es su uso repetido.

ESTRATEGIAS DE MOTIVACIÓN EN EL AULA.

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En la educación es frecuente encontrar casos de estudiantes sin déficits atencionales ni problemas perceptivos, y es frecuente oír la queja de padres y de docentes sobre el escaso interés con que éstos se enfrentan a las actividades escolares plasmado en el famoso " no tiene interés", dando a entender que se trata de un problema motivacional.

Resultaría ingenuo pensar en un modelo así cuando lo más común es la polideterminación de las conductas. De acuerdo con Schiffman y Kanuk, quienes dejan claro que la diversidad de variables que están en la base de tal comportamiento como consumidores: variables de personalidad, sociales, culturales, motivacionales, etc. Las personas piensan que, la motivación sí es uno de los más importantes a la hora de explicar el consumo.

Estos autores, les proponen a los docentes:
  1. Conocer primeramente los antecedentes académicos y conductuales del grupo.
  2. Conocer el reglamento interno del plantel y el reglamento de evaluación.
  3. Demonstrar el programa de trabajo, cronograma de actividades de la asignatura, formas de evaluación.
  4. Dinámicas de presentación, permiten conocer breves antecedentes biográficos de los estudiantes.
  5. Establecer un ambiente de trabajo en el cual las reglas sean claras, la distribución de la tarea equitativa.
  6. Evadir los tratos preferenciales, privilegiando a los estudiantes sobresalientes.
  7. Fomentar las relaciones interpersonales a través de actividades grupales.
  8. Cumplir los compromisos acordados con los estudiantes, como la entrega de calificaciones, revisión de tareas.
  9. Producir un avance personal real que ellos puedan constatar. 
  10. Al estudiante le agrada ver que se tiene información de sus actividades.
  11. Estar alerta a los indicadores del grupo respecto al funcionamiento de la clase.
  12. Vigilar el respeto, la cortesía y evitar confrontaciones entre estudiantes y con el docente.
  13. Aprovechar la creatividad de los estudiantes hacia las actividades de la clase.
  14. Detectar los líderes del grupo para guiar sus habilidades a promover el crecimiento de grupo.
  15. Estimular la participación y tomar en consideración las características individuales de cada uno de los estudiantes.
  16. Mostrar interés real en las consultas personales o grupales acerca de sus inquietudes, propuestas.

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La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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