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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

MOTIVACIÓN ACADÉMICA | DOCENTES 2.0

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Para comenzar, podemos señalar que la motivación extrínseca es la que lleva a la realización de una labor como medio para conseguir un fin. Por tanto, depende de incentivos externos. Los incentivos extrínsecos proporcionan una satisfacción independiente de la actividad misma. La motivación intrínseca sería la que no depende de incentivos externos, ya que éstos son inherentes a la propia actividad.

Ahora bien, se entiende por motivación académica la motivación consciente para el aprendizaje o como aprendizaje motivado consciente. Si el docente desea conocer las características personales que hacen que los estudiantes afronten con mayor o menor interés o esfuerzo las actividades de aprendizaje, bien con el propósito de saber qué ayudas proporcionarle, bien con el propósito de pronosticar cuál será su rendimiento futuro, pero ¿qué información debería buscar el docente? ¿Desde qué hipótesis deberíamos trabajar? Cuando un individuo ha de esforzarse en la realización de una serie de actividades enfocadas a la consecución de unos objetivos de aprendizaje, su motivación y el esfuerzo.


Una de las teorías que ha recibido más aceptación a la hora de explicar las diferencias en la motivación de los estudiantes por aprender, es la teoría de la orientación a metas relacionadas con el logro. De acuerdo con esta teoría, los educandos se orientan en distinto grado a tres tipos de metas que definen otras tantas orientaciones motivacionales: 

a) Orientación al aprendizaje, que se manifiesta cuando la atención el estudiante se centra regularmente en la adquisición de nuevas o mejores competencias y de los conocimientos relevantes para sostenerlas.

b) Orientación al resultado, que se da cuando el alumno busca no tanto aprender cómo conseguir demostrar públicamente su valía y que los demás le evalúen positivamente.

c) Orientación a la evitación, que se manifiesta cuando se teme una valoración negativa de la propia valía. 

Las orientaciones motivacionales, no son excluyentes; es decir, aunque las personas deban actuar de modo preferente de acuerdo con las pautas de actuación que definen una determinada orientación, dependen de las condiciones en que deba trabajar podemos cambiar. Por otra parte, las tres orientaciones motivacionales referidas constituyen modos de agrupar y describir de forma parsimoniosa conjuntos de motivaciones o metas más específicas que es preciso tener en cuenta tanto en su singularidad como en su interacción porque son las que realmente mueven a los alumnos. 

En síntesis, el docente necesita instrumentos adecuadamente validados que le permitan evaluar tanto las orientaciones motivacionales como las metas específicas que persiguen los estudiantes y sus posibles interacciones.


INFOGRAFÍA: LA CLASE CON IMPACTO MOTIVACIONAL

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En términos generales, la motivación es el pedal que mueve toda conducta, lo que nos permite provocar cambios tanto a nivel escolar como de la vida en general. Pero, el marco teórico explicativo de cómo se produce la motivación, cuáles son las variables determinantes, cómo se puede mejorar desde la práctica docente, entre otros., dependerán del enfoque psicológico que se adopte.

Para ver la infografía puedes entrar a la sección a través de este Enlace.




LA AUSENCIA DE LA MOTIVACIÓN EN EL AULA

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La ausencia de la motivación en el aula, es señalada como una de las causas primeras del deterioro y uno de los problemas más graves del aprendizaje. Lo que es sustentado por varias investigaciones, que han mostrado la importancia de la motivación en el aprendizaje, sin motivación no hay aprendizaje.

La motivación en el aprendizaje, es el interés que tiene el estudiante por su propio aprendizaje o por las actividades que le conducen a él. El interés se puede adquirir, mantener o aumentar en función de aquellos elementos intrínsecos y extrínsecos anteriormente nombrados. Que deben ser distinguidos de lo que tradicionalmente se ha venido llamando en las aulas “motivación”, que no es más que lo que el docente hace para que los educandos se motiven.

Podemos clasificar la motivación en cuatro tipos: 
  1. Motivación relacionada con la tarea, o intrínseca.
  2. Motivación relacionada con el yo, con la autoestima.
  3. Motivación centrada en la valoración social.
  4. Motivación que apunta al logro de recompensas externas.

La motivación, no debe ser solo al principio de la actividad inicial, sino que debe mantenerse hasta el final, y ser el punto de partida, si el proceso de aprendizaje tiene éxito, de nuevas motivaciones para nuevos procesos. Cada estudiante se motiva por razones diferentes, esto nos lleva a una consecuencia: los incentivos tienen un valor motivacional limitado. 

La misma actividad incentivadora produce distintas respuestas en distintos individuos, o incluso en los mismos estudiantes en diversos momentos.

Por consiguiente, es más importante crear interés por la actividad que por el mensaje, para ello hay que apoyarse en los intereses de los estudiantes y conectarlos con los objetivos del aprendizaje o con la misma actividad. 

  1. Los educandos no se motivan por igual.
  2. Los educandos se motivan más y mejor, cuando existen mayores y mejores experiencias en el aula. 

La razón, es que los procesos permanecen siempre y sirven de refuerzo o motivación para posteriores aprendizajes. No se trata de motivar a los estudiantes, sino más bien, de crear un ambiente que les permita motivarse a sí mismos. Tiene mucho más sentido centrar nuestro interés en el entorno o en la situación de aprendizaje. 

¿Cómo se puede lograr? 

1. Seleccionando aquellas actividades o situaciones de aprendizaje que ofrezcan retos y desafíos razonables por su novedad, variedad o diversidad.

2. Ayudando a los estudiantes en la toma de decisiones.

3. Fomentando su responsabilidad e independencia.

4. Desarrollando habilidades de autocontrol.


INFOGRAFÍA: CARACTERÍSTICAS DE LAS PERSONAS CON MOTIVACIÓN ELEVADA

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De acuerdo con el autor Atkinson, la necesidad de rendimiento que tiene un estudiante depende de tres factores: la motivación para rendir (disposición a esforzarse, comprometerse para lograr una cierta satisfacción); la expectativa (anticipación cognoscitiva que permite al sujeto prever las consecuencias que seguirán a una serie de acciones) y el incentivo (el atractivo de una meta). Sin embargo, la verdadera disposición de un individuo es la resultante de dos tendencias opuestas, es decir, la de lograr el éxito y la de evitar el fracaso.
Para ver la infografía puedes entrar a la sección a través de este Enlace.




LA MOTIVACIÓN EN EL AULA DE CLASES.

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La interacción entre los contenidos creados por los docentes y las características con las que estudiantes abordan el trabajo en el aula de clases no es estática sino dinámica. Un estudiante puede comenzar una actividad propuesta por el docente con mucho interés y, al poco rato, abandona la actividad y se pone a hablar con los compañeros. Se han preguntado ¿Qué ha producido este cambio? Se observa que, aunque los estudiantes estén trabajando individualmente, determinadas formas de contextualización de la actividad por parte de los docentes y en determinadas conveniencias de interacción en el aula contribuyen positivamente a que los estudiantes desarrollen formas de enfrentarse a las actividades escolares que les ayudan a mantener el interés por aprender y a evitar el abandono del esfuerzo preciso.

Por esta razón, es importante que los docentes reflexionen sobre las características motivacionales de los estudiantes desde una perspectiva dinámica. Es decir, han de considerar las implicaciones de la interacción entre las actuaciones del docente, la respuesta del estudiante, los efectos, paso a paso, de las formas en que éstos acometen sus actividades, los modos de apoyo e intervención del docente a lo largo y después de éstas, etc. Si no se toma la reflexión desde esta perspectiva, se puede llegar a conclusiones equivocadas sobre el valor de las distintas formas de encarar la enseñanza.

Al examinar la motivación de los estudiantes y su dependencia del contexto creado por el docente, es preciso considerar, además, que los estudiantes no trabajan aislados y que las actividades que han de realizar no constituyen eventos sin relación alguna entre ellos. Lo que se dice a un estudiante es observado por su compañero de al lado. Lo que se escucha en un momento dado es comparado mentalmente con lo que se ha dicho un rato antes. El resultado de todo ello es que, aunque transitoriamente cada una de las actividades del docente pueda tener un efecto independiente, cada nueva intervención cobra significado en el conjunto de sus acciones. 

Estas acciones definen lo que se ha denominado clima motivacional del aula. El clima motivacional que los docentes crean en el aula se traduce en la representación que los estudiantes se hacen respecto a qué es lo que cuenta en las clases, qué es lo que quiere de ellos el docente y qué consecuencias puede tener, en ese contexto, actuar de un modo u otro. Tal representación, modificable si cambian las pautas de actuación del docente, forma el marco desde el que los estudiantes le cargan significado a la actividad cotidiana, marco que contribuye a facilitar o dificultar la motivación por aprender.

Como resultado, aunque al iniciar la reflexión sobre las estrategias de actuación en clase sea preciso analizar por separado los efectos de cada una de ellas, es necesario que los docentes tomen conciencia del modo en que tienden a configurar el clima de sus aulas, ya que sin una modificación adecuada y coherente de éste es muy difícil que puedan cambiar la motivación de los estudiantes. De hecho, si se modifican las formas de actuación específicas, pero no cambia el clima motivacional de la clase de modo coherente, es posible llegar a la conclusión de que el cambio no sirve porque no se han visto efectos positivos, cuando en realidad lo que ocurre es que no sirve si se introduce aisladamente.

En conclusión, conviene recordar algo muy sencillo: el significado de las acciones de un estudiante en un momento dado y los resultados de éstas cobran sentido en el contexto de su historia personal. La forma en que han afrontado su trabajo escolar en el pasado, los resultados obtenidos y las consecuencias a que han dado lugar han ido configurando una percepción de las propias capacidades en relación con las actividades escolares, del valor de éstas y de las razones por las que han de realizarlas, que, en caso de que tal percepción sea inadecuada, piden a los docentes un esfuerzo continuado para poder modificarla. No es suficiente con que un docente diga en una ocasión a un estudiante que habitualmente fracasa y que tiene un autoconcepto muy pobre de sí misma: "¿Ves cómo eres capaz de hacerlo? En cuanto te has esforzado y has pensado un poco lo has conseguido", porque este estudiante, al tratarse de un éxito aislado, puede pensar que se debe a que la han ayudado, o que la actividad era fácil, o que este éxito es la excepción que confirma la regla. 

Es por ello, que al reflexionar sobre las pautas de actuación que, en interacción dinámica con los estudiantes, pueden ayudar a crear un clima de clase capaz de despertar en éstos el interés y la motivación por aprender, no se debe perder de vista que se requiere tiempo, a veces bastante tiempo, para que tales pautas tengan los efectos deseados. Sin tener esto en mente, es fácil que, al leer las páginas que siguen, alguien piense: "Esto ya lo he hecho y no me ha dado resultado." Es preciso, pues, analizar la adecuación de las propias formas de proceder sin olvidar que uno de los factores que las hacen adecuadas es su uso repetido.

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La educación debe comenzar en la familia, continuar en la escuela y consolidarse a lo largo de la vida.

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